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5 series y películas para ver este fin de semana

Una selección con las series y películas recomendadas para este fin de semana.

Las 5 mejores películas y series para ver este fin de semana.
Las 5 mejores películas y series para ver este fin de semana. El Economista
Oscar Mainieri 26 enero de 2024

1. Película para ver en cines: Anatomía de una caída

¿Sandra mató a su marido?

Es lo que sospecha la policía, por lo que deberá enfrentar un juicio. Era la única que estaba en la casa cuando Samuel cayó de un tercer piso. El hijo -un muchacho de 11 años con un serio problema de visión- justo había salido a caminar con su lazarillo.

¿Sandra es una manipuladora?

Oculta información a la policía sobre unos moretones en el brazo. Contrata como abogado defensor a un ex amante -muy parecido físicamente al difunto y que no tiene muchos éxitos en su legajo- que todavía siente algo por ella. Acosada por las preguntas del fiscal puede cambiar de idioma -es una alemana viviendo en los Alpes que se comunicaba fluidamente en inglés con su esposo francés y tenía problemas para manejarse en la lengua de él, escritor como ella pero ocupado en las tareas de la casa y en la crianza del hijo debido a su falta de éxito profesional.

Anatomía de una caída es un thriller y un drama tribunalicio en donde reina la ambigüedad, en el que se juzga la conducta de una mujer de convicciones fuertes, triunfante en su carrera y muy sólida al poner límites a su conyugue. A medida que la batería de pruebas de los especialistas arrojan más dudas que certidumbres la conducta de la sospechosa ocupa un primer plano en el tribunal. Como en La verdad (Henri-Georges Clouzot, 1960), en donde una licenciosa Brigitte Bardot (en la que quizás sea su mejor película en cuanto a calidad) venía de las provincias a la gran ciudad y mantenía una conducta sexual muy desprejuiciada para la época con diversos hombres hasta asesinar a uno, el tribunal se centra en su actividad sexual en lugar del homicidio y sus causas.

También hay más de una similitud entre el film de Trier y Anatomía de un asesinato (1958), el clásico de Otto Preminger, en donde una bella Lee Remick desafiaba la temperancia de los varones con sus pantalones y jerseys ajustados a pesar de estar casada con el sargento interpretado por Ben Gazzara.  

Los parecidos no se agotaban en el título sino también por la presencia de una mascota que jugaba un papel fundamental en el relato y la explotación por parte de la defensa de la sexualidad briosa de la mujer para desplazar la atención del jurado sobre el accionar homicida del marido.

Aquí, hay un niño que puede quedar en la orfandad y es capaz de crear relatos muy convincentes (hijo de tigres) y persuasivos. Hay un perro que es el sustituto de Samuel de maneras muy diversas: ocupando un lugar en la cama de Sandra, vomitando como una vez el progenitor lo hiciera.

Anatomía de una caída es uno de los films más importantes del año. Muy entretenido pese a su extensión, ofrece la disección de un matrimonio en donde las cosas se vuelven turbias desde la inacción de uno de sus miembros, y exhibe lo problemático que puede ser establecer una verdad para la justicia de los hombres. 

La directora Justine Trier -con pocos antecedentes de valía- realiza una labor impresionante, esquivando los lugares comunes de este tipo de films aun desde la puesta en escena, con alardes de montaje y movimientos de cámara inesperados, y concibió junto a su pareja (Arthur Harari) un guion pleno de sutilezas, en donde un flashback poco convencional arroja luces y sombras sobre el caso, como lo hacía Billy Wilder en la famosa Testigo de cargo (1958).

La actriz Sandra Huller ya había destacado como el personaje de la hija deshumanizada, empleada de recursos humanos de una empresa multinacional que se ocupaba de dejar sin trabajo a muchos en países poco desarrollados, que había perdido el lazo afectivo con su grotesco padre -un miembro del Partido Verde de los años 70- en Toni Erdmann (Maren Ade, 2016). Aquí su semblante es tanto un friso de emociones contradictorias como una tabula rasa, resulta difícil de leer para el espectador. El personaje fue concebido a la medida de sus cualidades interpretativas por los guionistas desde el origen del proyecto.

