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Claves para entender por qué el cine de terror es un fenómeno mundial

Películas como Five Nights At Freddy's y El Exorcista: Creyente continúan la exitosa tendencia del cine de terror en los últimos años, pero también exponen un problema: el éxito comercial no está acompañado por buenas críticas o recepción positiva del público.

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Pablo Planovsky 05 noviembre de 2023

"Lo que importa en una película de terror es una gran historia. No me interesan las final girls o los jump scares, todo eso es irrelevante, no tiene importancia. El terror se trata de una buena historia. Es un género que acompañó al cine desde sus orígenes, porque el terror es muy cinematográfico". 

Las palabras son de John Carpenter, apodado el "maestro del terror", título que el director de Noche de Brujas y La Cosa, con mucha modestia, siempre rechazó. Su reflexión puede ayudar a comprender por qué es uno de los géneros más rentables en estos últimos años y, al mismo tiempo, entender por qué muchas películas desaprovechan el interés del público que puede salir decepcionado.

No hay nada inherentemente malo con los jumps scares: los sobresaltos que utilizan algunas películas de terror para asustar a los espectadores. Después de todo, es una técnica más, que utilizada de manera inteligente y medida puede robustecer la experiencia aterradora. La primera aparición del extraterrestre en Señales o del diablo en La Noche del Demonio son ejemplos clásicos de jump scares. El problema que denuncia Carpenter es cuando el cine de terror olvida que el atractivo principal es bastante más difícil de lograr que un sobresalto efectivo: tener un guion que desarrolle una historia capaz de atrapar la atención de los espectadores.

Un error muy común en el que caen la mayoría de las remakes, secuelas o incluso recientes títulos originales del cine de terror es olvidar que las bases del género no se sustentan en golpes de efectos. 

El Juego del Miedo fue un éxito inesperado en 2004. Se puede argumentar que ninguna de sus 9 secuelas, aunque algunas fueron más taquilleras, consiguieron el mismo nivel de reconocimiento por parte del público y la crítica porque malentendieron el atractivo original. 

La primera película se distinguió porque consiguió armar una historia en la que el giro final asombró a quienes la vieron. Además, planteaba un dilema moral fascinante, donde un psicópata se atribuía el rol de juez sobre los demás. Las secuelas, en mayor o menor medida, se volcaron por el gore: el festival de excesos, torturas y desmembraciones. 

En comparación con las que la siguieron, la primera película parece "liviana" en ese aspecto. Ni siquiera fue la película más cara de todas, al contrario: la escasez de recursos o la falta de virtuosismo cinematográfico de los cineastas no importaron, porque la historia suplió cualquier posible carencia. Incluso cuando las críticas profesionales de la película original no fueron muy positivas, el público celebró la idea.

Que una película de terror tenga una historia en apariencia sencilla no la hace menos interesante. El Exorcista o El Silencio de los Inocentes pueden resumirse en unas pocas líneas. Pero tienen personajes memorables, situaciones que quedaron grabadas en la retina de cualquiera que las haya visto, diálogos que hasta el día de hoy son referenciados o citados en otras películas. 

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Hay talento delante y detrás de cámara. Se nota que esas historias fueron pensadas para ser contadas de la mejor manera posible, sin caer en el golpe de efecto solo por el golpe de efecto. Películas sobre exorcismos hay miles, pero al mismo tiempo hay una sola. Estudiar cuáles fueron las razones que hicieron que El Exorcista y El Silencio de los Inocentes se convirtieran en mucho más que éxitos de ventas de entradas supone entender la maestría para relatar el terror.

Adolescentes fuera y dentro de la pantalla

Hay algo emparentado con el juego de la seducción. La imagen la vimos mil veces, como si fuera una puesta en abismo, en cine y televisión: la chica aterrada que se refugia en el brazo del chico, que a su vez intenta disimular el miedo frente a lo que ve en pantalla. En la oscuridad cómplice de la sala de cine o en la intimidad del hogar, las películas de terror permiten el acercamiento físico de algunos jóvenes que buscan algo más que protegerse en sus primeras citas al cine. 

El mercado entendió a su público: en los '70 y '80 los adolescentes dominaron la taquilla de terror. La pobre Carrie descubre que el mundo no es un lugar piadoso cuando se hace mujer. Laurie es acechada por un ser imparable en los suburbios estadounidenses en Halloween. Suburbios que también son pesadillas antes que sueños americanos en otra película, esa donde Freddy Krueger con el rostro desfigurado busca venganza. Los adolescentes empezaron a protagonizar las tétricas historias en la pantalla grande.

