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El fracaso de Profesión Peligro y el estado de la industria del cine

La película de acción con Ryan Gosling y Emily Blunt fracasa en el objetivo para el que fue diseñada: llevar gente al cine. Pero la industria quizás deba reevaluar las expectativas para considerar a una película como un éxito (o fracaso) de taquilla.

Profesión Peligro, una película de acción con Ryan Gosling y Emily Blunt.
Profesión Peligro, una película de acción con Ryan Gosling y Emily Blunt. .
Pablo Planovsky 08 mayo de 2024

Los ojos de los expertos en la industria del cine estaban puestos sobre Profesión Peligro. En teoría, es una película que debería vender entradas: una comedia de acción protagonizada por Ryan Gosling y Emily Blunt

Pero más allá de las apariencias se jugaba un partido más importante para Hollywood: su estreno marcó la primera vez en 19 años que una película original abrió la temporada de blockbusters. Es decir: una película que no es de superhéroes, no es una remake (aunque está libremente basada en una serie de televisión de los ochenta), no es parte de ninguna franquicia ni es una secuela, fue la punta de lanza para la temporada vende en Estados Unidos en el año. 

Su primer fin de semana no fue catastrófico, pero estuvo cerca. Profesión Peligro recaudó US$ 23 millones en Estados Unidos. Para una película que costó US$ 130 millones, recaudar US$ 200 millones a nivel mundial (una estimación probable, teniendo en cuenta los números que hizo los primeros días) no es suficiente. Quizás ni siquiera logre recuperar los costos invertidos contando los gastos de marketing. Para algunos, esta es una señal de alerta roja para el cine. No es tan así.

Algunos analistas creen que este fracaso significa que el público no quiere ver películas con ideas originales en el cine. No es tan cierto: Con Todos Menos Contigo, la comedia romántica con Sydney Sweeney y Glenn Powell fue un éxito. Encontró a su público y llevó a las salas un poco más también. Recaudó US$ 218 millones a nivel internacional, un número similar al que podría tener al final del recorrido Profesión Peligro. Pero la gran diferencia es que Con Todos Menos Contigo costó... US$25 millones. 

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Se podría suponer, entonces, que el gran problema de Profesión Peligro fue el presupuesto. Sí... y no. Godzilla x Kong fue un poco más cara, pero no tanto (US$ 150 millones), y lleva acumulados US$ 546 millones. Es interesante notar que la crítica fue mucho más benévola con Profesión Peligro que con Godzilla x Kong (tanto en Metacritic como en Rottentomatoes la película con Ryan Gosling tiene mejor promedio crítico que la de los monstruos gigantes). Pero el público no respondió de la misma manera.

Profesión Peligro no parece tener un boca a boca extraordinario ni terrible. En IMDb tiene 7.3/10 y en Letterboxd, 3.6/5. Aunque el estudio intentó capturar el relámpago en una botella que fue el estreno simultáneo de Barbie y Oppenheimer (justamente, con los dos actores de esas películas), en las redes sociales casi no hay posteos relacionados con la película. Ni siquiera memes.

¿Ya no convocan las estrellas?

Nadie duda de la capacidad que tienen como intérpretes Ryan Gosling y Emily Blunt. Los dos fueron nominados al Oscar y protagonizaron una cantidad considerable de películas que son queridas por el público. Pero ninguno de los dos pudo evitar el fracaso de Profesión Peligro.

El caso de Gosling es todavía más llamativo que el de Blunt. Menos de tres meses atrás todos estaban festejando su número musical como Ken en la ceremonia del Oscar. Es un actor muy querido en las redes sociales. 

¿Por qué su sola presencia no basta para vender entradas? Su filmografía tiene altos y bajos, por lo menos a nivel comercial: Drive, Solo Dios Perdona, La La Land y Barbie lo perfilaron como un actor rentable. Las tres superaron, con mucha diferencia, lo que costaron. Pero, por cada una de esas, Gosling tiene películas que fracasaron en taquilla: El Primer Hombre en la Luna, Dos Tipos Peligrosos, Blade Runner 2049 y Profesión Peligro.

