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¿Cómo nació la grieta en innovación de bancos y fintechs?

La innovación se ha transformado en un prerequisito indispensable para el mundo empresarial y el sector financiero en particular.

¿Cómo nació la grieta en innovación de bancos y fintechs?
Julián Colombo 26 junio de 2024

En un mundo donde los avances tecnológicos irrumpen en nuestras vidas cotidianas antes de que podamos siquiera asimilarlos, la innovación se ha transformado en un prerequisito indispensable para el mundo empresarial y el sector financiero en particular. En este contexto, gracias a la incorporación de metodologías ágiles, soluciones innovadoras y tecnología disruptiva, las fintechs ganaron un gran terreno durante los últimos años. En contraste, los grandes bancos tradicionales no supieron seguir el mismo sendero a pesar de disponer de muchos más recursos y un mercado consolidado.

Esta situación tan paradojal me ha llevado a reflexionar varias veces ¿por qué un banco, que cuenta con miles de profesionales en tecnología y capital suficiente para invertir en innovación, pierde de esta manera ante una fintech? La respuesta más lógica (aunque equivocada) suele ser: "porque la gente que trabaja en una fintechs es diferente, más creativa y emprendedora que la que trabaja en los bancos tradicionales".

No obstante, esta afirmación desconoce tanto la lógica como la realidad empírica: El conjunto de bancos tiene muchísimos más recursos que el conjunto de Fintechs, por lo que podría atraer al talento simplemente mejorando su compensación. Más concretamente, esto es lo que ha estado ocurriendo durante toda la última década, sin grandes impactos en las velocidades relativas de ambos tipos de instituciones.

La respuesta correcta, en su versión minimalista, es que Bancos y Fintechs no tienen el mismo punto de partida, no operan bajo las mismas reglas de juego y, lo más importante, no tienen los mismos objetivos.

Los grandes bancos tienen, por definición, un punto de partida infinitamente más complejo que el de una Fintech. Sin entrar en detalles técnicos, pensemos sólo en la gran cantidad de puntos de contacto que administran, como sucursales físicas, móviles, cajeros automáticos, fuerzas de venta y call centers y en la mayor diversidad de productos, servicios y segmentos que ofrecen. Las fintechs, por el contrario, suelen centrarse exclusivamente en el mundo digital, y un número reducido de productos y segmentos.

Esa diferencia en complejidad inicial, aunada a la muy superior antigüedad media de los bancos, genera lo que se llama "entropía tecnológica", que es una tendencia a la desorganización de sus sistemas. Un banco tradicional tiene miles de softwares activos que no se comunican adecuadamente, dejan de funcionar, tienen problemas de estabilidad o se vuelven obsoletos. Es extraordinariamente difícil mantener este ecosistema legado operativo y, al mismo tiempo, innovar.

La complejidad de integrar estos programas a menudo se subestima. Por ejemplo, cuando un banco compra a otro, hereda no solo a los clientes, sino también los sistemas, contratos y software de la institución adquirida. Integrar todo esto de una forma coherente es una tarea dantesca y a menudo imposible. En una analogía simple, es como cambiar el ala de un avión mientras está volando.

Pero no todo es exógeno o inevitable. Las fintechs, construyen su propio software o buscan proveedores muy especializados, los grandes bancos, más adversos al riesgo, optan por proveedores de renombre que ofrecen una amplia gama de soluciones genéricas, que son aceptables para todas las industrias, pero perfectas para ninguna. Aunque puede parecer una elección segura, estas tecnologías no se ajustan a las necesidades específicas y únicas que el sector financiero demanda, además de no haber sido diseñadas teniendo en cuenta la complejidad de los sistemas legados que estas instituciones tienen.

Otro punto para destacar es el de las reglas del juego. Aunque la regulación está tendiendo a la convergencia, aún es muy asimétrica en muchos mercados. Fintechs suelen tener un tratamiento menos estricto, en parte por cuestiones paradigmáticas, pero muchas veces por motivos lógicos. Por ejemplo, una Fintech financiada enteramente por un inversionista institucional, puede ser mucho más flexible al prestar dinero, ya que su error sólo afecta a su "dueño", mientras que el banco presta dinero de pequeños ahorristas, a los que el regulador puede proteger limitando la laxitud de las políticas de crédito.

El punto final, y menos comentado, es que Bancos y Fintechs tienen objetivos muy diferentes, no porque los profesionales que trabajan en ellos sean esencialmente distintos, sino porque lo son sus inversores o dueños. El 94% de los bancos del mundo son rentables, mientras que solo el 1% de las Fintechs ganan dinero. Por otro lado, las fintechs innovan y crecen en cantidad de clientes a tasas diez veces superiores a las de un banco.

El inversor conoce esta realidad, y al invertir en una empresa, declara tácitamente su preferencia. Si un banco decidiera innovar y crecer a gran ritmo descuidando su rentabilidad, su dueño, podría decir: si yo hubiera querido eso, habría invertido en una Fintech.

Si una Fintech limitara su innovación y crecimiento y se enfocara inmediatamente en la rentabilidad, su dueño, podría decir: si yo hubiera querido eso, habría invertido en un banco.

Por lo tanto, la falta de innovación de los bancos en comparación con las fintechs no se debe a la falta de talento o la comprensión de su importancia. Es en gran medida una cuestión de contexto, sistemas legados complejos, estrategia tecnológica conservadora, adherencia a la regulación, y priorización de objetivos.
 

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