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Fin del mundo unipolar

Un mundo menos feliz

El mundo del mañana requiere visión estratégica, pragmatismo y flexibilidad

La OTAN se apresta a contener a Moscú, mientras debate como abordar su rol frente a Beijing,
La OTAN se apresta a contener a Moscú, mientras debate como abordar su rol frente a Beijing, Archivo.
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El escenario internacional de los próximos años va a distar de la relativa estabilidad global que tuvo el mundo en las últimas tres décadas. El mundo unipolar se acabó y la globalización enfrenta desafíos con fuertes condimentos de tipo geopolítico y geoeconómico.

¿Está cambiando el mundo? ¿Qué tipo de cambios atraviesa el orden internacional? La respuesta a la primera pregunta parece obvia luego de los dos macro-eventos que han impactado a nivel global: pandemia del Covid-19 y las operaciones militares de la Federación Rusa en Ucrania.

Sin embargo, el alcance, el modo y la profundidad de esos cambios son materia de discusión entre expertos. Dos dimensiones son claves como guía analítica para entender las transformaciones globales: el tipo de vínculo entre grandes potencias y la trayectoria de la globalización. Mientras en 2010, el entonces presidente ruso Dmitry Medvedev era invitado a la Cumbre de la OTAN en Lisboa, el nuevo “Concepto Estratégico” de la Organización del Tratado del Atlántico Norte aprobada en la reciente Cumbre de Madrid presenta a Rusia como la principal amenaza en su entorno estratégico.

Además, el documento incluye la posibilidad de un ataque contra alguno de los miembros, mientras identifica las ambiciones y políticas coercitivas de China como un desafío a la OTAN.

Como hace más de setenta años, la alianza occidental se apresta a contener a Moscú, mientras debate como abordar su rol frente a Beijing. En el espacio euroasiático comparten este giro desde una cooperación pragmática hacia una mayor competencia estratégica entre grandes potencias. Los vínculos entre Rusia y China son de una complejidad creciente, pero en los últimos años el acercamiento en diversas dimensiones de su relación ha mostrado avances, especialmente en su posición frente a la transformación del orden internacional en un formato multipolar.

Al mismo tiempo una serie de actores emergentes como Turquía, Sudáfrica, India e Indonesia mantienen una agenda diferenciada de las prioridades del G7 pero sin optar por el desarrollo de un bloque anti-occidental. De todos modos, la competencia no es una buena noticia para el multilateralismo. Los organismos internacionales se ven sujetos a mayores restricciones y normas universalmente aceptadas como la integridad territorial se ven afectadas por conductas totalmente revisionistas como el caso de las acciones de Moscú en Ucrania.

La fragmentación geopolítica en Europa Oriental con el regreso de Rusia y en el Indo-Pacífico con el ascenso de Beijing se suma a la desaceleración del proceso global de crecimiento del intercambio de flujos internacionales de bienes y servicios. 

Lo que algunos analistas llaman desglobalización no necesariamente implica la desaparición de un mercado global, sino que señala un proceso de complicaciones crecientes -geopolíticas, logísticas y geoeconómicas- que se expresa en las tensiones y reformulaciones de las cadenas globales de suministro. El aumento de precios de las commodities energéticos y alimenticios en los últimos meses tienen un importante componente de este tipo.

Si durante las últimas décadas el mercado y las oportunidades de generar renta eran las guías para la inversión en los mercados emergentes, hoy en día las prioridades geopolíticas y geoeconómicas colocan una prima de riesgo adicional para aquellos mercados no considerados como 'amigables', especialmente para Occidente.

Desde las usinas de pensamiento de Washington se están promoviendo los conceptos de nearshoring - la relocalización de la producción cerca del propio país - o el friendshoring - la reubicación en países socios o aliados - donde la selección de las carteras de inversión contiene fuertes condimentos estratégicos.

El mundo del mañana requiere visión estratégica, pragmatismo y flexibilidad para hacer frente a un escenario marcado por una creciente competencia estratégica y un reacomodamiento de los circuitos comerciales, productivos y de inversión global. 

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