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5 series y películas para ver este fin de semana en HBO Max, Prime Video, Netflix, Paramount Plus y MUBI

Una selección con las nuevas películas, documentales y series recomendadas para este fin de semana.

Las 5 mejores películas y series para ver este fin de semana Archivo
Las 5 mejores películas y series para ver este fin de semana Archivo EE
Oscar Mainieri 30 junio de 2023

Con tantas plataformas de streaming a nuestra disposición, puede parecer casi imposible decidirse por algo para ver durante el fin de semana

Por eso reunimos en una selección especial las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine, para convertir ese menú interminable en un problema del pasado.

Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en HBO Max, Prime Video,Netflix, Paramount Plus y MUBI.

1. Serie para ver en Prime Video: Barrabrava

¿Quién se queda con el trono en la lucha por la sucesión del manejo de la barra brava del club Club Atlético Libertad del Puerto? Muerto "el Tío" (Gustavo Garzón), sus sobrinos César (Gastón Pauls) y "el Polaco" (Matías Mayer) deben luchar por mantener unida a la tribu, porque de disgregarse pueden perder el medio de subsistencia para ellos y las familias de sus subalternos, la influencia en la decisiones del club de sus amores, y el respeto entre sus pares que otorga el poder.

No sólo tendrán que enfrentar a Luna (Roberto Vallejos) y a las autoridades del club, presididas por el ubicuo Heredia (Pablo Alarcón), también al comisario Palacios (Roberto Suárez), todos mordiendo de la mano exánime que les daba de comer.

La inteligencia de esta creación de Germán Braceras (también responsable de la miniserie sobre Carlos Monzón) radica en no quedarse entrampada sólo en esas internas. Hay una familia que se ve afectada por ellas, la familia de César y "el Polaco", encabezada por Gladys (Mónica Gonzaga), una madre viuda desde hace mucho y abocada a la tarea de cuidar al tercer hijo, Enzo (Ángelo Mutti Spinetta), que sólo puede comunicarse a través de la mirada, ya que ha quedado inerte tras un accidente de tránsito. 

A "el Polaco" le aparece una hija, Ximi (Violeta Narvay), con la que debe establecer una relación desde cero ya que nunca han convivido y con la que florece su veta humana, ya que tenía destino de bestia irredenta.

A César su mujer (Paloma Conteras) le advierte constantemente de los peligros que puede llevar su actividad para con ella y sus hijos. César no escucha y agudiza su consumo de cocaína, lo que acelera unos instintos ya desbordados.

También hay un narrador, el Oveja, amigo de toda la vida de "el Tío", que tiene la sugerente voz y las cualidades actorales de Miguel Ángel Rodríguez, irreconocible detrás de una gran barba canosa. Y un ex jugador del club (Juan Ignacio Cane) de exitosa carrera internacional, que integra la comisión directiva y tiene apetencias de presidirla, casado con una veleta esplendorosa como la que interpreta Liz Solari. 

Entre los lugartenientes de los dos hermanos, hay un personaje extraordinario, "el Huevo" (Neo Pistéa), con delirios de grandeza y mecha corta para conquistarlos, y unos mellizos (Cristian Salguero y Martin Oviedo) cuya única ambición en la vida es la de obtener el auto de sus sueños. También está Prepucio (Hugo Piccinini), un dealer modesto que busca ampliar su negocio.

El nivel actoral es sobresaliente, lo mismo que la puesta en escena de los numerosos actos de violencia, de un realismo visceral. El episodio número 5 (de los 8 que constituyen el producto) logra una cumbre de tensión, sólo sobrepasada por la batalla campal que se desarrolla en el último, que no tiene nada que envidiarle a las representadas en films como Pandillas de Nueva York (Martin Scorsese, 2002) o Los guerreros (Walter Hill, 1979).

Barrabrava es un poderoso entretenimiento, conmovedor y angustiante. Está tan bien planteado y realizado que da para más de una temporada. Y pese a que la acción transcurre en Buenos Aires, el espectador local no puede evitar una sensación de extrañamiento al haber sido filmada en Uruguay.

