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HBO

La televisión como relato de la historia reciente

En el marco de su particular línea narrativa, HBO acaba de estrenar “La ciudad es nuestra”, el último trabajo de Simon

HBO acaba de estrenar “La ciudad es nuestra” (We Own This City), último trabajo de Simon.
HBO acaba de estrenar “La ciudad es nuestra” (We Own This City), último trabajo de Simon.
Pablo Manzotti Pablo Manzotti 27-05-2022
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No es televisión. Es HBO”. Un slogan que se remonta más de veinte años atrás para meterse en el debate social acerca de si era posible una televisión de calidad. Más allá de la estrategia de marketing, realmente la señal había comenzado un camino que implicó revolucionar el relato televisivo. El impacto de “Los Soprano” (con la notable actuación de James Gandolfini que rompió todos los parámetros del medio concebidos hasta entonces) habilitó un abanico de títulos de perfil autoral en televisión: Carnival, Six Feet Under, Roma. 

Fue en 2002 con el estreno de “The Wire” que aparece en el mapa el nombre de David Simon. Con años de periodista en el Baltimore Sun cubriendo los casos policiales, Simon incursionó como creador, guionista y productor general con esa serie luego de algunos libros y guiones en TV. 

Estados Unidos es un país donde privilegiamos el entretenimiento. El entretenimiento hasta morir”, comentaba Simon en una entrevista con un grupo de periodistas en la presentación de “Show Me a Hero”, la miniserie con la historia de Nick Wasicsko, el alcalde más joven en la historia de EE.UU. que enfrentó una terrible campaña en relación a las viviendas sociales de Yonkers. 

En el marco de esta particular línea narrativa, HBO acaba de estrenar “La ciudad es nuestra” (We Own This City), último trabajo de Simon. La miniserie de seis episodios es una adaptación para TV del libro del mismo nombre, un minucioso trabajo periodístico de Justin Fenton acerca de uno de los casos más resonantes de corrupción policial en Estados Unidos.  

Se trata, principalmente, de las operaciones de un grupo de la policía de Baltimore llamado el GTTF (Gun Trace Task Force). Este equipo liderado por el oficial Wayne Jenkins (con un intenso Jon Bernthal) cometió todo tipo de ilegalidades: plantó pruebas, ejerció violencia constante sobre la comunidad negra de Baltimore y se quedó con parte del botín de cada allanamiento. Una intrincada sistematización de robos, violencia y corrupción.

Pero lo interesante de la adaptación es la forma del relato de Simon y su equipo, los productores y amigos William F. Zorzi y George Pelecanos. Articulado en seis episodios, plantea una narrativa coral en el lapso de tiempo que ocurrieron los hechos, básicamente entre 2012 y 2017 con un ida y vuelta temporal, una construcción minuciosa que ofrece los diferentes puntos de vista de los actores sociales intervinientes: los policías de la fuerza, los abogados de asociaciones de derechos civiles, los agentes del FBI y Asuntos Internos que llevan adelante la investigación de corrupción y las autoridades policiales. 

No hay espacio para el respiro porque el diálogo es clave. Y hay mucho diálogo. La maestría de la forma de relato de Simon es el privilegio de la palabra, la voz y mirada del protagonista, los pequeños detalles, los puntos de vista. Es una de esas series que permiten adelantar el veredicto del balance del habitual balance de fin de año: será uno de los cuatro o cinco mejores estrenos de 2022.             

En esos resquicios de un relato que se torna circular y preciso, Simon se permite hablar de Baltimore, ese lugar que conoce lo suficiente como para mostrar sus entrañas pero, también, elabora una mirada acerca del poder en Estados Unidos. En todos sus estamentos: policía, política, justicia y minorías postergadas. 

Es una serie paladar negro, como todo lo que ofrece habitualmente el autor. No hay explosiones, ni grandes persecuciones, ni coreografiados tiroteos. Si bien hay un estilo marcado en la dirección de Reinaldo Marcus Green (King Richard), la puesta en escena es despojada, rodada íntegramente en locación, aprovechando al cien por ciento los escenarios reales. 

Las obras de David Simon en HBO

La sociedad de Simon con HBO es de mutuo beneficio. La señal cuenta con un nombre que le permite seguir transitando esa excelencia en el formato televisivo (aún con el cambio del panorama audiovisual y la preeminencia de las plataformas por sobre los ya “antiguos” canales premium). El productor, por su lado, obtiene una libertad creativa total para plasmar su mirada. Estas son sus obras destacadas que se pueden ver en el servicio HBO Max

“The Wire”, el máximo exponente de las posibilidades de la televisión en todo sentido. En 2021 fue elegida por la BBC como la mejor serie del Siglo XXI a partir de una encuesta realizada entre 206 periodistas especializados de 48 países. 

Durante cinco temporadas, Simon describe el trabajo de un grupo policial de Baltimore que persigue narcotraficantes con seguimiento personal de escuchas. A partir de una reconstrucción minuciosa de ese rompecabezas policial, va desnudando las falencias de un sistema que no tiene héroes ni villanos cien por ciento. “We Own This City” (La Ciudad es Nuestra) podría decirse que es un relato que emerge de esa experiencia: mismo contexto y mismo universo. 

  • Treme”. Fue la serie que siguió a “The Wire”. Un recorrido por lo que significó la reconstrucción de New Orleans tras el Huracán Katrina. Es un buen ejemplo de la versatilidad narrativa del showrunner. Por un lado mantiene su línea descriptiva de las aristas complejas del sistema: el sufrimiento de las minorías postergadas, la corrupción detrás de la reconstrucción. Por otro lado, resalta la vida de los artistas, los músicos de jazz del lugar, castigados por el evento y tratando de reconstruir sus propias existencias a la par de la ciudad. Toda la serie, de cuatro temporadas, tiene una banda sonora soberbia.
  • The Deuce”. En este caso, el relato viaja a la Nueva York de los años setenta para contar los inicios de la industria pornográfica en la ciudad, los personajes sociopolíticos que rodearon a la empresa y traza una línea de tiempo desde su apogeo hasta su caída en la primera mitad de los años ochenta con el surgimiento del video hogareño. 

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