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La música en streaming y la resistencia eterna del vinilo

La vida más allá del streaming parece tener en claro el surco a transitar por el camino de las reediciones y el clamor por el clásico.

¿La industria de la música se transforma al compás del vinilo?
¿La industria de la música se transforma al compás del vinilo?
Pablo Manzotti Pablo Manzotti 27-12-2022
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Para mitad de 2022 los reportes de la industria musical marcaron conclusiones lógicas: los servicios de streaming continuaron su crecimiento y era esperable que se mantuviera la línea ascendente de los años 2020 y 2021, ambos enmarcados en el pico de consumo generado por el aislamiento pandémico.

Hay que entender que las cifras son realmente impresionantes: el año pasado hubo crecimientos cercanos al 30% en las reproducciones musicales y en video en el mercado global. Esto es destacable (lo del video) porque plataformas como Spotify o Tidal, exclusivas de contenido audible, sumaron la posibilidad de mirar videos musicales y pequeños informes, además de sumar las letras de las canciones. Todo para quitar el reinado a YouTube que combinó desde siempre las modalidades y sumó su más que notable plataforma de reproducción de música, YT Music

Durante los primeros meses del corriente año los números acompañaron y cimentaron los registros anteriores. Dos de los géneros que más impacto tuvieron en las reproducciones a nivel global fueron el Country y la música Latina. Estamos hablando de miles de millones de reproducciones por año. En esos niveles se juega el registro de crecimiento de los porcentajes hoy en día.

Según un reporte de Forbes que compiló datos de Spotify, Apple Music y el chart de Billboard, Bad Bunny se consagró como número uno global en todas las listas posibles. Ahí se percibe la influencia del género Latino en la industria actual que se aferra a cuánta pepita se cruce por su camino, habida cuenta de la transformación que viene sufriendo en los últimos 22 años, luego del reinado de ventas del formato físico con ese objeto hoy en desuso: el CD.

Pero, por supuesto, las proyecciones optimistas debieron contener un poco la euforia. Las plataformas y apps de escucha digital detuvieron su crecimiento por la misma razón que lo hicieron las VOD: el crecimiento de los dos últimos años pandémicos. De todas maneras, los primeros reportes indican que, aún más lento, la curva sigue en ascenso.

Un estudio de Midia Research señaló que hay un crecimiento del 7% de suscriptores de todas las plataformas, principalmente impulsado por el mercado oriental con foco en China.

Obviamente el servicio más utilizado sigue siendo Spotify con 187,8 millones de suscriptores hacia mitad de 2022. Es un negocio que sigue siendo clave como lo indica la reciente noticia que señala que Justin Bieber está pronto a cerrar un acuerdo por los derechos de su catálogo musical por US$ 200 millones. 

El mismo estudio de Midia Research (focalizado en 23 servicios y 33 mercados diferentes) detalla que la proyección para el 2023 será más moderada por la limitación en el crecimiento fruto de la crisis económica y la proximidad de alcanzar el pico de saturación del consumo.

No obstante está claro que, más allá de las similitudes con el VOD, es un modelo de negocios que cursa por un carril diferente y que lejos está de detenerse. Más aún con la apuesta de nuevos artistas que no apuestan al formato físico y que la salida en línea es su fuente principal de expansión. El mismo estudio analiza que, dado que la crisis puede afectar más fuertemente a los conciertos (hoy la fuente de ingresos más importante de los artistas musicales) el negocio del streaming es la cadena más sólida para sostener a la industria.

El vinilo y el formato físico

En medio de ese Big Bang de modernización y tecnología las voces (y las costumbres) se alzan para cuestionar o debatir con las nuevas formas de consumo cultural. La semana pasada, el mismísimo Bob Dylan se refirió a la cuestión en una entrevista en The Wall Street Journal en el marco de la salida de su libro "La filosofía de la canción moderna".

Dice Bob: "Todo es demasiado fácil. Solo un movimiento del dedo anular, el dedo medio, un pequeño clic, eso es todo lo que se necesita. Hemos dejado caer la moneda directamente en la ranura [...] Todo es demasiado fácil, demasiado democrático. Necesitas un detector de rayos X solar solo para encontrar el corazón de alguien, si es que todavía tienen uno".

