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Falleció Akira Toriyama: por qué Dragon Ball Z se convirtió en una de las franquicias más exitosas en todo el mundo

Su legado es una obra que reinventó los límites de la animación, permitió el crecimiento cultural del animé y creció junto a niños y adolescentes de todo el mundo, en especial de América Latina.

El artista japonés que creó a personajes como Arale y Goku, murió a los 68 años.
El artista japonés que creó a personajes como Arale y Goku, murió a los 68 años. ee
Pablo Planovsky 09 marzo de 2024

Para toda una generación, Dragon Ball fue mucho más que un animé. Limitar la creación de Akira Toriyama a un fenómeno regional sería un error: Dragon Ball trascendió las fronteras de Japón y conquistó mercados tan distintos como los de América Latina, Estados Unidos y Europa, entre otros. Hasta el gobierno de China emitió un comunicado lamentando la muerte del artista que creó una de las marcas que más influencia ejercieron en la cultura popular en las últimas décadas

Se puede tratar de reducir Dragon Ball en números: creador en 1984, es el segundo manga más exitoso de la historia, teniendo en cuenta todos los productos que derivaron de la historieta original: videojuegos, películas, animé, y mercaderías de todo tipo. Acumula casi US$ 10.000 millones de ganancia en todo el mundo. Como es difícil determinar una cifra exacta, podría cuestionarse si ocupa el segundo o primer puesto (lugar que ostenta Rilakumma) como la franquicia originada en un manga más exitosa de la historia. Más allá de los números, es conveniente contextualizar para explicar por qué Dragon Ball provocó un impacto tan grande en varias generaciones de niños y adolescentes (no solo) en América Latina.

Muchos usuarios escribieron con tristeza sobre la muerte de Akira Toriyama. Varios de esos mensajes tenían un denominador común: la nostalgia. Contaban, por ejemplo, recordar la emoción con la que se ponían a ver el animé después del colegio, con la chocolatada sobre la mesa. La última generación que creció sin internet, sin celulares y con los últimos movimientos del mundo analógico. Para esa generación la voz de Mario Castañeda supo ser una compañía: el actor interpretó al siempre inocente Goku, el alienígena de buen corazón que defiende a la humanidad pese a todo.

Si la descripción de Goku suena parecida a Superman es porque el superhéroe estadounidense se parece bastante, aunque las similitudes nunca fueron reconocidas de manera oficial. En términos económicos, Goku superó a Superman. Es difícil medir si sucedió lo mismo en cuanto a impacto cultural. Goku es una versión de Superman hecha con una sensibilidad distinta: no tiene doble identidad, disfruta pelear contra rivales más fuertes y en líneas generales es un personaje más divertido.

La primera adaptación al mundo del animé llegó en 1986,dos años después de la publicación del manga original. En Dragon Ball Goku era un niño que vivía aventuras fantásticas en territorios donde convivían dinosaurios con monstruos, tecnología futurista y torneos de artes marciales. Pero la verdadera explosión de popularidad llegó con Dragon Ball Z.

Dragon Ball Z se estrenó en Japón en 1989. Específicamente, en Argentina, se estrenó varios años más tarde en el extinto canal Magic Kids. Aunque hoy no lo parezca, comprar los enlatados de Dragon Ball para transmitirlos en una señal de cable que tenía que competir contra canales con más recursos, como Cartoon Network o Nickelodeon, fue una apuesta muy arriesgada. Tom y Jerry podían ser violentos, pero era una violencia distinta, típica de una caricatura para niños. No se comparaba con la violencia peleas que tenía Dragon Ball. No es que fuera el animé más sanguinario o gráfico hasta ese momento: sí fue el primero que encontró el equilibrio necesario para una nueva generación de niños.

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Akira Toriyama pudo crear un mundo con sus propias reglas habitado por personajes carismáticos. La animación del show de televisión trasladó las viñetas del manga para la pantalla chica con éxito. La música, el frenesí de las peleas con personajes que se mueven más rápido de lo que los ojos de los simples mortales pueden seguir, las canciones melódicas adaptadas para la lengua castellana: todo el combo supuso algo novedoso e irresistible para la generación de 1990. Dragon Ball Z no era como ningún otro dibujito: se animaba a ir más allá de los límites que otros no cruzaban. Tenía un estilo propio. Estilo que Hollywood nunca entendió, como evidencia Dragonball Evolución, la película live action que fue un fracaso bochornoso.

Dragon Ball, la nostalgia por un producto que marcó a fuego a una generación

Los juguetes, videojuegos, ropas y hasta figuritas no tardaron en reproducirse entre los colegios de Argentina. El mercado negro también contribuía con esa nueva punta de lanza cultural nipona que penetraba en un nuevo continente. El fenómeno empezó a crecer en todos los barrios.

En la década de los noventa, en Argentina, era común que Magic Kids, llegado determinado capítulo de Dragon Ball Z, reiniciara la serie hasta el primer capítulo. En esa época donde no existía internet, esa era una táctica que le permitía al canal extender la vida útil de la serie, ganar audiencia, y crear una nueva legión de seguidores. 

¿Goku se iba a enfrentar a su archienemigo Freezer en el siguiente capítulo? Magic Kids decidía mantener el suspenso del enfrentamiento y volver al primer capítulo. Había que esperar meses para que la serie volviera al mismo episodio.

También era común que juguetes y videojuegos llegaran a Argentina (y América Latina) años antes que se transmitieran por primera vez en las señalas de televisión locales. El animé llevaba años de ventaja en Japón, pero el mercado no esperaba a la serie. Todo se vendía.

