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Babylon: el fulgor y el declive decadente del sueño dorado de Hollywood

La película protagonizada por Margot Robbie y Brad Pitt, que explora los años dorados de Hollywood y su eco en la actualidad, fracasó en las salas

Recaudó US$ 56 millones para un costo de US$ 160 millones (solo considerando la producción y los gastos publicitarios)
Recaudó US$ 56 millones para un costo de US$ 160 millones (solo considerando la producción y los gastos publicitarios)
Pablo Planovsky 26 febrero de 2023

Para Paramount, el estudio que produjo y distribuyó la película, fue uno de los mayores fracasos comerciales de 2022. No alcanzó con los nombres que acompañaron desde los afiches hasta las ruedas de prensa, con Margot Robbie y Brad Pitt a la cabeza. Tampoco fue suficiente el joven talento de Damien Chazelle, que con 32 años había ganado el Oscar por dirigir La La Land. 

Babylon fue uno de los derrumbes más estruendosos en la taquilla mundial: recaudó US$ 56 millones para un costo de US$ 160 millones (solo considerando la producción y los gastos publicitarios). El estudio esperaba, mínimo, pasar los US$ 200 millones.

Puede haber varias razones que expliquen el paso de Babylon, con más pena que gloria, por las boleterías. La primera es la decisión del estudio por lanzar la película en las últimas semanas del año: es una estrategia que los estudios de Hollywood suelen hacer para captar nominaciones al Oscar. 

En los últimos años sucedió con Los Fabelman y Licorice Pizza, películas que (pese a capitalizar algunas nominaciones) tampoco pudieron alcanzar el costo de producción en su recaudación en salas. Top Gun: Maverick y Todo en Todas Partes al Mismo Tiempo fueron películas exitosas que vendieron entradas, se estrenaron en la primera mitad de 2022 y, aún así, consiguieron varias nominaciones al Oscar. 

Aunque pueda ganar algunos rubros técnicos, Babylon pasó desapercibida en los premios mayores (película, actores, guión o dirección).

Tampoco fue acertada la decisión de hacerla competir contra Avatar: El Camino del Agua, que arrasó las salas desde diciembre. Más allá de las críticas positivas, también es cierto que el público "general" (no el cinéfilo que debate si Babylon es "una carta de amor u odio al cine") no parece tener demasiado interés por las "películas sobre el proceso de hacer películas". 

Los Fabelman fue el mayor fracaso comercial para Steven Spielberg así como Babylon lo es para Damien Chazelle. Hoy es difícil vender películas orientadas al público adulto, más si esas películas se tratan del mundo del cine y esperan que el espectador esté familiarizado con ciertas nociones del séptimo arte. 

 

Tampoco ayuda que Babylon dure tres horas, o que, después de un mes de exhibición en cartelera, Paramount haya decidido lanzarla en streaming en Estados Unidos, abriendo las compuertas de la piratería en todo el mundo.

La película está ambientada en la primera época dorada de Hollywood, cuando el cine silente dominaba gran parte de la cultura mundial. No existía ninguna competencia audiovisual para las salas de cine. Todos los involucrados en la industria del entretenimiento, sugiere Babylon, vivían en la riqueza, el lujo, el descontrol, los excesos y la grandilocuencia. El título de la película, por supuesto, remite simbólicamente a la arrogancia de una civilización que llevó a la decadencia a una de las más grandes ciudades de la humanidad. 

Además remite al célebre libro Hollywood Babylon, de Kenneth Anger, una crónica sobre esos años de bacanal antes que la industria se regule con un código moral de censura. 

El imperio que cae por la corrupción, en este caso, es Hollywood, presentado como un infierno con personajes patéticos abusando del poder que ejercen en la industria. 

Desde los modismos con los que hablan los personajes hasta el diseño de vestuario y los peinados, hay varios detalles estéticos que hacen que Babylon sea una película anacrónica, porque (parece sugerir la película) toda esa decadencia domina a la industria de Hollywood también en el presente, aunque ya sin el resplandor ni el poder del siglo pasado.

Cuando la ignorancia es una bendición

El director Damien Chazelle confesó que hizo esta película más como una carta de odio que amor al cine. En Babylon (o en Hollywood) no hay Moisés que muestre los diez mandamientos a los pecadores que están en la base del monte Sinaí, aunque Hollywood en su época dorada se haya empeñado en hacer producciones bíblicas (en todo el sentido de la palabra) cada vez más grandes. 

El personaje que interpreta Brad Pitt, Jack Conrad, funciona como la sinécdoque de las estrellas de Hollywood estilo John Gilbert o Douglas Fairbanks. Un actor que está en la cúspide de su carrera pero, entre escándalos amorosos con sus parejas y adicción al alcohol, esconde su creciente inseguridad por el legado que construye. El cine teme, aún en su apogeo, no estar al nivel de las otras grandes artes, como la música o la arquitectura. 

Todos los personajes de Babylon son miserables a su manera. El protagonista (Diego Calva, como un mexicano que busca hacer carrera en California aunque la industria lo pase por encima y lo use como hombre de limpieza), está enamorado de Nellie, la chica que encarna Margot Robbie y sueña con llegar al estrellato aunque se estrelle en el camino. La actriz reveló inspirarse en la vida de la olvidada Clara Bow, que descubrió pronto que la ciudad de los sueños era más bien la urbe de las pesadillas.

Lo mismo ocurre con el trompetista que interpreta Jovan Adepo, un músico negro que el director de Whiplash convierte en alter ego de músicos como Louis Armstrong o Duke Ellington: esas leyendas fueron parte de la historia del cine cuando el racismo estaba (más) institucionalizado en las grandes producciones. La reportera de tabloides, Elinor St. John está inspirada en Adela Rogers St. Johns. 

¿Había una vez en Hollywood?

Si la película de Quentin Tarantino con Leonardo DiCaprio, Brad Pitt y Margot Robbie funcionaba como una manera de "corregir" la historia, donde las estrellas de Hollywood recuperaban la humanidad y sobrevivían al recambio cultural, Babylon es una mirada más cínica y menos piadosa con sus personajes. 

No tiene la "inocencia" de Cantando Bajo Lluvia - donde en una escena se descubre el génesis de este film que se haría más de décadas después - o El Artista. Ambas películas reflejan la crisis del paso del cine silente al sonoro. 

Al contrario, Babylon refuerza una idea central al relato: detrás de cada plano perfecto en el cine hay un historial de sangre, sudor y lágrimas. En todo caso correspondería preguntarse, como sugiere un montaje que atraviesa gran parte de la historia del cine, si todo ese sufrimiento vale la pena.

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