No es la primera vez que los pioneros del rock y pop se alzaron para enfrentar a la industria. Antes era por los contratos y regalías y ahora es por eso mismo pero desde el costado romántico de la forma de escucha musical y el acceso a la producción artística. Dicho esto es válido recordar que Bob Dylan vendió en 2020 (plena pandemia e incertidumbre y ansia por la expansión en línea) todo su catálogo musical a Sony Music en una cifra que oscila entre US$ 150 y US$ 200 millones. Igual que Justin Bieber.

Y el auge del vinilo, ¿qué papel juega en esta historia? Mejor aún: ¿hay un auge de ventas en formato vinilo?

Un estudio de mercado que sigue las ventas en vinilos globales señala, en base a registros tomados en la última década, una proyección de crecimiento de ventas por más de US$ 660 millones en el periodo 2023/27. Y aquí está una de las claves de la proyección: el estudio de mercado identifica la promoción de discos de vinilo en ediciones especiales y productos de lujo como una de las razones principales que impulsan el crecimiento del segmento.

Esto es muy importante porque, sobre todo en el caso de las reediciones (discos que clásicos que cumplen aniversarios, artistas consagrados que vuelven al mercado con música producida hace más de cuarenta años) es un negocio que, al igual que otras formas del actual consumo cultural pop, apela a la nostalgia.

Este escenario determina algo interesante: no solo está cambiando el negocio en la forma de acceso al consumo sino en su presentación artística. Los músicos jóvenes encuentran en el streaming un arma noble para profesionalizar su arte. Conceptualmente no piensan en el disco en sentido estricto de cara a un lanzamiento sino en la canción, el single, el hit puro y duro.

Por otro lado, las bandas y solistas ya consolidados y con carreras de décadas, apuestan a convivir con la transmisión en línea y mostrar su amor por el formato físico, ampliando (y aprovechando) la oferta en cuestiones de remasterización, ediciones de lujo y copiosos extras que incluyen sonidos nunca antes publicados. Es algo diametralmente opuesto en un mercado que aún no muestra una línea clara hacia dónde se dirige.

Sucede que es algo sumamente heterogéneo. Mientras la década del noventa mostró el auge del formato digital y ofreció una innumerable cantidad de obras, clásicas y nuevas, generando ventas astronómicas, hoy la industria es bastante dispar. Está claro que el fenómeno de la escucha en vinilo es un auge global. Pero lejos está de ser uniforme y más lejos aún de ser un fenómeno absoluto de ventas para sostener a toda una industria. 

Es diferente, por ejemplo, el mercado regional. Mientras en Europa y Estados Unidos el formato apela a consolidarse como un segmento legítimo en la década que estamos transitando, en Latinoamérica no encuentra su lugar específico.

Referentes de la industria consultados afirman que casi nada se está editando localmente.

Hay algunas posibilidades de importación de ediciones especiales pero contra pedido de las bocas de venta. Nada comparado al negocio del fin del siglo pasado.

Como contraparte surgen las ediciones independientes en vinilo de sellos "chicos" y las disquerías de ventas de originales (el vinilo usado, de época, muy requerido por coleccionistas). Una modalidad que también encuentra su fuente natural en las ventas online y en webs globales especializadas como Discogs, que permite no solo realizar un archivo detallado de la colección particular, además de sumar una cotización general de la misma de acuerdo a la edición y permitir conectarse directamente con vendedores de todo el mundo.

El fenómeno es tan heterogéneo que en los últimos cuatro años también permitió la adición de nuevos coleccionistas, generando perfiles de consumo catálogo diferentes. Mientras los clásicos siguen tras la búsqueda de ediciones originales, "de época", los "nuevos" viven la experiencia como en los inicios de la aparición del CD.

Es así que este tipo de consumo abrió un nuevo canal de venta que son los quioscos de revistas, con álbumes clásicos que aparecen en vinilo como nuevos, incentivando al coleccionismo y a un costo similar a lo que eran los CD en los noventa. Desde el punto de vista industrial es algo sumamente cuestionable ya que estas ediciones no cuentan con un proceso de remasterización desde las cintas originales pensada para una nueva edición en vinilo sino que son una copia en acetato del mismo CD que está en el mercado.

En medio de estas variables aparecen las reediciones de lujo que apelan (al igual que los juguetes retro, las figuras de acción de personajes de la cultura pop) al consumidor adulto, de poder adquisitivo alto o medio, que encuentra en esa compra y consumo vivir en loop en las décadas del '70 y '80.  

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