2. Miniserie para ver en Netflix: Dos veranos

Un matrimonio invita a un grupo de amigos a una maravillosa isla en el Mediterráneo. Están muy bien posicionados económicamente y él festeja sus 50 años. Los amigos van llegando; solían reunirse muy seguido cuando cursaban el secundario.

Se disfruta de las bondades del lugar: sol, agua, playa, el escarpado paisaje, la maravillosa residencia. Hasta que en una de las habitaciones, un amplio living, se escucha algo que proviene del televisor. Alguien ha puesto a rodar un dvd que reproduce imágenes de hace 30 años, una fiesta en la que participaron todos los presentes, la última vez que estuvieron juntos.

Lo que se ve no es muy agradable y detona una cierta paranoia: ¿quién puso ese disco en funcionamiento? ¿Por qué traer a la luz ese hecho ignominioso del pasado, atado a otros que complican la situación de algunos de los presentes? Entre recuerdos, suposiciones y deducciones se arribará a un sorprendente final

Esta miniserie belga, de 6 episodios de una hora, entretiene a la vez que mantiene el suspenso a lo largo de su desarrollo. Dirigida por Tom Lenaerts y Brecht Van Hoenacker, con interpretaciones convincentes y mucha piel desnuda al sol es una buena opción para una tarde nublada de invierno.

3. Miniserie para ver en Paramount Plus: George y Tammy

Puede que a pocos les suenen los nombres de George Jones y Tammy Wynette, pero fueron dos fenómenos de la música country estadounidense. Frank Sinatra llamó a Jones "el segundo mejor cantante de Estados Unidos". Ella fue nombrada "la primera dama del country" y tuvo 17 números uno a lo largo de su carrera, entre ellos el famoso Stand by your man

Este drama biográfico musical abarca más de 3 décadas, entre que los cantantes se conocieron a fines de los años 60, formaron un dueto que desbordaba estadios, se casaron, se divorciaron. Ella como solista siempre arriba en los charts, él empantanado en las brumas del alcoholismo, siempre dispuesto a regresar a los estudios de grabación en busca de un hit.

Basada en el libro de la única hija que tuvieron, nacida tras un parto que derivó en una dolencia que Tammy atenuaba con inyecciones que la transformaron en adicta a los analgésicos, la miniserie (6 episodios de una hora) no sólo cuenta las idas y vueltas de una pareja del show bussiness con todos sus lugares comunes, luces y glorias, también construye una formidable historia de amor. 

Y lo que coloca a George y Tammy en el podio de los mejores productos televisivos que habitan las plataformas no es la impecable dirección, la estupenda fotografía, la maravillosa reconstrucción de época, la detallada descripción del negocio de la música y de la fabricación de éxitos hasta extraer el último hálito de vida del intérprete, sino las impresionantes actuaciones de Jessica Chastain y Michael Shannon.

Chastain -ganadora del Oscar por Los ojos de Tammy Faye- deja el alma en cada canción, dota de fuerza interior a esta mujer que creció admirando al hombre de sus sueños y pudo construir una vida junto a él, pese a sus patinadas y las incesantes decepciones. Hay que ver el esplendor de esa rubia sobre el escenario y en la vida cotidiana en sus años mozos, y el fantasma que sobrevuela el último episodio, donde sólo hay piel sobre los huesos, ya que su dura adicción la ha llevado casi a no ingerir alimentos.

Shannon, por su parte, es un actor que recurre a cada molécula de su cuerpo para parecer el hombre más seductor del mundo y, de ratos, embrutecido por efecto del alcohol, transformarse en un bruto que destruye todo lo que se le pone por delante. Hay pocos actores como él que puedan apelar a su lado oscuro y extraer materia para aterrar al espectador con sus ataques de ira o cambios de humor. Aquí hay una secuencia de un festejo navideño que podría figurar entre las más violentas jamás interpretadas por un único actor.

La química entre ambos actores es inflamable; ya la habían probado en el film Take Shelter. Hay varios encuentros sexuales en donde hacen gala de una profusa naturalidad para mostrarse desnudos y transmitir su pasión. Lo mismo sucede cuando interpretan una canción, ya que no doblan al artista representado sino que utilizan sus propias voces.