Tomando la herencia que dejó Psicosis en 1960, los slashers de las décadas siguientes explotaron la ansiedad juvenil que descubría que el mundo era un lugar mucho menos inocente del que imaginaban generaciones anteriores. La crítica de cine no tardó en trazar un puente simbólico con la cuestión del sexo: las laceraciones de los monstruos, sea Michael Myeres, Leatherface, Jason o Freddy, representaban algo más cuando penetraban a sus víctimas. En ese contexto, las heroínas fueron las chicas. Las final girls: aquellas muchachas que, por suerte, astucia, inteligencia o valentía, lograban sobrevivir al mal.

Alien no fue la excepción: esa película donde todo el diseño de producción remite a los órganos sexuales. H.R. Giger fue el diseñador que le dio vida al monstruo y a la nave. Hasta la versión subdesarrollada de la criatura, el facehugger, parece ilustrar aquel temor psicoanalítico mal atribuido a Freud, el de la vagina dentata. Ni hablar de la criatura con forma fálica que acecha a Sigourney Weaver en corredores sombríos. Las lecturas que van más allá de la aparente superficie son posibles por algo más que la capacidad perturbadora del relato. 

Alien se convirtió en un clásico por la maestría técnica y narrativa del equipo detrás de cámara. Lo mismo se puede decir de Carrie, La Masacre de Texas, Noche de Brujas, Suspiria o tantas otras películas que, con diferentes presupuestos y objetivos, varias décadas más tarde todavía son referentes del género. Cuando las historias de slashers parecían agotadas en los 90, Scream renovó con gracia e ingenio los tropos del terror.

El terror, espejo del mundo

Como decía el coronel Kurtz en la película bélica Apocalipsis Now: "El horror, el horror" puede llegar de distintas formas. Imágenes de guerra de la vida real pueden resultar más terribles que cualquier monstruo o muerte sádica llena de sangre imaginada por las mentes más retorcidas para la ficción. Un caso digno de estudio sobre el poder que tienen las imágenes para desensibilizar a los espectadores: si el relato abunda en imágenes grotescas es posible que termine agotando a quienes están presenciando ese festival de gore.

No hace falta poner imágenes violentas para asustar. El Bebé de Rosemary, El Inquilino o incluso Barrio Chino, que no es una película de terror (pero resulta más aterradora que muchas que sí lo son en la idea que sugiere sobre el mundo y las cosas), prueban que a veces menos es más. Sugerir antes que mostrar. Polanski comprendió que hay suficientes razones para mostrar, desde la ficción, lo más terrible y oscuro del mundo real. Sus relatos fueron otros corazones de las tinieblas. 

Parece un contrasentido que muchos espectadores compren entradas para ir a experimentar sensaciones que tienen que ver con el miedo. O acepten el desafío de propuestas que los animan a seguir mirando o desviar los ojos de lo que ocurre en pantalla. El cine de terror siempre fue rentable por muchísimas razones. 

"El teléfono negro", es un thriller claustrofóbico y sobrenatural
"El teléfono negro", es un thriller claustrofóbico y sobrenatural

En los últimos años, películas como El Legado del Diablo, Pearl, Háblame, ¡Huye!, Bárbaro, El Teléfono Negro, En Presencia del Diablo, y muchas otras más, fueron éxitos de taquilla. Se hicieron con presupuestos mínimos en comparación con películas de mediano o alto presupuesto en Hollywood. Muchas no tienen estrellas ni directores reconocidos para vender en los posters. En los mejores casos, no desaprovecharon la buena voluntad de los espectadores.

Películas como El Exorcista: Creyente o Five Nights At Freddy's explotan licencias que, sin dudas, son rentables en salas. ¿Pero alguien puede argumentar que están hechas con la misma vocación de otros clásicos del género? Tiburón llenó salas y perdura hasta nuestros días porque la historia todavía es relevante. También estaba la destreza de Spielberg al mando de ese equipo, claro. 

El cine de terror, un género a menudo vilipendiado por la crítica y casi nunca reconocido por la industria (tal vez porque una parte considerable de los títulos no tienen aspiraciones artísticas), no debería dejar pasar esta oportunidad histórica donde el público, tal vez espantado por los horrores que muestran las noticias diarias de todo el mundo, decide refugiarse en la ficción terrorífica.

Películas para (re)descubrir el terror:

  • El Legado del Diablo (Netflix, HBO Max)
  • Háblame (Apple TV, para alquilar)
  • [REC] (Prime Video, Paramount+, Pluto TV, Movistar Play)
  • ¡Huye! (Netflix, Star+, Prime Video, Paramount+)
  • En Presencia del Diablo (Google Play, para alquilar)
  • Suspiria (2018) (Prime Video, Movistar Play)

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