Anatomía de una caída ganó la Palma de Oro en el último Festival de Cannes (el perro Messi también ganó el premio a la mejor mascota). Está nominada para 5 Oscars: Mejor película, directora, actriz, guion original y montaje. Se merece cualquier galardón que pueda obtener. Imperdible.

2. Serie para ver en Apple TV: Slow Horses

La segunda temporada de esta excelente serie vino con un aire más jamesbondiano; mucho más presupuesto, clímax con una torre ultramoderna en pleno Londres a punto de ser atravesada por una avioneta. 

La tercera no desdeña las acciones espectaculares, pero el conflicto se vuelve intimo cuando uno de los miembros de El refugio resulta secuestrado por miembros sublevados de una compañía privada de seguridad que busca ajustarle las tuercas al MI5.

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De hecho, el primer episodio se inicia con unas espectaculares vistas de Estambul en donde sucede una impresionante persecución; el segundo, incluye una carrera contra el tiempo por medio Londres para acceder a un informe secreto antes que venza un plazo.

También se dirimen luchas internas en la jefatura del MI5, entre dos mujeres súper poderosas, que juegan una delicada partida de ajedrez mientras degustan un vino añejo.

Los últimos dos episodios tienen escenas de acción en donde se gastan más tiros que en todo el Scarface de Brian de Palma, lo que no es poco decir. 

Por suerte, el andamiaje en que esto se sostiene es sólido y las intervenciones de Jackson Lamb (Gary Oldman), más desgreñado y pedorrero que de costumbre, y de River Cartwright (Jack Lowden), se ven sazonadas con el humor cruel en guiones bien estructurados, que no dejan de lado la emoción más profunda. Valgan como ejemplos el trato de River hacia su abuelo (Jonathan Pryce, el Perón de la Evita de Madonna) y la dura pero realista pinchadura de ilusiones que ejecuta Lamb en las escenas finales. Se viene una cuarta temporada de la mejor serie de espionaje actualmente en plataformas. Imperdible. 

3. Miniserie para ver en Prime Video: Carlos

Esta biografía en tres episodios del terrorista "Carlos", una luminaria de la primera plana de los diarios en las décadas de los años 70 y 80, deslumbra mediante la ajustada dirección del francés Olivier Assayas y la inolvidable interpretación del venezolano Edgar Ramirez.

 Nacido en 1949 bajo el nombre de Ilich Ramírez Sánchez, conocido como "Carlos, el chacal", este guerrillero y terrorista venezolano fue miembro del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) y, posteriormente, de un grupo armado por él mismo. Fue educado en un campo de entrenamiento cubano y en la universidad Lumumba de Moscú.

Financiado por diversos países - la antigua URSS, Alemania Oriental e Irak- su atentado más famoso fue su incursión en una asamblea de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) en Viena en 1975. Comandando un grupo de 5 individuos, tomó 42 rehenes y exigió que un avión los trasladase a Algeria. Los vieneses cumplieron con sus demandas y él ganó notoriedad internacional. 

Assayas describe en detalle el derrotero de Carlos, desde que es un jovencito que se admira desnudo frente a un espejo portando su arma, hasta la detención por los franceses en 1994. Si bien lo describe como un ídolo pop, toma la distancia suficiente como para destacar que más que los ideales anti burgueses lo que lo motivaba eran las ansias de poder, una vanidad sin fronteras, un apetito insaciable por las mujeres, las buenas bebidas y comidas.

Entre atentado y atentado, este mercenario podía hacerse un tiempito para hacerse una lipoaspiración para eliminar los flotadores, someter mujeres a sus deseos más arbitrarios y sumar más muertos a su prontuario. 

