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Debate por la dolarización: cerrar la jaula y tirar la llave

Es notable ver cómo algunos economistas no aprenden de los fracasos y proponen repetir (y empeorar) los errores del pasado.

Dólar.
Dólar. Archivo
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Adoptar el dólar como moneda enfrenta un primer y enorme problema: la economía necesita dinero-dólar para funcionar, y el BCRA no emite dólares.

Deberían ingresar dólares a través de una Cuenta Corriente del Balance de Pagos crónicamente superavitaria, un objetivo extremadamente ambicioso.

Si así no fuera, la actividad económica caería en un ciclo recesivo, pues no existiría la oferta de dinero-dólar necesaria para abastecer la demanda de dinero-dólar (transaccional, precautoria y especulativa) de un ciclo expansivo.

Para que el sector externo sea superavitario, Argentina debería ser competitiva con el mundo, es decir, su productividad debe ser (muy) alta en vastos sectores económicos, ya que la herramienta de la devaluación -que permite ganar competitividad- no existiría más, debido a la dolarización. 

Argentina no es hoy competitiva en la mayoría de sus sectores económicos. Y ello sólo puede empeorar en el futuro, porque todo plan de estabilización tarda un tiempo en lograr su meta (tal como pasó con la Convertibilidad entre 1991 y 1994) mientras tanto Argentina acumularía inflación en dólares, y esta inflación acumulada es una pérdida de competitividad de carácter permanente respecto a países de más baja inflación (China, EE.UU., los de Europa), tal como ocurrió durante toda la Convertibilidad.

Este crónico exceso de demanda de dólares se vería a su vez reforzado por la mayor demanda de dólares para importaciones de un ciclo expansivo.

Así, la dolarización desaceleraría la inflación, pero habría una tendencia recurrente al estancamiento o la recesión. 

Para evitar la recesión el sector público podría endeudarse vía Cuenta Capital del Balance de Pagos para conseguir los dólares necesarios, pero esta estrategia tendría una obvia cota superior: el default de la deuda.

Si se desean evitar estos dos costos podrían subirse los aranceles para evitar la demanda de dólares por importaciones. Cerrarse en un mundo globalizado es algo bastante parecido al suicidio.

En síntesis, el beneficio de la dolarización sería la (rezagada) estabilización inflacionaria. Los costos conformarían un menú de calamidades: podríamos elegir entre una recesión crónica, el default de la deuda pública o vivir en el atraso, o una mezcla de todas estas opciones tan creativas. 

Y aún así nada de esto garantiza que no haya inflación en dólares (inercia inflacionaria, suba de tarifas, aumento del costo de la energía, paritarias, y demás).

Déjà vu. El último experimento social (muy) similar fue la Convertibilidad. En esa oportunidad, como abrimos la economía, una de las tres opciones, elegimos las otras dos opciones del menú: recesión y default de la deuda. 

La dolarización funciona como la Convertibilidad, pero peor porque no hay vuelta atrás, es la pérdida definitiva de dos de las tres herramientas macroeconómicas: las políticas monetaria y cambiaria. Es como cerrar la jaula y tirar la llave.
 
Es realmente notable ver cómo algunos economistas no aprenden de los fracasos y proponen repetir (y empeorar) los errores del pasado. ¿La explosión de la Convertibilidad no fue suficiente?

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