Los expertos aconsejan estar sólo en activos muy líquidos

14 de febrero, 2021

Los expertos aconsejan estar sólo en activos muy líquidos

Por Luis Varela

Los tiempos de la crisis siguen marchando. Con 166 millones de vacunados (1,9% de la población mundial), los muertos en catorce meses de pandemia llegan a 2,4 millones y ahora están creciendo al 3,5% por semana, por encima del 2,4% de expansión de los contagios detectados. Estos parámetros surgen por dos causas principales: las nuevas cepas del virus y la desigual aplicación de vacunas en países ricos y pobres, naciones más organizadas y naciones más improvisadas.

Hay países como Emiratos Arabes Unidos o Israel, que ya vacunaron a más del 55% de su población, Gran Bretaña que llegó al 22% o EE.UU. que está en el 15%. Y América Latina está bastante más abajo, con Chile en 8,4%, Brasil en 2% y Argentina en 1,3%, cuando el promedio mundial es del 1,9%: estamos muy atrás en vacunas, y ya llegamos a más de 50.000 muertos.

Con ese proceso como telón de fondo, que plantea el control de esta pandemia, con probablemente una buena parte de la población mundial ya vacunada para mayo o junio, los mercados financieros van reaccionando, al compás de lo que imaginan como los niveles de actividad económica que pueden venir de acá a fin de año. Más rápido o más lento, es espera un nivel de operaciones crecientes y las cotizaciones de muchos productos van resucitando.

Pero una buena parte de la mejora de los precios no obedece a demanda genuina de productos sino a pérdida de valor de las monedas, no solo del dólar, sino de casi todas. En la última semana, por ejemplo, volvió a observarse una tendencia declinante del dólar global. Medido contra monedas principales, el billete verde subió 0,1% en Brasil; pero bajó 0,2% en China, 0,4% en Japón, 0,3% contra el euro, 0,8% contra la libra y el franco suizo y se desplomó nada menos que 2,3% en Chile.

En Argentina una combinación de factores hizo que el dólar estuviera mixto. Por un lado, el Gobierno siguió vendiendo bonos, castigando el precio contado y subiendo la tasa a vencimiento a un récord histórico del 19,5% anual. Y, por otra parte, la amenaza de subir las retenciones aumentó la liquidación de divisas. Y el vencimiento del impuesto a la riqueza en marzo obligará la venta de dólares por parte de los 22.000 contribuyentes alcanzados por ese tributo. Así, el dólar corto se quedó con un balance más equilibrado de compradores y vendedores.

Así, en la semana, el dólar fuga (contado con liquidación) tuvo una suba del 3%; el dólar oficial subió con el crawling peg acostumbrado del 0,7%; el blue no cambió y el más afectado fue el dólar MEP, que bajó 1,3%, por un contra rulo operador por el BCRA con operaciones externas e internas, que se realizan para anclar el dólar como sea, para frenar expectativas inflacionarias.

La gran cuestión es que el tema de la semana no fue el virus, ni las vacunas, ni el dólar, sino la masiva huida de inversores tratando de escapar de la debilidad de las monedas tradicionales, con una demanda de criptomonedas que se multiplica minuto a minuto y que llevó al Bitcoin, la moneda estrella del sector, a rozar los US$ 49.600, con una suba del 42% en medio febrero y del 68% en lo que va de 2021.

La criptoeuforia, que es huida de monedas y de fiscos, despierta fanáticos y detractores. Los adictos al sector saben que las cotizaciones son un sube y baja, pero están convencidos de que el horizonte es alcista.

En cambio, inversores o expertos de renombre, como Warren Buffet o Nouriel Roubini, descreen por completo de estos valores. “No rinden nada, una vez que estás adentro sólo podes quedarte quieto, son una basura”, dijo uno. Y el otro completó: “son una burbuja y al final van a estallar”. En alusión a lo que pasó con cientos de valores en la historia, que se inflaron hasta el cielo, y que luego se desplomaron, como los tulipanes en la Holanda del 1600.

El Bitcoin no es el único valor que se despliega en el panel cripto. Hay más de 1.500 criptomonedas circulando y unas 300 más pidiendo pista. Pero junto con el Bitcoin las más operadas son el Ethereum, el Ripple, el Litecoin, el Neo y el Iota. Y todos están sostenidos porque plataformas o empresas globales muy importantes, como PayPal, Tesla, Apple las empiezan a aceptar como medios de pago. Y hasta la ciudad de Miami las recibirá para pagar servicios y sueldos públicos.

