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Buscando un símbolo de paz

Decir que falleció Sixto Rodriguez a los 81 años, un cantautor con un inmejorable don para obsequiar canciones hermosas, es muy poco. Porque la extraña vida de este músico (¿olvidado?) se reconstruye a partir de la leyenda y de un documental ganador del Oscar hace exactamente una década.

Buscando un símbolo de paz
Pablo Manzotti 15 agosto de 2023

Falleció Sixto Rodriguez. Falleció el Sugarman. Como si fuera una respuesta tardía a su falsa idea de muerte retratada en el documental de 2012 y ganador del Oscar al año siguiente, el músico de Detroit agrega otro ladrillo en la pared de su resurrección artística: ahora hay obituarios en su memoria en todo el mundo.

Sixto tenía 81 años y vivió la fama mundial durante toda la última década de su biografía.

"Con gran tristeza, anunciamos que Sixto Díaz Rodríguez ha fallecido hoy temprano. Mandamos nuestras condolencias a sus hijas, Sandra, Eva y Regan, y a toda su familia", esgrime la web oficial del músico.

Searching for Sugarman (que hace referencia a la canción sugar man, "hombre de los dulces, caramelos", obviamente, una metáfora del dealer de drogas) es el documental del director sueco Malik Bendjelloul que descubrió su pepita de oro: una historia fantástica que él, como buen narrador, supo registrar, modificar y hasta obviar detalles clave para construir un hermoso relato de reinvención, de premio al final del camino, de la pobreza a la riqueza.

Para quienes sientan curiosidad o lo quieran volver a ver, la pieza está disponible en YouTube, completa y con subtítulos en castellano.

La producción, que Bendjelloul elaboró en 2012, cuenta la historia de Sixto Rodríguez, un cantautor de la ciudad de los automotores: Detroit.

Su incursión artística se remonta a principios de los 70, momento en el que grabó dos excelentes discos. Muy buenos, sí, pero de escaso o casi nulo éxito en su país. Por esas cosas del destino, de la globalización y la interacción en red, alguien descubrió que su música era bien conocida en Sudáfrica.

Claro que esto, esta revelación, sucedió casi 30 años después.

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Parece que, por esas cosas del mercado discográfico, sus viejas canciones terminaron calando hondo en los rockeros sudafricanos. Pero también en Australia, Nueva Zelanda y en el actual Zimbabue. Con un manejo muy propio de la industria, el sello australiano Blue Goose Music compró el catálogo de Sussex Records. Reeditó los dos discos de Rodríguez y publicó un recopilatorio con grabaciones inéditas. Por supuesto todo esto sucedió a espaldas del autor. 
Parece que I Wonder, una de sus canciones, se convirtió en un símbolo de la lucha contra el Apartheid. Esto impulsó a la creación y la llevó a conseguir un disco de platino y a convertirse en toda una leyenda.

El director accedió a la historia a través de dos fans de Ciudad del Cabo que habían pensado durante años que Sixto se había suicidado tiempo atrás (un mito urbano totalmente instalado en Sudáfrica). Cuando se pusieron a rastrear su historia y tratar de armar su biografía terminaron descubriendo que estaba vivo y trabajaba como peón en Detroit, alejado de la industria musical. Rodríguez, de clase obrera y raíces mexicanas, había nacido en Detroit en 1942.

Fuera de la música, tuvo diferentes empleos hasta que empezó a actuar en clubes nocturnos de su ciudad. El mismo barrio por el que caminaron los MC5, Iggy Pop o los White Stripes. Fue el barrio que coparon varios productores relacionados con Motown Records

Era cantado que la historia necesitaba su documental.

¿Ficción, realidad, periodismo o construcción artística?

En 1975, Orson Welles llevó adelante otra de sus obras maestras. En este caso, un documental. O algo así. La película se llama F For Fake (En Argentina, se estrenó como "F de Falso" pero también es conocida como "Fraude") y es un juego de gato y ratón, de mago y espectador entre el viejo director de El Ciudadano y su audiencia.