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Una de las publicidades japonesas para el lanzamiento del videojuego Dragon Ball Z: Kakarot, en 2020, mostraba a un hombre asalariado, de traje, entre 30 y 40 años, que llega cansado a su casa. Se afloja la corbata, se pone cómodo en el sillón, toma el joystick e inmediatamente las imágenes del juego en su Smart TV le recuerdan su infancia. El sentimiento, en el comercial, era compartido por varios hombres que recordaban cómo imitaban los peinados de Goku, las técnicas de poder y las poses cuando eran chicos. La misma nostalgia que abundó en las redes sociales ante la noticia de la muerte del autor.

Una buena forma de medir el impacto cultural de un producto es notar que expresiones como "kame-hame-ha" se hicieron comunes para varias generaciones. Otra forma notaría cuántas personas que nunca hayan visto un capítulo de Dragon Ball Z pueden reconocer a Goku. Goku es un ídolo al que hoy rinden homenaje estrellas del deporte, la música y el cine. El Kun Agüero, Duki, Michael B. Jordan, y varios más: los hombres que hoy mueven millones en distintas industrias, antes fueron niños criados en compañía de Piccolo, Gohan, Bulma, Trunks y un largo etcétera.

El debate sobre la presencia del autor en el proceso creativo y el canon

Akira Toriyama no estuvo involucrado en todo el proceso creativo en lo que a Dragon Ball respecta. La figura del creador que es superado por el alcance y masividad de su obra es un debate interesante, en el que no deberían faltar casos como los de George Lucas con Star Wars y J.K. Rowling con Harry Potter, por mencionar ejemplos que también sacudieron la cultura mundial. En el caso de Toriyama, a sus seguidores aman debatir si Dragon Ball GT, la serie que continuó Dragon Ball Z es o no canon, como sucede con muchas películas donde Toriyama casi no se involucró en el proceso creativo. 

La del canon es una discusión obedece más a razones comerciales que creativas, aunque no parezca: en primer lugar, porque en las películas y series no canónicas nacieron algunos de los personajes más queridos por los fanáticos de Dragon Ball. 

En segundo lugar, porque ese debate le permitió a Toriyama volver a involucrarse de lleno en el proceso creativo para reintroducir a esos personajes en la línea temporal ficticia aprobada por su creador.

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Para las últimas sagas narrativas que componen Dragon Ball Z, Toriyama ya estaba cansado de su propia creación. Algo similar a lo que sucedió entre George Lucas y Star Wars después de hacer las precuelas. Toriyama no podía ponerle fin a su historia, porque movilizaba a millones (de personas y dólares). Cuando pensaba en concluir un arco dramático o cambiar al protagonista (Gohan iba a suplantar a Goku como el héroe de la historia después de derrotar a Cell, el enemigo de la tercera saga de Dragon Ball Z) tenía que reconsiderar sus propias decisiones narrativas. Goku era inmortal porque el público así quería que fuera. 

El cansancio de Toriyama se hizo más evidente en la última saga de Dragon Ball Z, la saga de Majin Buu, donde parece querer recuperar parte del espíritu inocente de Dragon Ball en contraste con el tono serio que había cultivado Dragon Ball Z. 

La serie tuvo 291 episodios y concluyó en 1996, en Japón. Pero estaba lejos de quedarse sin combustible. Al contrario, la ola en todo el mundo recién empezaba a formarse en esa fecha. Pasados los años, Magic Kids, el canal para los chicos, desapareció. Pero fue pionero en transmitir animé en Argentina. En las décadas posteriores Dragon Ball Z llegó a ocupar la grilla de canales como Cartoon Network.

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La popularidad de Dragon Ball no estaba en peligro cuando, en 2015, Toriyama volvió a escribir nuevos mangas, ahora bajo el título de Dragon Ball Super. 

El interés en la serie volvió con toda la furia. En México, para la culminación de la saga del torneo del infinito, se instalaron pantallas gigantes en espacios públicos donde se reunieron cientos de personas para ver a Goku y su archienemigo, Freezer, unir fuerzas para derrotar al nuevo villano, Jiren. Dragon Ball Super: Broly, la película estrenada en 2018, prueba que la discusión sobre qué es o no canon es más que nada una estrategia comercial: Broly, uno de los villanos más icónicos de la franquicia, había aparecido por primera vez en 1993, en una película oficial pero "no canónica". Cuando se estrenó la nueva versión que lo canonizaba, bajo la supervisión de Toriyama, los cines se llenaron. La película más exitosa en taquilla de toda la franquicia, probaba que había un nuevo negocio bajo la discusión del canon.

Akira Toriyama, quien además del manga, diseñó los personajes de videojuegos clásicos como Chrono Trigger, recibió saludos de algunos de los artistas japoneses de manga más importantes de la historia, como Eiichirō Oda, el creador de One Piece, y Masashi Kishimoto, el autor de Naruto. 

Su obra lo va a inmortalizar como uno de los grandes nombres de su medio. 

Aunque nunca dijo haberse inspirado en ellos, reinventó el código de los superhéroes, que habían nacido en Estados Unidos, y lo readaptó acorde a su sensibilidad japonesa. Como los grandes autores, imprimió su sello distintivo y cautivo a miles de millones en todo el mundo. 

Más allá de las razones económicas, su legado va a perdurar (y continuar) para inmortalizar su nombre. 

El cielo resplandecerá a su alrededor.

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