Los números musicales en el escenario son abundantes, así como las escenas que transcurren en los estudios de grabación. El ámbito del country con sus vestuarios estrafalarios, los peinados alambicados, tan susceptible de ser parodiado por sus altas dosis de kitsch, -tal como lo dejara registrado Robert Altman en ese monumento cinematográfico llamado Nashville (1975)-, es tratado con respeto.

El que no es tratado con respeto es el espectador cuando Paramount Plus adopta la triste decisión de no traducir al español la letra de las canciones, por más banales que parezcan. Aquí -y en la mayoría de los musicales- las letras juegan un rol fundamental, ya que los cantantes de música country apelan a sus propias vivencias para alimentar las baladas amorosas, por lo que son esenciales para apreciar la evolución de los personajes. Con su conducta, Paramount malogra un producto -por lo demás- muy recomendable.

4. Película para ver en MUBI: Mysterious Skin

Este drama dirigido por Gregg Araki en el año 2004 se constituye en una de las aproximaciones más creativas al espinoso tema del abuso sexual infantil y sus consecuencias. Un adulto del ámbito escolar profana a dos niños.

Uno de los chicos, Neil, interpretado por Joseph Gordon-Levitt en su adolescencia, tramitará el horror teniendo sexo por dinero con hombres mayores, lo que lo expone a situaciones de alto riesgo. El otro, Brian (Brady Corbet), un muchacho taciturno, tendrá fantasías con extraterrestres que lo mantendrán alienado de la realidad circundante.

Ambos han quedado bloqueados emocionalmente, y los contextos en que se desarrollan no ayudan a su mejora. Sus caminos no se cruzan durante diez años. El encuentro será productivo ya que Neil le aportará a Brian una información que desconoce y a partir de ese momento se posibilitarán ciertos descubrimientos.

Mysterious Skin no es un film fácil de soportar por la crudeza de los encuentros sexuales que vive Neil ni por las escenas relativas a esos abusos primigenios. Pero además de ser una poderosa experiencia emocional para el espectador, también lo ayuda a comprender la encerrona en que pueden quedar atrapadas las víctimas de tal conducta.

5. Miniserie para ver en HBO Max: Chernobyl

En Infierno en la torre (John Guillermin, 1974), un edificio de más de 130 pisos se convertía en una antorcha el día de su inauguración, atrapando a una enorme cantidad de estrellas fulgurantes en el último piso. Algunas morían mientras un grupo de bomberos trataban con medios insólitos de apagar el incendio. La extensión de las escaleras no alcanzaba el foco de la combustión, los helicópteros no acertaban sus objetivos, las llamas iban ascendiendo y los concurrentes a la fiesta se iban cociendo a fuego lento, hasta que el arquitecto de la mole de cristal y el jefe de bomberos (nada menos que Paul Newman y Steve McQueen, respectivamente) aunaban esfuerzos y hallaban una solución para salvar a los pocos que quedaban. La causa del incendio: se había ahorrado en la instalación eléctrica, invirtiendo en materiales bastos, lo que produjo un cortocircuito y decenas de víctimas. El villano era un privado que tenía la cara de Richard Chamberlain.

El modelo de uno de los máximos exponentes del cine catástrofe de la década del 70 sirve de esqueleto para la miniserie Chernobyl (5 episodios de una hora) HBO), que dramatiza de manera realista y contundente el desastre sucedido el 26 de abril de 1986 en la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, ubicada en el norte de Ucrania, que en ese momento pertenecía a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

El primer episodio muestra a los empleados de la planta -vestidos como si estuvieran trabajando en un frigorífico, aunque las reses terminarían siendo ellos, cocidos a radiación ambiente- apretando un botón que no deberían haber pulsado, provocando una explosión que expulsó grandes cantidades de materiales radiactivos a la atmósfera, formando una nube que se extendió por Europa y América del Norte. A lo largo de angustiantes 60 minutos veremos el desempeño de los bomberos, los primeros daños de la radiación sobre sus cuerpos. También a algunos vecinos de la ciudad de Pripiat, observando desde un puente cercano la belleza del incendio con una delectación que a la larga les costaría la vida.

