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Desafíos

El futuro de la educación ante las urgencias del presente

Garantizar los conocimientos básicos de Lengua y Matemática, asegurar que todos los estudiantes terminen la secundaria y reducir la brecha digital

Los desafíos son enormes y urgentes.
Los desafíos son enormes y urgentes. Archivo.
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Cuando pensamos en el futuro de la educación, lo primero que emerge es la incertidumbre: el mundo cambia cada vez más rápido, y la escuela trata de adaptarse, pero el proceso no es sencillo. Los debates acerca de la inteligencia artificial, el big data y la plataformización de educación sugieren que la tecnología llegó al sistema educativo para quedarse y, más aún, para transformarlo radicalmente.

Ante esas transformaciones, la escuela recibe nuevas demandas, que con frecuencia se traducen en nuevos contenidos o propuestas presentes en la currícula: las competencias digitales, el pensamiento computacional, la alfabetización informacional, el emprendedorismo, la conciencia ambiental, la ciudadanía global, entre otros. Aparecen también nuevas herramientas para diseñar políticas más eficaces y tomar mejores decisiones pedagógicas, como los sistemas nominales de información educativa, que permiten hacer un seguimiento personalizado de cada estudiante y, por medio de sistemas de alerta temprana, evitar por ejemplo que abandonen la escuela.

Estos nuevos desafíos y oportunidades vinculados con la irrupción de la tecnología están presentes en la agenda de varios países. Pero cuando observamos la realidad educativa de nuestro país, notamos que esos desafíos se nos presentan cuando aún no hemos podido resolver cuestiones mucho más fundamentales. 

La pandemia y la consecuente suspensión de clases presenciales golpearon con fuerza a un sistema educativo que ya desde antes estaba en deuda con la mayoría de los estudiantes. Los bajos niveles de aprendizaje, la reproducción de las desigualdades de origen de los alumnos, el desgranamiento de la matrícula y la brecha digital eran problemas importantes antes de 2020: el Covid-19 no hizo más que profundizarlos. Pensar el futuro de la educación requiere, en primer lugar, tener una conciencia clara de las urgencias del presente.

En Argentinos por la Educación solemos decir que lo que no se mide no se mejora (sabemos, también, que para mejorar no alcanza con medir). Periódicamente publicamos informes para relevar el estado de la educación argentina: varios datos trazan un panorama desafiante. A nivel nacional, solo 16 de cada 100 estudiantes que comienzan primer grado llegan al final del secundario en el tiempo teórico esperado y con conocimientos satisfactorios de Lengua y Matemática. Para el 84% de los estudiantes, el sistema educativo no cumple con su obligación de garantizar inclusión, equidad y calidad educativa -es decir, aprendizajes para todos-.

Los datos nacionales de las últimas pruebas Aprender, difundidos en junio, mostraron un importante retroceso de los alumnos de primaria en Lengua, un estancamiento en Matemática y una profundización de las brechas entre los estudiantes de distintos niveles socioeconómicos. Más allá de las observaciones que puedan hacerse sobre las evaluaciones, lo cierto es que nos ofrecen una radiografía inquietante. 

¿Cómo hacemos para enseñar pensamiento computacional si, según Aprender 2021, apenas el 54,8% de los estudiantes alcanzan conocimientos satisfactorios en Matemática? ¿Cómo trabajar la alfabetización digital si solo el 56% de los alumnos logran conocimientos satisfactorios en Lengua?

Los relevamientos realizados durante 2020 y 2021 para conocer cómo funcionó la educación durante la suspensión de clases presenciales mostraron que la brecha digital -es decir, la disparidad en el acceso a internet y a dispositivos tecnológicos- es otra deuda pendiente. Datos oficiales de la Evaluación Nacional del Proceso de Continuidad Pedagógica indican que menos de la mitad de los hogares tiene acceso fijo a internet de buena calidad, mientras que 3 de cada 10 de hogares no tienen acceso fijo a Internet y el 27% accede solo por celular. En hogares con internet fija, un tercio tiene problemas con la señal.

Garantizar los conocimientos básicos de Lengua y Matemática, asegurar que todos los estudiantes terminen la secundaria -sin descuidar los aprendizajes-, reducir la brecha digital para que todos accedan a dispositivos tecnológicos y a Internet son tres pilares básicos para pensar el futuro de la educación en Argentina. Los desafíos son enormes y urgentes. Una buena noticia es que en todo el país encontramos cada vez más familias y organizaciones de la sociedad civil dispuestas a hacer oír sus voces para que la educación sea la prioridad de nuestra dirigencia. 

El futuro de la educación se está gestando ahí: en la capacidad de los diversos líderes -políticos, sociales, sindicales, empresariales- de construir acuerdos, en la participación de cada madre y padre comprometido, y en el esfuerzo cotidiano que realizan docentes, directivos y estudiantes en las escuelas de nuestro país.

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