Con el atentado contra la OPEP como centro de su miniserie, Assayas no pierde las riendas del relato, apoyado por el prodigioso Edgar Ramírez, un actor que puede representar distintas edades sin aditivos artificiales, que habla con fluidez 5 idiomas. Al mismo tiempo, el director brinda un retrato de las complejas relaciones que alimentaban e incentivaban el terrorismo internacional durante aquellos años turbulentos. 

Con espectaculares escenas de acción y erotismo, Carlos merece verse.

4. Película para ver en Apple TV: Los asesinos de la luna

Desplazados de sus territorios originarios por las fuerzas del "progreso", los aborígenes de la tribu Osage finalmente recalaron en Oklahoma. Al poco tiempo eran millonarios, las entrañas de esa tierra anidaban ingentes cantidades de petróleo. 

La Nación Osage pronto fue invadida por cuervos de piel blanca dispuestos a la estafa y el homicidio con tal de apropiarse de sus bienes. Uno de estos bicharracos es el alcalde William Hale (Robert De Niro), que ha armado una organización mafiosa con miembros de su familia, abogados, médicos forenses y asesinos a sueldo que colaboran cuando se trata de mandar al otro mundo al depositario de una fortuna, ya sea con venenos que los van consumiendo o de un tiro ramplón.

Basado en hechos reales, el guion de Martin Scorsese y Eric Roth hace foco en la relación de un sobrino del alcalde, recién llegado de la primera guerra mundial, que se casa con una aborigen.  Ernest Burkhart (Leonardo Di Caprio) sabe que le gustan el dinero y las mujeres, pero tiene pocas luces y es fácilmente manipulable por su tío. Su casamiento con Mollie (Lily Gladstone) deriva en el mismo conflicto que tenía el personaje de Harvey Keitel en Calles peligrosas (1973), el film que impuso en el mundo del cine a Scorsese como una fuerza arrolladora por su creatividad y capacidad expresiva. Ése muchacho católico se debatía entre sus ansias de progresar como mafioso y cuidar de su familia, tareas de a ratos antitéticas.

Aquí el drama sucede porque Ernest ama a su mujer, y porque Mollie intuye -mientras varios miembros de su familia mueren envenenados, asesinados de la manera más artera, o detonados con casa y todo- lo que es capaz de hacer su marido por el dinero.

Mollie es el centro moral de la narración, con una templanza imperturbable. También es el personaje que provoca los giros del guion, cuando contrata a un detective privado y cuando se traslada a Washington para hablar con el presidente Coolidge. Con ambas acciones desafía a los patriarcas, que presionaran para que sea la próxima víctima.

Si bien el ritmo es pausado Scorsese se encarga de que no nos aburramos durante las 3 horas y pico del metraje con una plétora de recursos expresivos muy bien utilizados. La música del difunto Robbie Robertson añade una capa de tensión subyacente a los hechos narrados. La fotografía de Rodrigo Prieto, sin ser preciosista, regala imágenes admirables. El montaje de la fiel colaboradora Thelma Schoonmaker nos escamotea información que será revelada más adelante. 

Hay planos secuencia deslumbrantes -cuando Anna, la hermana descarriada, llega a la casa de Mollie-; alucinaciones como las que sufría Travis Bickle en Taxi Driver o Jake LaMotta en El toro salvaje, cuando tanto la madre como Mollie ven aproximarse la muerte metaforizada en un búho. En fin, varias de las marcas de fábrica del maestro, que gusta mezclar lo realista con lo expresionista.

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Nadie va asombrarse con las dosis de violencia representada, ni con las interpretaciones de De Niro y Di Caprio, los dos actores fetiche del director. Si llamarán enormemente la atención la delicadeza y la serenidad con las que Lily Gladstone dota a su personaje. Y también la aparición del mismo director en un programa radiofónico que, al simplificarlos, ridiculiza los hechos narrados para la mayoría blanca, como lo hiciera por décadas el cine estadounidense clásico.. 

Aquí Scorsese no hace un "cameo" como en sus films iniciales. Al igual que en Taxi Driver pone el cuerpo ante las cámaras e interpreta un personaje. A los 81 años siente culpa porque estos eventos hayan sucedido en su país, la misma culpa que comparten los personajes de Harvey Keitel -en Calles peligrosas- y de Di Caprio en este film. 