El segundo episodio presenta a las estrellas del envío: un tenso Jared Harris (Mad Men, The Crown, The Terror), como Valery Legasov, un físico ruso que es el primero en darse cuenta de lo que sucedió en la planta nuclear y es obligado por el gobierno a concurrir al lugar del hecho. Un enérgico Stellan Skarsgard (Contra viento y marea, ¡Mamma mìa!, la serie River), como Boris Shcherbina, un miembro menor del gobierno ruso mandado a solucionar el desastre pero que, a la vez, es presionado para que la verdad no salga a la luz. Y la siempre convincente Emily Watson (Contra viento y marea, Gosford Park, Embriagado de amor) como la científica Ulana Khomyuk, un personaje que no existió en la vida real pero que está conformado en base a la actuación de varios técnicos que ayudaron en la investigación de las causas de la hecatombe.

El relato nunca está exento de escenas de suspenso, -ya sea por la tarea de los liquidadores (miles de personas que se ofrecieron para aislar el núcleo del reactor), la utilización de voluntarios para limpiar de trozos de grafito contaminante la terraza de la planta, un robot alemán que se supone calificado para cierta tarea, un grupo de mineros que se exponen en el cavado de un túnel para llegar cerca del magma nuclear, militares y novatos ocupados en eliminar a los animales de los alrededores para que no transporten la carga radiactiva fuera de los límites de la zona de exclusión-, y despliega varios hilos paralelos que incluyen el destino de uno de aquellos primeros bomberos en un hospital de Moscú acompañado por su esposa, la investigación que Ulana lleva adelante -amparada por Legasov y Shcherbina-, y las trabas que el gobierno impone para que la verdad no se filtre en Occidente a través de la omnipresente KGB.

El episodio final desovilla, a través de un extenso y didáctico discurso de Legasov en un juzgado, las responsabilidades en la catástrofe. Aquí la hipótesis del equipo del guionista Craig Mazin (creador de The Last of Us) y el director Johan Renck es que el estado ruso abarató costos en donde no debía hacerlo.

Con muy buenos efectos especiales digitales para todo lo que hace a la explosión y sus consecuencias sobre la planta, un maquillaje digno de la mejor película de horror para exponer cómo van mutando en la superficie los cuerpos de las víctimas, Chernobyl termina siendo un alegato en contra de aquellos gobiernos que utilizan todos los medios a su alcance para silenciar la verdad a través de un camino poblado de mentiras. Por otro lado, también es un muestrario de situaciones heroicas y miserables, dignas de la condición humana.

El pueblo ruso queda bien parado -siempre dispuesto a sacrificarse por sus congéneres- no así el gobierno y las autoridades de entonces (algunas de ellas retratadas con trazo grueso), circulando por los últimos estadios de la Guerra Fría. La tragedia de Chernobyl fue el ataúd de plomo que dio comienzo a la derrota rusa en ese largo conflicto.

Un antecedente ficcional de Chernobyl es El síndrome de China (James Bridges, 1979). Allí, lo que era ciencia ficción de anticipación -los desperfectos en una planta nuclear, descubiertos por una periodista interpretada por Jane Fonda con el apoyo de un técnico que tenia los rasgos inolvidables de Jack Lemmon- la realidad se encargó de confirmarlo a poco de estrenado el film, cuando hubo una falla en un reactor de la planta de Three Mile Island. Paradójicamente, en Chernobyl hay datos de la realidad que parecen extraídos de la mejor novela de ciencia ficción, como el hecho de que un embarazo pueda absorber toda la radiación que aqueja a la mujer que lo porta.

La postulación de lo que es "la verdad" en un caso tan complejo como éste tiene la simpleza y la carga del idealismo liberal de una película de Frank Capra, aunque la paleta de colores elegida por los responsables abarque una amplia gama de los grises y azules. Y si bien el guion abunda en largas parrafadas técnicas proferidas por los distintos personajes -manteniendo la virtud de la claridad en la exposición-, Chernobyl demanda ciertas dosis de atención no habituales en los espectadores que están acostumbrados al consumo bulímico de series.

Chernobyl no es un entretenimiento liviano. Tampoco merecía serlo.

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