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Más competitividad: reemplazar Ingresos Brutos por un único impuesto provincial a las ventas

El (grave) problema hoy es que las empresas terminan generando saldos a favor de manera permanente. O sea, las provincias les hacen a las empresas tantas retenciones y percepciones que las empresas terminan teniendo más plata a favor de lo que tienen que pagar por Ingresos Brutos.

Los Regímenes de Pago Anticipado (RPA) muestran que en cuestión de malas políticas públicas no hay "grieta".
Los Regímenes de Pago Anticipado (RPA) muestran que en cuestión de malas políticas públicas no hay "grieta". .
Jorge Colina 05 julio de 2023

El Impuesto a los Ingresos Brutos es un tributo provincial que cada provincia aplica según sus propios criterios sobre las ventas que ocurren dentro de su territorio. Estas ventas pueden tener origen en el mismo territorio como provenir desde otra provincia. En este último caso, para evitar la doble imposición (que el vendedor tenga que pagar Ingresos Brutos en su provincia de origen y en la provincia de destino) se estableció el Convenio Multilateral. 

Este convenio es administrado por la Comisión Arbitral (ComArb) quién aplica una sola vez el impuesto a los Ingresos Brutos a cada venta y reparte 50% para la provincia de origen y 50% a la de destino.

Hasta aquí, no parece haber nada raro. No, bueno, lo que pasa es que todavía no contamos la parte donde entra Frankestein, que son, los 75 Regímenes de Pago Anticipado (RPA) que cada provincia administra a su libre albedrio en un laberinto que no lo entiende nadie.

En las operaciones entre empresas, los RPA imponen pagos a cuenta antes de que se determine el impuesto que corresponderá pagar. Se clasifican en regímenes de retención (la empresa vendedora sufre una detracción del precio de venta), de percepción (la empresa compradora sufre un recargo sobre el precio de compra) y de recaudación (las dos empresas sufren otra detracción más -sobre el concepto donde ya fueron retenidas y percibidas- cuando se produce la acreditación de la operación en sus cuentas bancarias). No es broma: es un Frankestein de verdad.

El (grave) problema es que las empresas terminan generando saldos a favor de manera permanente. O sea, las provincias les hacen a las empresas tantas retenciones y percepciones que las empresas terminan teniendo más plata a favor de lo que tienen que pagar por Ingresos Brutos. En otras palabras, las provincias le deben plata a las empresas.

Todas aplican esta horrible mala práctica tributaria. Aunque con diferente intensidad. Hay 10 provincias que tienen acumulados excesos de retenciones y percepciones por el equivalente a menos de 1 mes de recaudación. En principio, aquí las empresas no sufrirían tanto.

Pero hay 6 provincias que tienen acumulados excesos de retenciones y percepciones por el equivalente a entre 1 y 2 meses del impuesto determinado que las empresas tienen que pagar y las restantes 8 provincias tienen excesos de retenciones y percepciones por el equivalente a más de 2 meses del impuesto determinado.

Al paroxismo llegan Catamarca con el equivalente a 6 meses de retención y Misiones con el equivalente a 1 año de retenciones y percepciones en excesos. O sea, si estas provincias devolvieran el impuesto que tiene acumulado en exceso como pago adelantado se quedan sin recaudación por 6 meses y 1 año, respectivamente.

Los RPA muestran que en cuestión de malas políticas públicas no hay "grieta". Al contrario, hay un férreo consenso. Los saldos indefinidos a favor del contribuyente se aplican en provincias gobernadas por Juntos por el Cambio (Corrientes, Mendoza, CABA) como por el Frente de Todos (Santiago, Formosa, Tucumán, Chaco). 

Esto es muy desalentador porque en los discursos electorales buscan diferenciarse pero en la ejecución de las políticas aplican las mismas deficiencias. Por eso, no se trata de cerrar ninguna "grieta" (porque no la hay) sino en terminar con los consensos equivocados alrededor de malas políticas públicas.

La solución pasa por un acuerdo entre las provincias para conformar un único impuesto provincial a las ventas con un único Régimen de Pago Anticipado (RPA) cuya regla central sea que ningún contribuyente puede generar saldo a favor. Cuando se produce un saldo a favor, el contribuyente automáticamente tiene que quedar fuera de todo régimen de retención y percepción. 

De esta manera, se simplificará enormemente la gestión tributaria en las empresas y se le dejará de quitar capital de trabajo como saldo a favor. No hace falta que el acuerdo inicial sea entre todas las provincias. 

Mientras comience sólo entre las provincias más grandes, inducirá al resto de las provincias más chicas a entrar en este régimen único por el riesgo de quedarse sin recaudación de Ingresos Brutos por las ventas interprovinciales, si es que se mantienen con su parafernalia de las 75 RPA irracionales.

Lo peor de todo de estos 75 RPA de Ingresos Brutos es que conspira contra la digitalización de los pagos y, por esta vía, contra la lucha a la evasión. También conspira contra la competencia entre billeteras virtuales porque obliga a las empresas desarrolladoras a invertir más en programadores para los RPA que para el funcionamiento de la propia billetera. Esto favorece a las empresas de billeteras virtuales más grandes.

Por eso, las provincias -por lo menos, las más grandes y productivas- tienen que ponerse de acuerdo para formar un nuevo Convenio Multilateral con un único impuesto a las ventas provinciales y un único RPA simplificado y racional.

Si las provincias más grandes avanzan, las más chicas se van a plegar a este único impuesto a las ventas provincial con un solo RPA simplificado.

Esto sería una potente mejora para la competitividad y la calidad de vida de las empresas argentinas.

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