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El escándalo que revela cómo se invierten millones de dólares para conseguir nominaciones al Oscar

La Academia de Cine de Hollywood decidió no retirar la nominación de Andrea Riseborough en el drama independiente To Leslie, pero el trasfondo revela el juego de influencias que ejercen los más poderosos de Hollywood para ganar el Oscar.

Dentro de la industria de Hollywood el Oscar es una competencia que ejerce un juego de egos e influencias notables.
Dentro de la industria de Hollywood el Oscar es una competencia que ejerce un juego de egos e influencias notables.
Pablo Planovsky 03 febrero de 2023

Un nuevo drama se destapó para la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Hollywood (también conocida como "los Oscar") cuando Andrea Riseborough quedó entre las cinco actrices nominadas al premio mayor de la industria del cine. To Leslie, la película independiente que protagoniza Riseborough, voló fuera del radar de casi todos los top ten de fin de año de los críticos y casi no tuvo ninguna nominación en los premios precursores del Oscar, como los Golden Globes, los Critics Choice o los BAFTA. 

En su paso por cines de Estados Unidos, la película recaudó US$ 27.000 y se ubica entre las menos taquilleras en la historia del Oscar. En IMDb apenas 3.000 usuarios puntuaron la película (una cifra bastante baja, para lo que es el promedio de las películas nominadas) y además del Oscar, la película acumula solo seis nominaciones más. Otra cifra bajísima, si se la compara con la cantidad de premios y nominaciones que suelen acumular otras.

No se sabe el número exacto de votantes del Oscar, aunque por la cantidad de miembros invitados a participar (cerca de 7.000, desparramados por todo el mundo) se supone que es uno de los premios más democráticos que existen, sean o no de cine. Entre los votantes hay actores, directores, productores, editores, etcétera: todos los rubros que hacen una película están representados. No están obligados a votar en ningún momento, ni tampoco están obligados a ver cierta cantidad de películas antes de votar. 

En Argentina, por ejemplo, son votantes del Oscar Lucía Puenzo (directora), Félix Monti (director de fotografía) y Juan José Campanella (director). Para la tanda de nominaciones, solo se puede votar al rubro al que cada uno pertenece y a mejor película: actores pueden nominar actores, directores pueden nominar directores. Luego, todos pueden votar en todas las categorías. Campanella, en 2019, votó a Green Book como mejor película, premio que finalmente ganó.

Los estudios invierten millones en campañas publicitarias para destacar a sus películas y conseguir más nominaciones. Aunque la ceremonia del Oscar (como cualquier otro evento de TV) esté en caída libre de rating hace varios años, el "efecto Oscar" todavía beneficia a la taquilla de algunas películas. En el mejor de los casos, una nominación (o premio) puede ayudar a levantar la venta de entradas en 15% o 25% para un título que esté en salas. Una película como Avatar: El Camino del Agua puede no necesitar estar nominada al Oscar, pero recientes fracasos de taquilla como Los Fabelman o Babylon, sí.

Los millones invertidos en publicidad, como pudo haber sido el caso de Netflix con Roma (cuya inversión publicitaria fue más grande que el presupuesto destinado a la película en sí) o Disney con Black Panther no apuntan solo a "levantar la taquilla". Dentro de la industria de Hollywood el Oscar es una competencia que ejerce un juego de egos e influencias notables. Harvey Weinstein, el productor acosador de mujeres, era uno de los mayores jugadores. Él mismo se jactaba de hacer ganar a cualquiera que aceptara su padrinazgo. Incluso se ufanaba de hacer ganar ciertas películas que eran más que cuestionables para ostentar el título de "mejor película".

Antecedentes penalizados

En el caso de Andrea Riseborough lo que disparó la polémica es que la actriz logró instalarse entre las cinco nominadas a partir de una "campaña" en redes sociales, principalmente Twitter y Facebook, que promovieron su trabajo. La génesis de la campaña fue el propio director de la película, Michael Morris, que se encargó de hacerles llegar las copias digitales a varios actores votantes del Oscar, como Kate Winslet, Edward Norton, Charlize Theron, Gwyneth Paltrow, Laura Dern, Demi Moore y Jane Fonda. El resultado fue un éxito, porque además de la nominación algunos de esos actores usaron sus redes para elogiar el trabajo de Riseborough.

Ciertas reglas de la Academia, por ejemplo, prohíben ejercer una influencia directa sobre los votantes o hacer campaña en contra de otros nominados. Hecha la ley, hecha la trampa: los estudios saben cómo hacer lobby para evitar que se noten los hilos que manipulan los medios para hacer ambas cosas.

El problema que enfrenta la Academia con este caso es que la ley que rige el proceso de votación no contempla el código de conducta en redes sociales. La cuenta oficial de Instagram de la película To Leslie hizo un posteo donde una crítica comparaba el trabajo de la actriz con el de Cate Blanchett en Tár, alegando que la labor de Riseborough era mejor. ¿Es una violación a las normas cuando ese tipo de contenido nunca estuvo previsto?

En 2010, Vivir al Límite (la película de los soldados que desactivan bombas en Iraq) competía por el premio mayor contra Avatar. Uno de los productores de Vivir al límite mandó un email para varios votantes del Oscar alentándolos a votar por "una película bélica independiente, en lugar de una producción multimillonaria. Necesitamos que gane el cine independiente". En su correo, el productor nunca hizo referencia explícita a Avatar, pero la Academia lo penalizó revocándole la entrada a la ceremonia.

El caso de Argentina

En 1993 una película argentina quedó nominada entre las cinco que competían por el Oscar a Mejor Película Extranjera. Un Lugar en el Mundo, con Héctor Alterio, quedó nominada representando a Uruguay, país coproductor de la película. Argentina había seleccionado para competir a El Lado Oscuro del Corazón, que no quedó entre las cinco nominadas. El problema fue que después de anunciar las nominaciones, la Academia de Hollywood descubrió que Un Lugar en el Mundo era una producción en mayor parte argentina, y hasta semanas antes había estado nominada al Globo de Oro representando a Argentina. 

En una decisión inusual, retiraron la nominación y el director de la película, Adolfo Aristarain, apeló esa decisión y llevó el caso a la Corte de Estados Unidos, argumentando que la película era tan uruguaya como argentina. El falló no jugó a su favor y la película quedó sin nominación.

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