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La placa madre se mueve y el plan de Balcarce 50

La oferta electoral se empieza a preconfigurar y algunas tendencias, como la descomposición del FpV, parecen irreversibles. Pero aún falta mucho y resta conocer cuál será la demanda electoral. Eso dependerá de cómo le vaya al Gobierno en los meses previos a la contienda.

30-06-2016
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Faltan más de doce meses, no hay candidatos, el Gobierno asumió hace poco más de un semestre, el lanzamiento formal de la campaña está lejísimos y siquiera se sabe cuál será la forma en que votaremos, pero ya todos están pensando en las legislativas de 2017. Analistas, periodistas y, sobre todo, políticos. El reloj empezó a correr y el

clima tenderá a electoralizarse tan pronto como después de las vacaciones de inverno.

La placa madre

Los movimientos ya se están viendo en la oposición y la placa tectónica madre (sin dudas, el peronismo) se está empezando a amalgamar entre los extremos. Empiezan los flirteos del Frente Renovador, que tiene en Sergio Massa a uno de los políticos socialmente más valorados y con credenciales electorales probadas (sobre todo, en la madre de todas las batallas, que será, nuevamente, “la provincia”) con el peronismo oficial conducido por José Luis Gioja.

Es un combo para, cuanto menos, tener en cuenta: el nunca desdeñable aparato peronista se acerca a un dirigente, como Massa, que no sacó menos de tres millones de votos en Buenos Aires en 2013 y 2015. Lo advirtió el politólogo Andrés Malamud hace unos días. “El Gobierno necesitaba al kirchnerismo, ahora enfrentará a un peronismo unificado”, señaló.

También participan del diálogo (cabe destacar que aún muy incipiente) sectores de izquierda, como el recientemente escindido Movimiento Evita, que podría confluir en el espacio, acercar votantes y ampliar la representatividad en nuevos bolsones electorales.

Por supuesto, la contracara es la deskirchnerización del movimiento (que no hará más que continuar) vis á vis las caras más visibles del “proyecto” están más cerca de Comodoro Py que de figurar en una boleta electoral competitiva en 2017 y “la jefa” siga en la Patagonia. Volvamos a Malamud: “La enseñanza de la elección de Río Cuarto es que al peronismo le va mejor cuando está unido y acaba de eliminarse el mayor elemento disruptivo, el que lo mantenía separado, que es el kirchnerismo”.

El deshielo en la relación entre los planetas peronistas (aunque, en rigor, nunca se cortó el diálogo) podría confluir en un peronismo unificado en 2017, un bicho que Cambiemos logró evitar en 2015. ¿Se acercará La Cámpora también o buscará ser la resistencia del FpV?

El oficialismo

En Balcarce 50, la efervescencia electoral está más calmada por un motivo obvio: deben gestionar una coyuntura muy compleja. Pero ya están pensando en las legislativas y, para ello, vale mirar la dinámica que ha adquirido el gasto público  primario.

Un peronismo unido mete miedo y la réplica oficial es, lógicamente, cuidar la coalición que tiene con la UCR. Saben que la mejor defensa es una buena gestión, y están en lo cierto. Saben, asimismo, que la clave es Buenos Aires y, por ello, los recursos que se están volcando allí, las múltiples presencia del Presidente en el territorio, el diálogo por el Fondo del Conurbano (que arrancó María Eugenia Vidal, es obvio, con la venia de Balcarce 50) y la apuesta al agro para reactivar el interior provincial que, si bien no pesa electoralmente como en conurbano, no es desdeñable.

La estrategia para el resto del país también existe. Los estímulos a la producción primaria, cree la mesa chica oficial, también derramarán en las provincias en las cuales el agro es pivotal (Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y La Pampa); el Plan Belgrano apunta hacia el esquivo norte del país; el sostenimiento del “barril criollo”, a la inmensa patagonia y el empuje a la minería, a la región cordillerana. Así, el “modelo Cambiemos” atiende desde Ushuaia a La Quiaca. La gran pregunta, y eso explica la ansiedad por el famoso segundo semestre, es cuándo arranca ese modelo y si no se queda sólo en la zona núcleo del país donde, además, Cambiemos ya es mayoría.

Oferta y demanda

Así las cosas, la oferta electoral se empieza a preconfigurar y algunas tendencias, como la descomposición del FpV, parecen irreversibles ya. Pero aún falta mucho y, sobre todo, falta conocer cuál será la demanda electoral. Eso dependerá de cómo le vaya al Gobierno, más no ahora, sino en los meses previos a la contienda, esto es, cuando los votantes deciden para dónde rumbear su sufragio.

Todo indica que 2017 será mejor que 2016 en materia económica y eso será un empujó clave para Cambiemos que, como ya dijimos, no la tendrá fácil ante un peronismo unido. No sabemos mucho más. Sólo sabemos que va a estar bueno Buenos Aires.

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