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Cine

Estreno de Argentina 1985: la historia, el relato y el thriller

Un relato de género alrededor del juicio a la junta militar de la dictadura, producida por Prime Video para proyección internacional y hecha para cosechar premios

Pablo Manzotti Pablo Manzotti 29-09-2022
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“Nos resulta particularmente bello y hasta poético que una película que habla de la democracia resulte ganadora en una votación popular. Es algo hermoso, una linda señal y me llena de orgullo, en un momento donde pareciera que está creciendo, tal vez, demasiado algunos discursos que no respetan tanto los valores democráticos”. 

Con estas palabras, Ricardo “Chino” Darín agradeció el fin de semana pasado en el escenario del Festival de Cine de San Sebastián el premio del público que obtuvo Argentina 1985, la película que lo tiene como uno de los productores. Protagonizada por su padre, Ricardo Darín, el film sigue las instancias previas y presentes del juicio histórico a las Juntas Militares que se llevó adelante, precisamente, en el inicio de 1985. 

Lo primero para señalar es que se trata de una buena película. Por momentos, muy buena. 

El guión sólido, perfectamente dosificado en matices que ofrece Mariano Llinás, es un campo fértil para que se destaque el buen pulso narrativo de Santiago Mitre. 

Mitre tiene, claramente, un genuino interés en trabajar en los procesos de desarrollo político en sus ficciones. Lo hizo en El Estudiante, su ópera prima, siguiendo los pasos del devenir político en los pasillos de los claustros académicos. Repitió la apuesta a la gran escala con la excelente La Cordillera, dónde elige a Darín por primera vez para plasmar las dificultades de conformar un proyecto colectivo en el marco de una cumbre de mandatarios sudamericanos. 

Pero, más allá del reflejo de lo superestructural, Mitre se detiene en las contradicciones internas de sus personajes, en la intimidad que concentra ese paso previo al salto al abismo. Y eso, claramente, está trabajado en Argentina 1985. 

Aprovechando el oficio y magnetismo de Darín frente a cámara toma la figura del fiscal al que personifica, Julio Cesar Strassera, como el héroe de la historia. 

Pero no como un héroe absoluto, sino como un abogado gris al que las circunstancias excepcionales se le presentan a la puerta de su despacho. Y tiene la oportunidad de hacer historia, de llegar a ese momento del alegato para quedar en los libros con su frase, “Señores Jueces: Nunca Más”. 

Ahí es dónde aparece la narrativa clásica (todo el cine de Mitre se puede tomar como un ejercicio que transita sobre el paradigma del cine clásico americano de los setenta) para tejer un thriller que cautiva, que, más allá de conocer el resultado, “engancha” al espectador en el devenir del relato. 

En esa línea de análisis se puede citar como faro comparativo el trabajo de Alan Pakula en 1976 para Todos los Hombres del Presidente, la película protagonizada por Dustin Hoffman y Robert Redford que sigue las alternativas del caso Watergate y la caída de Nixon. Los diálogos, los encuadres cerrados, el aprovechamiento de locaciones interiores ofrecen un ejercicio que bien puede servir de marco analítico. 

La producción y la historia del cine testimonial argentino

Un detalle, para nada menor, es que Argentina 1985 sale al mercado como una producción de Amazon Prime Video. Es una película “desde” una plataforma que tendrá un paso fugaz por las salas cinematográficas (tres semanas) antes de que recale como oferta de contenido en el servicio VOD. Esto supone una ventaja destacable como es su proyección internacional. Quizá, también, es lo que habilita marcar su mayor defecto que es el subrayado excesivo de determinadas acciones. Una sobre explicación innecesaria que solo se entiende por la necesidad de acceder a un público global desde una temática muy local. 

Otra variable que entró en juego con la producción por parte de Amazon y que sucede con todas las plataformas que financian proyectos cinematográficos: pone en tensión a la industria tradicional. Particularmente al estreno en salas cinematográficas. Las VOD ofrecen un gap, una ventana de tiempo antes de sumar ese contenido a su oferta, de pocas semanas para que las salas de cine tengan exclusividad. 

Esto hace que se generen diferentes tipos de “boicots” y que las salas con más poder, los complejos multinacionales (Cinemark, Cinepolis, Showcase), no acepten el acuerdo. 

Esa actitud negativa, paradójicamente, genera una acción positiva que beneficia a las salas cinematográficas de menor envergadura y movimiento económico que cuentan (y aprovechan) la exclusividad de esas semanas. 

Y hasta extienden la vigencia a pedido del público (como sucedió con la película El Irlandés de Netflix que continuó en los cines del complejo Devoto luego de que la plataforma la ofreciera al mundo).

En el marco de la historia del cine argentino, la película de Mitre y Llinás se sube a un andar bastante transitado: revisar los años setenta y primeros ochentas, la dictadura y sus consecuencias. Fue una temática que atravesó a todo el cine vernáculo en los primeros años de democracia, posterior a 1983. Con producciones disímiles, tanto en calidad como en subtemática. 

Desde La Noche de los Lápices hasta la oscarizada La Historia Oficial, pasando por Los Chicos de la Guerra o El Exilio de Gardel, el abanico se abrió en un compendio que sumó capítulos y equipos de producción a una lectura constante de la historia reciente. Con el paso del tiempo aparecieron abordajes diferentes, sobre todo, desde el cine de género como es el caso de películas como Kamchatka, Koblic o Crónica de una Fuga, de Adrián Caetano. 

Quizás en esta última línea hay que leer la evolución de las producciones hasta llegar a Argentina 1985. Es un ejercicio interesante y, por qué no, hasta necesario. 

// Cuándo se estrena Argentina, 1985 y en qué cines se puede ver

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