El caso de Emily Blunt no está muy lejos de Gosling. Se podría argumentar, en defensa de Blunt y Gosling, que hoy las estrellas de cine no parecen tener demasiado peso a la hora de convocar al público general a las salas. El caso paradigmático es del de Tom Cruise: no estuvieron tan errados los que supusieron que él había sido la razón del mega éxito de Top Gun: Maverick (la película que, en palabras de Spielberg, "salvó el culo de Hollywood"). Pero su sola presencia no fue el factor decisivo para vender entradas: el fracaso comercial de Misión Imposible: Sentencia Mortal, apenas un año después de Top Gun 2, prueba que otros factores incidieron en el suceso de Maverick.

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La primera lección que dejan estos casos testigos es que hoy no basta con tener a actores que generen tráfico online y sean queridos, para llenar las butacas de los cines. Al contrario, si la película no genera ningún tipo de interés en los espectadores más casuales, la gente no va a verlos al cine y (en todo caso) prefiere esperar a verlos en streaming. Esta tendencia contra el poder de las estrellas tiene sentido: el siglo pasado el cine era un lugar sagrado para ver a los más famosos de Hollywood. Hoy, en la era de internet, cualquiera de ellos está a dos clics de distancia en todo momento. Si el espectador va a pagar para verlos exige que los acompañe una historia que genere algún tipo de atractivo.

Por más cariño y premios que hayan generado películas como Babylon y Los Fabelman, el público les dio la espalda cuando se estrenaron en los cines. Ninguna de las dos pudo recuperar los costos de producción. Tienen algo en común: son películas sobre el detrás de escena de hacer cine, como Profesión Peligro. 

Hay varias posibles lecturas: fracasan porque ni siquiera los cinéfilos van a verlas (o sí van, pero el público cinéfilo es tan pequeño en todo el mundo que ni mueve el amperímetro de las ventas), o fracasan porque al espectador común no le llama la atención este tipo de propuestas. Puede ser una combinación de ambas hipótesis. Como señaló el director y periodista Sebastián Tabany en X, al público no lo motiva ir al cine para ver películas que se miran el ombligo.

¿El público quiere contenido original o franquicias?

Después de la pandemia, el mundo del cine no volvió a ser el mismo. Para bien y para mal. Para bien, porque no sucedió lo que se vaticinaba: la muerte del cine a causa del streaming y la monopolización de las salas por parte de Disney. El streaming está explotando como si fuera una burbuja, como predijo James Cameron, y Disney está colapsando por su propio peso. El cine, contra todo pronóstico, volvió a ser masivo con películas como Oppenheimer, Super Mario Bros. y Barbie. 

Para mal: los hábitos de consumo (para usar una palabra que cineastas como Scorsese detestan), cambiaron. En el panorama actual, que algunas películas de cine independiente logren ser rentables es una hazaña destacable. 

Que películas de presupuesto mediano consigan tener éxito es casi un sueño. Pese a la buena recepción de la crítica y el público, Desafiantes, una película protagonizada por Zendaya, difícilmente consiga superar los US$ 100 millones en todo el mundo para cubrir costos de producción (US$ 55 millones) y publicidad. Es decir, cada vez se hace más difícil producir cine de presupuesto mediano.

Pero el caso de los tanques de taquilla también es novedoso. Sacando al cine de superhéroes y las remakes infantiles, todo gobernado los últimos años de la década pasada por Disney, ahora es muy extraño que una película supere los US$ 1000 millones a nivel mundial. Algo que en la década pasada parecía ser la norma para los blockbusters.

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Duna: Parte Dos, pese a los laureles que recibió de parte de la crítica y los puntajes altísimos que ostenta en IMDb y Letterboxd (en ambos sitios ya está calificada como la mejor del año) apenas va a pasar los US$ 700 millones a nivel internacional. La película está lejos de ser un fracaso, considerando que costó US$ 190 millones. Una película que aparentemente gusta mucho al público, recibió laureles de la crítica, protagonizada por actores como Timotheé Chalamet y Zendaya, y está diseñada como un espectáculo para ser visto en el cine, probablemente no supere los US$ 800 millones.

