Argentina se asocia con empresas de Japón y China para vender imágenes satelital
VENG

Argentina se asocia con empresas de Japón y China para vender imágenes satelitales al mercado asiático

La empresa estatal argentina VENG firmó acuerdos con Restec de Japón y BSED de China para comercializar las imágenes generadas por la constelación satelital SAOCOM

Daniel E. Arias Daniel E. Arias 05-01-2022
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La empresa estatal argentina VENG ha firmado acuerdos con las empresas Restec de Japón y BSED de China para comercializar las imágenes generadas por la constelación satelital SAOCOM en el continente asiático. 

La iniciativa se suma a otros acuerdos entre VENG y otros proveedores de observación satelital de la Tierra, y está logrando que las imágenes de los satélites SAOCOM de la CONAE se vendan en todo el mundo.

Argentina y Japón son los únicos países, por ahora, con satélites-radar en banda L. A diferencia de los satélites ópticos, no necesitan de iluminación solar o de luz generada por objetos para obtener imágenes. Como todo satélite-radar operan sin importar si abajo es de día o noche, y si brilla el sol o hay nubes de tormenta, o volcánicas, o humo de incendios.

En el caso de los SAOCOM 1 y 2, estos iluminan la escena con microondas desde su altura orbital de 620 kilómetros y recogen los rebotes en sus antenas. Esto lo hacen todos los satélites radar. Pero lo particular de los SAOCOM son las microondas en banda L: tienen una frecuencia de 1275 GHz, atraviesan cualquier obstáculo óptico en la atmósfera y penetran a través de la vegetación superficial y el suelo hasta encontrar agua.

Su uso fundamental al principio fue agrícola: permiten determinar el contenido momentáneo de agua de las napas y calcular riesgos de encharcamiento, inundación o sequía, y hacer pronósticos sobre rendimiento de cosechas.

Pero las imágenes de radar espacial en banda L encontraron inmediatamente otras aplicaciones ambientales. Como detectores de la presencia o ausencia de agua en el terreno, han servido para dar alertas de derrumbe o deslave de laderas, medir riesgo de incendios forestales y, al servir de altímetro y detectar variaciones ínfimas de altura en cerros, pronosticar erupciones volcánicas.

Como altímetros de precisión, los radares L espaciales siguen sumando más aplicaciones: pueden detectar manchas de petróleo en el mar o los ríos, o las estelas de buques, e incluso en modo de alta resolución, los propios buques. Hoy un SAOCOM es una solución en busca de problemas. Y la Argentina tiene dos.

El valor comercial e incluso geopolítico y estratégico del producto de los 3 satélites-radar en banda L que vuelan a fecha de hoy es enorme. Y sobre todo, por lo escaso.

Inevitablemente, estp genera la pregunta de por qué hasta hoy estas naves sólo las tienen Argentina, con sus dos SAOCOM, y Japón, con su solitario Alos 2; países con flotas satelitales relativamente menores. La respuesta: requieren antenas y potencias eléctricas gigantes, y su construcción no sólo es muy compleja sino también muy cara. En criollo: ellos no la vieron, nosotros sí.

La CONAE desgraciadamente hoy no tiene otros satélites en vuelo, salvo los SAOCOM 1A y 1B. La nomenclatura de los mismos muestra que hubo planes de tener una flota SAOCOM mayor, pero con presupuestos siempre acotados y frecuentemente recortados desde la fundación misma de la agencia, en 1990, ambos SAOCOM tuvieron tiempos de construcción larguísimos.

Argentina y Japón son los únicos países, por ahora, con satélites-radar en banda L

¿Cuánto de larguísimos? Alrededor de 20 años desde inicio de integración en las salas limpias de INVAP en Bariloche, a su puesta en plataforma de lanzamiento en EE.UU. 

Con la plata necesaria, un desarrollo de este tipo habría salido adelante entre 5 y 10 años. Rápido no hubiera sido nunca: la ingeniería incluía el desafío de subir a órbita de 620 km. unas antenas de radar gigantescas, como jamás se habían construido otras. La imagen es elocuente.

Pero en 20 años de puro apriete presupuestario, las baterías de níquel-cadmio en las que los SAOCOM acumulan potencia para generar imágenes pasaron de ser el último avance en almacenamiento de electricidad a tecnología obsoleta. Alrededor de 2010 las baterías de iones de litio ya eran “la posta”, el nuevo paradigma no sólo en las aplicaciones espaciales o militares sino en la calle. En todo sentido: con estas baterías, Tesla ya iba camino de volverse la marca de autos eléctricos más valiosa de la historia.

