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Cine

El Método Tangalanga: la historia del héroe

La película de Mateo Bendesky relata la historia de un hombre gris que se libera al alzar el teléfono. Con una reconstrucción magnífica, apela a la leyenda del humorista.

Lo que significó el Doctor Tangalanga en la cultura de los '80 y la obra documental que rescata su arte.
Lo que significó el Doctor Tangalanga en la cultura de los '80 y la obra documental que rescata su arte.
Pablo Manzotti Pablo Manzotti 25-01-2023
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Sobre el final de esa obra maestra de John Ford que es Un Tiro En La Noche (The Man Who Shot Liberty Valance, 1962), Scott, un personaje menor, editor de un periódico local, mira al futuro vicepresidente de los Estados Unidos que interpreta James Stewart y le dice: "This is the West. When the legend becomes fact, print the legend". Una traducción exacta es "Esto es el Oeste. Cuando la leyenda se convierte en realidad, imprime la leyenda". La frase, de alguna manera, define todo el cine de Ford y es usada a rajatabla desde entonces, para entender la fuerza del relato de ficción entre otras cosas.  

Si alguien se acerca a mirar El Método Tangalanga y espera ver una película con rigor histórico, una biografía detallada acerca de aquel hombre que nutrió esos cassettes en la década del '80 con sus tretas telefónicas, va a salir defraudado. La producción que dirige con notable acierto Mateo Bendesky no tiene que ver con eso, no juega a la reconstrucción de la vida de ese ser enigmático y admirable. Y, quizá, por eso mismo, sea un relato tan logrado. Ahí está su mayor virtud: la película cuenta la leyenda. Podríamos decir, tomando a Ford: "Esto es Argentina. Argentina, ¿entendés? Nos interesa la leyenda porque somos leyenda".

El método Tangalanga es la historia del héroe. Podríamos decir que es un relato onírico, ambientado en los sesenta en Buenos Aires, acerca de Jorge Rizzi, un empleado de oficina que rompe su timidez cuando escucha el tono del teléfono y se convierte en el Doctor Tangalanga. Y sus bromas, sus venganzas telefónicas, se vuelven populares y una parada obligada para el entretenimiento asegurado. Obviamente hay referencias a la vida del verdadero humorista: su amigo de toda la vida al que alegró durante su enfermedad, su tipo de trabajo, su oficina.

Pero Mateo Bendesky cuenta el mito, eleva el relato al origen del superhéroe. Porque Dr. Tangalanga, en definitiva, fue eso: una persona común de día que se enfundaba en gafas, una nariz falsa y un bigote y barba para salir a ajusticiar a los soberbios, a aquel comerciante que cobra de más o a aquel empleador que maltrata a sus empleados. Y la balanza de la justicia heroica llega en forma de llamado telefónico.

Otro acierto de la película es el casting. Martín Piroyansky maneja un muy buen tono para combinar esa dualidad entre Rizzi/Tangalanga. Una tarea difícil. Y todos los que lo rodean están perfectos. Alan Sabbagh, el amigo incondicional; Julieta Zylberberg, el amor a conquistar y una galería de personajes que potencian muy bien el mito Tangalanga interpretados por Luis Machín, Luis Rubio, el "villano" Rafa Ferro y una muy interesante participación de Silvio Soldán.

Hay un recurso a destacar que está muy bien llevado en la película. A medida que el personaje de Piroyansky crece en su veta bromista y los llamados aumentan, con buen pulso narrativo, el director apela a las grabaciones originales de Tangalanga, que se funden en armonía con la imagen del público riendo. El mito avanza para deleite de sus fans históricos.

Las víctimas de Tangalanga

¿Escuchaste el cassette nuevo de Tangalanga? Era una pregunta recurrente entre quienes fuimos adolescentes en los ochentas. Ese viejo bromista (lo imaginábamos viejo por el tono de su voz aunque todo el mundo parece mayor cuando uno es adolescente) lograba reunir por horas a grupos de amigos alrededor de un estéreo, como en la vieja época de los radioteatros con la familia al lado del receptor, para reír en conjunto. Porque, qué mejor programa hay que reírse con amigos?  

"Me encontré con una película cariñosa. Para con el personaje y para con el mito", comenta acerca de la película Augusto Costhanzo, artista, ilustrador y fan histórico del Doctor Tangalanga, al punto de ser una de sus "víctimas" y quedar inmortalizado en una de sus grabaciones geniales. Y suma a su mirada: "Me impresionó mucho de la película, el detalle que la oficina de él (Tangalanga) está reproducida con bastante exactitud. Yo conocía la verdadera oficina a fines de 1989 y vi, ahora, la misma estética, el mismo espacio climático"

¿Es posible entender a Tangalanga sin ser argentino? Posiblemente, no. Y Costhanzo suma una opinión categórica: "Para mí lo que significa Tangalanga es un punto más en la trama que puede llegar a describir la argentinidad porque lo que hacía él va más allá de la anécdota de la puteada y tiene más un carácter de Robin Hood. La mayoría de las llamadas tienen que ver con una venganza hacia alguien que le hizo daño a otro y eso generó mucha empatía, especialmente para mi generación"

Diego Recalde, periodista, actor, humorista, director de cine, es el realizador de una obra monumental: Víctimas de Tangalanga, un documental en cinco partes. Y así define al mito: "Tangalanga no es un humorista. Es un fenómeno social. Un tipo que inventó un formato único. Está al nivel de Borges y Piazzola en el sentido de que creó un lenguaje absolutamente personal. Una forma de expresión donde la mala palabra dejó de ser mala para volverse una palabra más. La despojó del prejuicio que la condena al conjunto de las malas palabras. La rescató, la elevó y le dio una legitimidad que no tenía. Y esto lo hermana con Borges y Piazzola. Borges mezcló el español y el inglés e inventó el lenguaje borgiano. Piazzola mezcló el jazz y el tango e inventó el género musical Piazzola. Tangalanga mezcló el lenguaje elegante con la grosería y creó un idioma único que solamente él pudo hablarlo"

Recalde explica la complejidad de esa producción: "No fue nada fácil dar con las víctimas de sus llamadas. Yo tengo la suerte de contar con los cassettes más viejos, los primeros que circularon sin ningún tipo de edición, donde estaba el nombre o apellido de la víctima, la calle en la que vivían, pero no más que eso. Con esas pocas pistas que disponía, me convertí en detective y salí a la calle a buscarlos. Por eso tardé diez años en hacer estas cinco partes. Lo bueno es que en ese lapso logré encontrar a casi todas las víctimas que me propuse encontrar"

Discursivamente, el arte de Tangalanga resignifica el lugar de la comunicación en la cultura pop. Y hasta se puede pensar, en su forma de difusión, como un adelantado a conceptos que hoy son moneda corriente como las redes sociales o los podcasts. Es que esa difusión, y ahí radica lo interesante del mito, se forjó de manera colectiva.

Como señala Diego Recalde mientras comenta, como primicia, que está en producción de un sexto volumen de su obra documental: "Esta sexta parte es donde aparecen las siete víctimas que me faltaba encontrar. Y sumo algo por lo que estoy luchando: que le hagan un monumento a Tangalanga. Algo que viene demorado porque la corrección política concibe la historia de un modo retroactivo y no entiende que hoy y el ayer no son lo mismo. Eso impide que Tangalanga no tenga su merecido homenaje, como sí tienen muchos cómicos incluso de menor valía que el Doctor".

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