Los asesinos de la luna ha sido nominada para los Oscars a mejor película, director, actriz, actor de reparto (De Niro), banda sonora original, canción, fotografía, diseño de producción, diseño de vestuario y montaje. El reconocimiento es merecido.

5. Miniserie para ver en HBO Max: Veneno

En esta miniserie de 8 episodios, Los Javis —un matrimonio conformado por los juveniles Javier Calvo y Javier Ambrossi— se proponen metas más ambiciosas que las logradas por su Paquita Salas, una serie de tres temporadas que desfilara por Netflix y trataba sobre una representante de artistas de suerte esquiva, interpretada con gracia elocuente por Brays Efe. Aquí se trata de dar cuenta del recorrido de Cristina Ortiz por este mundo a medida que ella misma se lo va contando a su biógrafa Valeria (interpretada por la actriz trans Lola Rodríguez, de asombroso parecido a Juana Viale), con una dosis de imaginación a veces un tanto exacerbada.

Valeria irá escribiendo y vivenciando las idas y vueltas de La Veneno, enfrentando también el proceso de transformación de su propio cuerpo mientras pasa de ser un joven adolescente incómodo con el género que le fue asignado por la sociedad a una bellísima mujer.

Esta estructura de doble andarivel tiene ventajas (la ruptura constante en el orden de la cronología de la historia de La Veneno, la inclusión de su punto de vista que exaspera cada cuestión más allá de la exageración) y desventajas (editoriales un tanto didácticos con bajada de línea desde el punto de vista más objetivo de Valeria, inevitables en este tipo de narraciones).

El descubrimiento de La Veneno (interpretada a lo largo del desarrollo del personaje por un par de actrices transgénero: Isabel Torres y Daniela Santiago), una noche de 1996, en el parque del Oeste de Madrid (una especie de bosque de Palermo) donde ejercía la prostitución por parte de una periodista (excelente Lola Dueñas) tiene algo de la seducción de las heroínas de Nippur de Lagash; se la muestra como una suerte de inmensa odalisca con los pechos al aire y una larga cabellera lacia, que destaca en presencia y belleza por encima de sus más modestamente producidas compañeras.

El encanto exótico se quiebra cuando abre la boca y brota una retahíla de tacos teñidos del acento de su nativa Adra, una localidad en Almería en la que se paseaba como Joselito, despertando la vocación por el bullying de muchos de sus habitantes.

La periodista la lleva al programa donde trabaja -"Esta noche cruzamos el Mississippi"- y logra con su presencia picos de encendido muy altos. Sin la fineza de nuestra Cris Miró, pero dueña de un desparpajo y una lengua filosa más diestra que la de Flor de la V, es contratada y, a poco, confrontada con su madre en cámara, que se quedó en el Joselito y no acepta su nueva identidad. Conoce al italiano de nariz tan desmesurada como su dote que será su pareja, su manager y su cruz, y además le enseñará usos poco habituales del horno a microondas. Será amparada por otra compañera de correrías -Paca La Piraña, que se interpreta a sí misma en la serie- en su triste y prolongada decadencia, que incluye diversos tipos de estafas y hasta una condena en prisión. Adoptará simbólicamente a su biógrafa y sufrirá una muerte que todavía hoy alimenta sospechas.

Todo lo que antecede y mucho más es manejado con arte de equilibristas por Los Javis, que se van constituyendo en herederos de Almodóvar en cuanto a las sobredosis de camp y rigor en la puesta en escena, aunque un tanto descafeinados en el tratamiento de sus temas. Además de subrayar la explotación de los medios de comunicación y levantarle un monumento a La Veneno como figura de avanzada en el mundo LGBTQ+ de España, logran situaciones que son capaces de producir emociones muy intensas y carcajadas brotadas del esperpento más desequilibrado, sin descuidar la humanidad de sus personajes. No es poco.

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