La industria de Hollywood tiene que tener cuidado con la lectura de Duna: Parte Dos, que fue un éxito, pero no el tipo de éxito que se acostumbraba cuando todos los planetas (público y crítica para un tanque de Hollywood) parecían alineados. No es un caso del todo nuevo: en estos últimos años, Sin Tiempo para Morir, Batman y Rápidos y Furiosos X también terminaron recaudando entre US$ 700 y 800 millones

Todas están lejos de lo que habían recaudado títulos previos de sus respectivas franquicias: Skyfall, El Caballero de la Noche Asciende y Rápidos y Furiosos 8 habían superado los US$ 1000 millones. 

¿Se agotó el público de ciertas sagas? Puede ser, pero esa lectura admite otra teoría que no la suprime: salvo casos excepcionales como los de Top Gun: Maverick, Super Mario Bros., Avatar: El Camino del Agua, Barbie y Oppenheimer, Hollywood no debería esperar que cualquier película, aunque sea un tanque de taquilla de una franquicia, se acerque o supere los US$ 1.000 millones. 

Hollywood reajusta expectativas comerciales

Quizás el cine tenga que acostumbrarse a nuevas cifras. Hace 13 años, si una película costaba US$ 120 millones y recaudaba US$ 609 millones, se consideraba una decepción, como sucedió con Una Aventura Extraordinaria. Hoy cualquier película de ese presupuesto que alcance la misma cifra sería festejada. La industria está bajando la vara de lo que considera un suceso comercial. No es algo que esté bien o mal: los nuevos números seguramente van a repercutir en la cantidad de dinero que estén dispuestos a invertir los estudios en cada título. Cada vez parece más difícil que se le dé luz verde a proyectos que costaron más de US$ 200 millones, como las películas de Marvel o las últimas de Scorsese.

Hay un caso excepcional que puede (tal vez ya lo haya hecho) afectar cómo Hollywood puede salir de esta bola de nieve de películas que cada vez cuestan más y recaudan menos. Godzilla Minus One costó menos de US$ 15 millones y recaudó arriba de US$ 100 millones con un estreno mundial muy limitado a ciertas regiones. Los japoneses con muy pocos recursos (no solo en comparación con Hollywood) se llenaron los bolsillos. 

¿Es posible que Hollywood logre financiar tanques que cuesten menos de US$ 100 millones, para tener como objetivo superar los US$ 400 millones? Hoy resulta muy difícil pensar algo así, pero tal vez en los próximos 10 años no sea algo tan fuera de lo común. 

Para entender por qué la industria está cambiando, hay que prestar especial atención al público que no suele ir mucho al cine. Saber qué es lo que elige (y por qué) ir a ver fuera de la comodidad de su casa. En todos los casos antes mencionados, que se acercaron o superaron los US$ 1.000 millones, se trató de películas-evento. Evidentemente, pese a todos los laureles, Duna: Parte Dos, no lo fue.

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 ¿Habrá, este año, películas-evento? Probablemente solo dos: Deadpool & Wolverine y Joker: Folie à Deux. Casualmente, el resultado de ambas determinará cuánta vida le quedan a los superhéroes. Si cada una supera los US$ 1.000 millones, seguramente Marvel y DC recuperen cierto entusiasmo para producir más. Si ninguna lo supera, el panorama será muy parecido al de una fiesta que terminó hace rato, aunque algunos invitados sigan bailando sin darse cuenta.

¿Significa el fracaso de Profesión Peligro un golpe letal para el cine que no es parte de ninguna franquicia, remake o secuela, sino que está basado en una idea original? No necesariamente. Una hipótesis mucho más simple que todas las anteriores también es posible para explicar la situación de Profesión Peligro: siempre en la historia del cine hubo eventuales fracasos de taquilla. Y no es el fin del mundo, ni del cine.

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