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Sony: su estrategia para no tener plataforma de streaming y ser un éxito igual

La guerra por el streaming apenas está empezando y la gran incógnita es si existe un mercado dispuesto a pagar por varios (o todos) los servicios

Sony parece haber evitado entrar en la batalla de manera directa
para quedarse en los márgenes como un proveedor para varios bandos.
Sony parece haber evitado entrar en la batalla de manera directa para quedarse en los márgenes como un proveedor para varios bandos.
Pablo Planovsky Pablo Planovsky 26-05-2022
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Crackle: si el nombre no suena conocido es porque, para empezar, en América Latina ya dejó de funcionar. No es que en Estados Unidos tenga mayor relevancia la red multiplataforma que administra Sony Pictures y es, por ahora, lo más cercano a un servicio de streaming del único estudio grande que parece resistirse a la nueva “fiebre del oro” que conquista a Hollywood. 

Disney+ (sumando al catálogo de la ex 20th Century Fox bajo la cobertura de Star+), HBO Max (con todo el catálogo de Warner Bros.) y Paramount+ son algunos de los nuevos competidores que quieren quedarse con una porción de la torta que ofrece el mercado. Pero el estudio japonés prefiere negociar acuerdos con otras plataformas, como Netflix, para distribuir sus películas y series.

Mientras Netflix intenta expandirse más allá de los límites de las películas y series, considerando el mercado de los videojuegos y las transmisiones en vivo, Sony ya tiene un servicio de streaming para los gamers, conocido como Playstation Now. 

Pero hacer un stream de películas no es lo mismo que hacerlo con los juegos, en especial porque a los jugadores les afecta la latencia que existe entre el momento en el que ejecutan una orden, pulsando un botón, y la reacción en el juego. Una tardanza de un segundo puede ser fatal para alguien que se dedica a los eSports

Descargar la versión digital o comprar el disco físico todavía es la mejor opción para los que juegan. Es posible que Sony insista más con ese segmento del mercado para el streaming porque no existe aún un “Netflix” de los videojuegos. Microsoft (y el propio Netflix, aunque en una escala muchísimo menor) es el único rival que intenta una táctica similar.

Netflix comenzó el año 2022 con la primera pérdida de suscriptores en 10 años. Perdió 200 mil suscriptores en el primer cuatrimestre. Las predicciones del gigante del streaming indican que ese número es apenas una merma menor comparado con los dos millones que esperan perder en el segundo cuatrimestre del año. Las señales de alerta pueden tener varias explicaciones: ya no ocupa una posición dominante por falta de competencia. 

A los servicios antes mencionados se les sumaron otros: Apple TV+, Amazon Prime Video, MUBI en América Latina, Starz en Estados Unidos, y varios más dependiendo de la región en la que uno se encuentre. Un dicho señala que “el contenido es rey” y eso parece más cierto que nunca. 

Netflix tiene que invertir en producir series y películas originales (y, obvio, propias) porque, cada vez que nace un nuevo competidor, pierde contenido. Es lógico que los estudios opten por no renovar licencias y acuerdos con Netflix para darle a sus propios servicios los títulos de los que son dueños.

¿Un mercado saturado?

En 2021 Sony firmó un acuerdo con Netflix para que la plataforma tenga los derechos de distribución de sus películas a partir de 2022. Morbius, Uncharted, Bullet Train, las secuelas de Spider-Man: Un nuevo universo y las futuras películas del estudio tienen distribuidor global asegurado. Para Netflix supone un respiro evitar que Disney se quede con todos los títulos de Marvel en Disney+ y, de paso, asegurarse potenciales franquicias exitosas.

El caso del hombre-araña puede servir como ejemplo en el negocio que planifica Sony. Supo consolidar un subgénero, el de los superhéroes, como éxitos masivos de taquilla con la trilogía estrenada a principios de siglo, pero cuando el valor taquillero en el personaje parecía disiparse, ante las películas protagonizadas por Andrew Garfield, se llegó a un acuerdo con Disney para integrarlo a un universo donde podía compartir pantalla con los Vengadores y el resto de los héroes de Marvel. 

Para ambos el negocio fue más que fructífero: la película más taquillera de 2021 fue Spider-Man: Sin camino a casa. La última película (hasta ahora) de Tom Holland como el héroe recaudó más de US$ 1.000 millones en todo el mundo. Sony sabe que, con una propiedad intelectual exitosa como la de Spider-Man, cuenta con un actor con potencial de estrella y un as bajo la manga para negociar con los otros estudios. Por un lado intentan hacer de Holland algo más que “el actor que interpreta al hombre-araña”, como prueba la reciente película de Uncharted; y por el otro pueden aprovechar el logo de Marvel (con los correspondientes personajes asociados al mundo de Spider-Man) para atraer a las masas a las salas. 

La estrategia de Sony: ¿hacer negocios con todos?

Para una película que costó cerca de US$ 80 millones, recaudar algo más de 160 no sería motivo de festejo, pero caso de Morbius (el vampírico antihéroe que interpretó Jared Leto, extraído de la galería de villanos que enfrentan a Peter Parker en los comics) no es un desastre, al menos desde el punto de vista de las ventas. Tanto Morbius como Uncharted, que en el mejor de los casos podrían interpretarse como películas que cumplieron con discreción su propósito comercial, fueron las más alquiladas en las últimas semanas en los servicios de video on demand de Estados Unidos. Morbius fue la más rentada en Vudu (por un valor de US$ 19.99) mientras que Uncharted consiguió el mismo honor en iTunes y Google Play, con un costo promedio de USD 5.99.

Que Netflix y Disney, rivales en el streaming, encuentren un aliado en común para fortalecer su poderío no parece ir en detrimento de los intereses de Sony. A Netflix le sirve financiar películas de Sony que pueden ser exclusivas de la plataforma y, en el mejor de los casos, haber sido éxitos de taquilla en su paso por las salas de cine. A Disney le sirve el revitalizado interés por el hombre-araña para sostener la teoría que sostiene que la imagen del superhéroe “se recuperó” a partir de la intervención creativa del estudio dueño del parque de diversiones, una narrativa que no tiene en cuenta el éxito comercial, con premio Oscar y todo, que fue la película animada Spider-Man: Un nuevo universo, hecha por el estudio de animación de Sony sin intervención de Disney.

La guerra por el streaming apenas está empezando y la gran incógnita es si existe un mercado dispuesto a pagar por varios (o todos) los servicios que se ofrezcan. Durante años la opción que contenía la mayor parte de los títulos, propios y ajenos, era la que estaba en boca de todos y se ejemplificaba en la pregunta que era “¿está en Netflix?” cada vez que se recomendaba alguna película. Hoy la respuesta no se traduce en un simple “sí” o “no”, porque el “no” ahora puede estar acompañado por un “pero está en este otro servicio de streaming”. Sony parece haber evitado entrar en la batalla de manera directa para quedarse en los márgenes como un proveedor de armas para varios bandos. Otra forma de conquistar victorias.

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