Los satélites SAOCOM 1A y 1B de la CONAE fueron lanzados al espacio desde Estados Unidos en los años 2018 y 2020

Las pesadas y poco eficientes baterías de níquel-cadmio con que vuela cada SAOCOM le permiten obtener unas 120 imágenes/día. Parece poco, salvo que se entienda que estos satélites se toman el trabajo de iluminar activamente el terreno con microondas, en lugar de recibir pasivamente luz solar reflejada. Gastan electricidad a espuertas, y la reponen con una placa fotovoltaica que, vista con ojos de hoy, es chica para satisfacer semejante demanda. Pero rediseñar ambas plataformas para mejores baterías, cuando aparecieron a fines de los '90, habría implicado rehacer toda la arquitectura eléctrica de ambas naves y atrasado aún más su construcción.

El Alos 2 de la JAXA, la Agencia Espacial Japonesa, tiene baterías de litio y placas fotovoltaicas muy grandes, para manejar este cuello de botella que es la carga eléctrica disponible para la misión. También las tuvo el viejo Alos 1, lanzado en 2006, que sirvió para establecer, al menos en Japón, que el radar espacial en banda L era un asunto de necesidad y urgencia.

Concretamente, el Alos 1 predijo un deslave en la montañosa isla de Honshu días antes de que sucediera, y con ello salvó la vida de los habitantes de una ciudad que quedó sepultada por el barro. Sin embargo, no fue todo coser y cantar con este aparato: en 2008, JAXA admitió que de 4300 imágenes obtenidas por el ALOS 1, sólo 52 tenían suficiente definición como para ser de utilidad cartográfica. Luego, la agencia resolvió el problema “por software” hasta 2011, en que algún probable fragmento de basura espacial discapacitó al satélite. El cual no tardó en ser repuesto por su sucesor, visto que daba servicios insustituibles.

Aquí las cosas fueron más lentas. Uno se pregunta cuántos ministros y/o secretarios de agricultura, ganadería y medio ambiente se enteraron de que los SAOCOM podían ser herramientas valiosas. Uno se pregunta si trataron de hablar con sus ministros de hacienda, jefes de gabinete o presidentes/as para acelerar este desarrollo. Son políticos y/o gente del agronegocio que supuestamente saben que en sus mercados la información sobre rendimientos de cosecha, sean propios o ajenos, es poder, y la que dan los SAOCOM es mucho más predictiva que los “índices verdes” generados por los centenares de cámaras ópticas en órbita.

Las imágenes en banda L toman en cuenta el agua bajo las raíces de las plantas o su ausencia, dato que decenas de otros satélites ópticos ignoran. Tal vez algún ministro o secretario trató de dar una mano. Si lo hizo, no se notó. Tenemos una cantidad de políticos con título de abogado, otra menor con título de médico, y una mayoría importante cuya carrera se hizo con una mezcla de rosca partidaria y de negocios. Así las cosas, la escasa cultura científica y técnica de nuestra dirigencia le sale cara al país.

Para hablar de plata, ese idioma que entiende cualquiera, los acuerdos de venta de la CONAE de este tipo de imágenes van generándole un mercado de nicho, y seguramente en unos años más, competencia. Es difícil que las potencias espaciales grandes (EE.UU., Rusia, China, la India) permitan que Argentina y Japón tengan un momento monopólico muy largo de la banda L espacial. La buena noticia es que mientras dura, se le empieza a sacar partido.

La empresa nacional VENG, cuyo accionista mayoritario es la CONAE (Comisión Nacional de Actividades Espaciales), firmó un acuerdo el pasado 11 de noviembre con Restec (Remote Sensing Technology Center of Japan), una empresa con base en Tokyo especializada hace 45 años en soluciones basadas en datos satelitales. De esta manera, Restec podrá ofrecer a sus clientes, tanto en Japón como del resto del mundo, las escenas provistas por los satélites argentinos SAOCOM 1A y 1B.

Actualmente, Argentina es el único país de América que comercializa escenas satelitales en Banda L a través de un satélite propio

Además de a Japón, los productos SAOCOM llegaron al mercado chino. A principios de septiembre de este año VENG firmó un acuerdo con BSED (Beijing Smart Earth Digital), una empresa establecida en 2012 con base en Beijing, para que pueda comercializar escenas SAOCOM en China. Estos acuerdos se suman a otros existentes con los que cuenta VENG y a otros nuevos que está actualmente negociando. De este modo, en un mundo donde las imágenes ópticas desde órbita baja ya son un lugar común, la CONAE va construyendo su marca con productos especiales que no tiene prácticamente nadie.