Sea como fuere, muy por debajo del 42% de suba que marca el Bitcoin, el resto de las commodities están mostrando diferentes reacciones frente a la vacunación y al posible cambio de paradigmas con las criptomonedas como formas de pago. El valor que también está subiendo mucho es el petróleo, que acaba de ganar 14% en el mes, gracias a la mayor demanda y al corte de oferta de los árabes, preocupados porque los autos eléctricos vienen marchando.

Bastante por debajo de la suba del petróleo, también tienen su cuarto de hora los metales básicos, porque las industrias empiezan a demandar insumos para ponerse en marcha. Así, el cobre sube 6,5% en el mes y llega al mayor precio en nueve años (desde mayo de 2012), con el aluminio aumentando 5,8% y el níquel mejorando 5,3%, con su mayor valor en siete años.

Para preocupación de la Argentina, las lluvias (con una Niña moderada) en todo el Cono Sur plantea mejores cosechas y los granos pisaron el freno. La soja, que cotizó a US$ 525 dólares hace un mes, ahora se negocia 4% abajo a US$ 504 dólares. Y luego de llenar silos hasta el techo durante todo el año, los productores locales ahora están vendiendo, por lo que el valor promedio de los granos en Rosario acaba de bajar 2%, con un desplome del 9% para el trigo.

Y otro elemento que mueve las hojas de cálculo de los consejeros de inversión tiene que ver con los metales preciosos, que siempre se movieron en línea con la confianza o desconfianza con el dólar y otras monedas. La onza de plata, que en agosto llegó a US$ 29,60, repuntó la semana pasada 0,5%, pero está a US$ 27,35, 7,6% abajo del pico de hace seis meses. Y con el oro es peor: la semana pasada bajó 1,5%, hasta US$ 1.824, 11,8% por debajo del máximo de todos los tiempos de agosto último.

Y otro de los refugios que está siendo puesto a prueba en este momento es la inversión en acciones. Las Bolsas de casi todas partes tuvieron otra semana con mejoras pero en una suba que debe ser mirada con cuidado. En el balance semanal, Santiago de Chile saltó 3,4% (el cobre le da mucho oxígeno), Tokio avanzó 2,6%, Wall Street sigue firme con el Nasdaq 1,7% arriba y el Dow Jones con una mejora del 1%. La Bolsa de Buenos Aires mejoró 0,8% y la de México 0,2%. Pero Frankfurt no se movió y hubo bajas del 0,9% en San Pablo y del 1,9% en Madrid.

Porque, al igual que con las criptomonedas, en su afán por huir de las monedas y conseguir rendimiento como sea, los inversores están tomando posiciones cada vez más riesgosas. Están vendiendo acciones que subieron demasiado y comprando papeles olvidados con potencial, que forman parte de empresas más chicas y, en consecuencia, más inestables y riesgosas.

Así, detrás de estos nuevos máximos de Wall Street empieza a verse algo que muchos de los inversores eufóricos no quieren ver. Amazon acaba de caer 7% y volvió a precios de hace seis meses, Apple perdió 5,5% y volvió a valores de hace 5 meses, Facebook cayó 11% volvió también al valor de hace 6 meses y así con muchas otras compañías. Algo que no ocurre por ejemplo con Microsoft, que se mantiene en máximos, porque acaba de hacer un acuerdo concreto con Volkswagen para construir autos sin conductor.

Detrás de todas las euforias, los consejeros de inversión más serios siguen advirtiendo que los precios actuales de muchos valores no tienen nada que ver con las proporciones históricas y que estamos en la burbuja más grande de nuestras vidas. Por supuesto, son tantos los millennials que compran con un “clic feliz” que nadie puede asegurar cuánto tiempo más durará esta situación. Pero los analistas conscientes avisan y dan un solo consejo: “Hay que estar únicamente en activos muy líquidos para poder vender cuando arranque la corrección. Cuando empiecen las ventas, hay que encontrar a alguien del otro lado dispuesto a meter dinero en algo que se está desbarrancando”.