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Nuevo enemigo

¿La OTAN se creó su segunda oportunidad?

Tras varios años estancada, la actual guerra en Ucrania ha revitalizado a la alianza transatlántica. Teniendo en cuenta las advertencias de Rusia, la visión de los expertos y las supuestas promesas de EE.UU., todo esto podría ser más que una simple casualidad geopolítica.

La OTAN se enfrenta nuevamente con una vieja conocida y la heredera directa de la URSS: la Rusia de Vladimir Putin.
La OTAN se enfrenta nuevamente con una vieja conocida y la heredera directa de la URSS: la Rusia de Vladimir Putin. Archivo.
Damián Cichero Damián Cichero 04-07-2022
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La semana pasada, y por primera vez en mucho tiempo, los líderes de la OTAN se mostraron más unidos que nunca gracias a que tienen en claro quién es su principal enemigo.

Creada con el objetivo de contener el avance soviético en Europa occidental, la OTAN, debido a la actual guerra en Ucrania, se enfrenta nuevamente con una vieja conocida y la heredera directa de la URSS: la Rusia de Vladimir Putin.

Ahora, muchos confirman que no haberla disuelto, tras la caída de la URSS, fue una excelente decisión. Sin embargo, no podemos dejar de preguntarnos si, en realidad, la OTAN se creó su propia segunda oportunidad.

Un origen indiscutible

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, EE.UU. asomó como la potencia dominante gracias a poseer el monopolio de las armas nucleares. Sin embargo, dicha hegemonía fue efímera, ya que, en pocos años, la URSS no solo niveló el tablero en ese rubro, sino que presentó desafíos económicos e ideológicos. 

Así, ante el temor de que el comunismo avanzara por el resto de Europa, el presidente Harry Truman difundió la famosa doctrina que lleva su nombre y que implica dar apoyo a "pueblos libres que están resistiendo los intentos de subyugación por presiones exteriores".

En base a esta idea, Washington implementó una serie de medidas para contener a la URSS, entre las que se destacan el Plan Marshall y la creación de la OTAN.

La alianza era un sistema de seguridad colectiva que contemplaba, en su artículo N° 5, que, si cualquiera de sus miembros era atacado, el resto saldría en su defensa, aunque este nunca se implementó durante la Guerra Fría.

¿El comienzo del fin?

La OTAN logró cumplir con su cometido sin implementar la fuerza. Sin embargo, tras la caída de la Unión Soviética y la disolución del Pacto de Varsovia (la contracara comunista de la alianza transatlántica), muchos en Occidente comenzaron a poner en duda si debía seguir existiendo. 

De todas formas, por diversas razones, entre las que se destacan el temor a una posible “venganza rusa”, su importancia histórica o las posibilidades que brindaba para alcanzar otros fines, se decidió que la alianza se mantuviera intacta.

Pero esta decisión nunca dejó de ser controvertida e incluso el famoso diplomático George Kennan, férreo defensor de la política de contención, argumentó que la OTAN había dejado de ser útil tras la caída del Muro de Berlín. 

La gestación de una segunda oportunidad

Con la desaparición de su histórico enemigo, la OTAN buscó nuevos objetivos, como combatir el terrorismo. Sin embargo, a partir de los 90, su principal finalidad fue la de expandir la democracia. 

Esto se debe a que, para ingresar a la alianza, se debe cumplir con una serie de requisitos mínimos democráticos. Así, comenzó un proceso de ampliación por el cual el total de miembros, que eran 16 en 1982, aumentó hasta los actuales 30.

Nadie podría discutir los nobles fines de esta política, pero la teoría realista nos permitirá observar que no todo es lo que parece.

En primer lugar, debe quedar en claro que los Estados son los actores más importantes del sistema internacional, por lo que las instituciones, a diferencia de las creencias liberales, no poseen vida propia y responden a los intereses de los países más poderosos.

En este caso, siendo EE.UU. responsable de casi el 70% del presupuesto militar de la OTAN, no quedan dudas de quién es el que manda. 

Tras su triunfo en la Guerra Fría, EE.UU. ascendió como la potencia vencedora y se convirtió en la única hegemonía, generándose, por primera vez en la historia, una unipolaridad de escala global.

Desde la retórica norteamericana, su principal misión, al igual que la de la OTAN, era expandir los principios liberales para hacer del mundo un lugar mejor. 

Sin embargo, tal como lo explicó Hans Morgenthau, padre del realismo clásico, las aspiraciones morales de un país no pueden identificarse con las leyes que gobiernan el universo. En otras palabras, no todos los países comparten los mismos intereses. 

En realidad, según Kenneth Waltz, padre del neorrealismo, los Estados, en un mundo anárquico, tienen como objetivo sobrevivir y dependen exclusivamente de ellos mismos para lograrlo.

Por lo tanto, lo que en realidad buscan las potencias es inclinar la balanza de poder en su favor para consolidar su posición. 

Ignorando estos principios, quizás por desconocimiento o quizás intencionalmente, a lo largo de estas décadas, los decisores estadounidenses promovieron la expansión de la OTAN hacia el Este, permitiendo que ex países que estuvieron bajo la órbita soviética, como Polonia, Hungría y República Checa, o que incluso formaron parte de la misma, como Lituania, Letonia y Estonia, se les unieran.

Volviendo al realismo, es lógico que, en un mundo anárquico, un país se sienta inseguro a medida que otro se acerca a sus fronteras. Por ello, durante décadas, los líderes rusos o el propio Waltz alertaron acerca de que la expansión de la OTAN podría preocupar al Kremlin. Incluso, desde Moscú aseguran que EE.UU. se había comprometido a no expandirse más allá de Alemania oriental. 

Aunque muchas variables explican la actual guerra, en más de una ocasión Putin exigió que EE.UU. abandonara su mentalidad de “Guerra Fría” y destacó que el posible ingreso de Ucrania a la OTAN era algo que no podía tolerar. 

Sin embargo, desde Washington hicieron oídos sordos a tales advertencias y, lejos de dar marchas atrás, nunca dejaron de darle falsas ilusiones a Ucrania. 

Es difícil sacar una conclusión. De todas formas, teniendo en cuenta que en algún momento Rusia quiso “occidentalizarse” y hasta se llegó a sugerir que quizás se unía a la OTAN, no es descabellado creer que la alianza (o EE.UU.) se creó su segunda oportunidad, aunque esto no haya sido intencionalmente. 

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