Los satélites SAOCOM 1A y 1B, cuyas siglas significan “Satélites Argentinos de Observación con Microondas” de la CONAE, fueron lanzados al espacio desde Estados Unidos en los años 2018 y 2020, respectivamente. Viajaron a bordo de dos cohetes Falcon 9 de la empresa Space X que los inyectaron en órbita baja. Y ambos satélites poseen colosales antenas SAR (Radar de Apertura Sintética por sus siglas en inglés) que emiten y reciben haces de microondas en banda L.

VENG es la empresa designada por la CONAE que, desde el 2020, comercializa los productos basados en información satelital generados por la constelación SAOCOM. Actualmente, Argentina es el único país de América que comercializa escenas satelitales en Banda L a través de un satélite propio.

“Tanto los satélites argentinos SAOCOM 1A y 1B como el ALOS 2 de Japón, son los únicos tres actualmente operativos en el mundo que poseen, como instrumento científico, un radar de apertura sintética en Banda L. A pesar de que Japón contaba con esta tecnología, es una muy buena noticia que Restec haya decidido hacer esta alianza para ofrecer escenas SAOCOM en su país y en el mundo. Sin dudas, es un acuerdo que nos potencia a ambos como jugadores del mercado global de escenas satelitales”, explicó Adrián Unger, subgerente de Información Satelital de VENG.

Respecto a la utilidad de las escenas que genera la constelación SAOCOM, Unger aclaró: “Gran parte de nuestras escenas son utilizadas para generar 'stacks interferométricos'. Son grupos de escenas tomadas a través del tiempo que, mediante una preselección hecha por VENG, sirven como materia prima para estudios interferométricos".

Estos permiten detectar cambios en el terreno e infraestructura de pocos centímetros, útiles para medir deforestación, daños en infraestructura, dar alertas tempranas de aludes y deslaves, suministrar datos para la explotación minera y petrolera, y la lista sigue.

Lo dicho, la banda L es una solución en busca de problemas.

Acuerdos previos

VENG firmó en diciembre de 2020 un acuerdo con la empresa italiana e-GEOS, propiedad de la Agencia Espacial Italiana (20%) y la empresa Telespazio (80%). A partir de ese acuerdo, E-GEOS potenció su oferta de productos satelitales en todo el mundo, dado que previamente ya comercializaba los productos generados por los cuatro satélites italianos Cosmo-SkyMed cuya tecnología radar es en Banda X.

Así, desde la firma de ese acuerdo, puede combinar ambas tecnologías para responder a las necesidades de sus clientes. Estos cuatro satélites junto a los dos satélites SAOCOM conforman el Sistema Ítalo-Argentino de Satélites para la Gestión de Emergencias (SIASGE), creado por la CONAE y la Agencia Espacial Italiana (ASI).

El acuerdo es bastante beneficioso para la ASI: construir radares espaciales en una banda de alta frecuencia, como la X, no requiere de las proezas de generación, manejo y uso de la electricidad a bordo que la banda L, ni de antenas del tamaño de una cancha de squash.

¿Qué es VENG?

VENG es una empresa de servicios y desarrollos tecnológicos de alto valor agregado, con especialidad en la actividad espacial. Con más de 14 años de experiencia, y una nómina actual de 450 colaboradores, VENG participa en proyectos estratégicos del Plan Espacial Nacional Argentino, como el desarrollo de prototipos de vehículos lanzadores para el acceso al espacio y la integración y ensayos de componentes satelitales.

Cuando VENG llegue, a través de algunos prototipos, a un lanzador definitivo, el Tronador II, la CONAE dejará de “hacer dedo” o de pagar a terceros por puesta en órbita. Tendrá su propia escalera al cielo, y podrá alquilarla a otros. Este lanzador no aspira a grandes cargas ni grandes alturas: hasta 200 kilogramos y 1000 kilometros de altura. Pero tener esta capacidad en el país no será un hecho banal en lo tecnológico, comercial o estratégico.

Por otra parte, VENG se dedica a la operación de dos estaciones terrenas en el país, en las provincias de Córdoba y Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, y sus respectivos centros de control de misiones satelitales.

VENG tiene la representación mundial exclusiva de los productos de la misión SAOCOM, y está constituida como sociedad anónima con participación estatal mayoritaria a través de la CONAE.

La columna fue publicada originalmente en el portal AgendAR

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