Pero también es un ensayo acerca del carácter del documental. ¿Qué se debe contar? ¿Qué se puede contar? Y cómo se debe contar. Una maravilla en la que, desde el mismo relato que Welles plantea, realiza una exégesis del género, del formato.

En la introducción, con riguroso atuendo de ilusionista (Orson Welles era también mago), se descarga con una invitación hermosa a zambullirse en su película, en su juego de espejos, como si fuese el final de su masterpiece, La Dama de Shangai.

"Damas y caballeros, a modo de introducción, esta es una película sobre engaños y fraudes. Sobre mentiras. Algo que se puede contar junto a la chimenea, en un mercado o en una película. Casi cualquier historia es, en principio, algún tipo de mentira. Pero no esta vez. No, y esto es una promesa. Durante la siguiente hora, todo lo que van a escuchar de nosotros es real y está basado en hechos sólidos"

Welles juega a aparecer y desaparecer. Pero además cuenta una historia real de engaños y falsedades. De estafas que se retroalimentan.

El director Bendjelloul comentó a The New York Times en un momento de pleno éxito y buenas críticas de su documental: "Es una historia perfecta. Tiene el elemento humano, el aspecto musical, una resurrección y una historia de detectives".

Ahora: ¿fueron así como sucedieron y se le presentaron los hechos que relató? Y, en todo caso, ese apego estricto al hecho "objetivo" (algo fácticamente imposible, por supuesto)  ¿es algo imprescindible a la hora de abordar un documental?

El relato del director sueco es apasionante. Su capacidad para captar la atención y convertir a su material en algo que se consume con una voracidad inusitada, es admirable. En el inicio, se apoya en dos fanáticos del músico: Segerman y Bartholomew. Ambos son los que inician la búsqueda, la construcción de la biografía de Sixto y que, luego de viajes por Europa y contactos frustrados, caen en la cuenta de que deben averiguar en su lugar de origen: Detroit.

Acá es dónde, a partir del éxito mundial de la película, comenzaron a aparecer las voces críticas ¿Es plausible que dos personas que conocían tanto la obra de Rodriguez, los trazos de su vida, nunca hayan contactado con su entorno antes y de manera más directa a través de internet? Más allá de que los hechos, la resurrección del artista propiamente dicha se da en la década del noventa y tiene como epicentro dos conciertos multitudinarios en Sudáfrica en 1998, es poco creíble que no se supiera desde hacía mucho que Sixto vivía y que, esporádicamente (como sucedió en la década del ochenta) compartió escenario en una mini gira en Australia con Midnight Oil, algo que el documental, pasa por alto. Lo mismo sucede con los datos que fácilmente se podían tomar de su blog oficial en internet.

En realidad, y por eso la cita al trabajo de Welles que algo sabía de contar buenas historias, poco importa a la hora de elaborar el relato. Malik Bendjelloul también se viste de "mago" y apela al mejor uso del lenguaje audiovisual para fascinar con su propuesta. Juega al detective sumando piezas al rompecabezas de Sixto Rodriguez y su extraño periplo como artista. Recrea piezas en animación, realiza un montaje perfecto de las entrevistas y adorna todo con sus bellas canciones de esos dos muy buenos discos que nacieron a la luz de los años setenta: Cold Fact (1970) y Coming from Reality (1971).

La muerte de Sixto Rodriguez no pasó desapercibida. Y, por esas cosas del destino y la ironía de la vida, esta vez, el recuerdo será real y los homenajes, obituarios y artículos (cómo este mismo) un merecido triunfo del hombre del sombrero de ala ancha. Sixto, ahora sí seguirá cautivando con su obra y con Searching for Sugarman, la película que desde hace diez años, ayudó a construir el mito. Bienvenido sea.

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