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¿Cambiará de rumbo Argentina?

Si "una Argentina distinta no es posible con los mismos de siempre", con muchos de los mismos de siempre, la Argentina no será distinta. Claro que necesitamos un verdadero "cambio de rumbo" porque hace medio siglo que estamos acelerando el "de colisión", y más cerca de chocar.

El presidente Javier Milei y su hermana y flamante secretaria general de la Presidencia, Karina Milei.
El presidente Javier Milei y su hermana y flamante secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. ee
Carlos Leyba 15 diciembre de 2023

Así terminaba la nota de L. Olariaga: un balance de la Argentina de 1925. La misma que Milei, ignorando estadísticas, imagina como la más rica del mundo y a la que aspira volver. El horizonte de Milei es utopía del pasado. 

Visionario, señalaba que "Acaso la Argentina necesite...la enérgica reacción que modifique sus tendencias... (y) tenga que sufrir antes las consecuencias de la crisis económica de Inglaterra...Acaso también no tarde en sufrirlas" (R. de Occidente, febrero de 1925).

Llegó la crisis del '30 y hombres esclarecidos, que Milei condena, "modificaron las tendencias" y dieron un rumbo que, hace casi 50 años, abandonamos sin estrategia de reemplazo. Ese abandono nos condenó a esta decadencia. 

Habíamos logrado (1930-1974) 4% de pobreza, la misma igualdad social que Francia, el PIB ph más elevado de América Latina, premios Nobel y la plataforma industrial exportadora más grande de la región. 

Este modelo fue abortado al terminar la segunda década de nuestra historia de mayor crecimiento del PIB ph. La violencia aborta, con armas o sin ellas, con destrucción. La decadencia provocada hace 50 años no se ha detenido. 

El hartazgo popular al fracaso, encolumnó la voluntad de "cambio de rumbo" detrás de la síntesis de la campaña, iniciada hace ocho años, por Milei en soledad, como panelista de alto rating y la generosidad de los medios. 

"Viene el país que estabas esperando" reza la gigantografía, en la Panamericana, de Massa candidato. G. Rubinstein, numen económico de Sergio, afirma que las "medidas - programa" de L. Caputo, son, palabras más palabras menos, "nuestro programa si Massa ganaba". Ibamos a vivir lo que viviremos con Milei, es decir, el resultado de una gran devaluación y el enorme ajuste fiscal más bien basado en aumento de impuestos y sin ningún enfoque complementario de política de ingresos. Nada parecido, p.ej., al programa de estabilización de Israel. 

Estas medidas las ejecutan liberales libertarios, PRO de Macri, radicales "gansos" y destacados miembros del Frente de Todos. Si sumamos equipo, lo han votado, sin saberlo, 98% de los argentinos. Sin saberlo, porque ambos candidatos no sugirieron "estas medidas" decididas por Milei. Rubinstein dice 'serían las de Massa'. 

Caputo dijo: Massa nos ha dejado "la peor herencia de nuestra historia". Rubinstein coincide. Dijo "salió mal". ¿O tal vez el desastre que hicieron era "la construcción de la condición necesaria" para después hacer lo mismo que ahora está haciendo Milei? 

Javier abandonó "lo que no se negocia": dolarización y cierre del BCRA. Las ofertas de crédito de US$ 30.000 millones no aparecieron. Imposibilidad o mentira. 

Pero lo que sólo es mentira es aquello de "el ajuste no lo va a pagar 'la gente' sino 'la casta'". Las consecuencias probables no están suficientemente analizadas. 

Ya no es "el teorema de Baglini", sino "la hipocresía a la Menem" ("si decía lo que iba a hacer no me votaban"...) la piedra con la que "la política" nos despierta a nuestra realidad y a su propia impotencia, "la política" vieja y nueva. 

La historia de la política, en estos años, es una secuencia de improvisaciones y una increíble desconsideración de las consecuencias. Pasa en economía, seguridad, educación, demografía. 

¿La causa? El pez se pudre por la cabeza, entonces, esto es lo que desencadena la lenta muerte de los partidos políticos en los que se debaten ideas, se piensan proyectos colectivos para la Nación y se forman "cuadros". No hay futuro sin proyecto y su ausencia, nos condena a vivir en el "día de la marmota". 

La política ha sido reducida a marketing para alcanzar "el poder". Dejó de ser el desarrollo del arte para "poder hacer" aquello que, por ausencia de "partidos", quienes llegan al "poder" no tienen la menor idea de qué hacer. Por eso lo que dicen en campaña no es lo que dicen en el poder. No es uno, son todos. Menem, Néstor - país normal-, Cristina -Alemania-, Mauricio -pobreza cero-, Alberto -fin de la grieta- y Javier, no es el que veníamos venir. Por cierto, para mí un alivio. 

¿Qué programa contó Milei? ¿Qué equipo preparó? 

No era este "discurso - programa" leído por L. Caputo. No es este el equipo que había presentado. Si "una Argentina distinta no es posible con los mismos de siempre" -como afirmaba Milei- entonces, con muchos de los mismos de siempre, la Argentina no será distinta. 

Claro que necesitamos un verdadero "cambio de rumbo" porque hace medio siglo que estamos acelerando el "de colisión", más cerca de chocar y hundirnos en profundidades desconocidas. 

Pero ni lo anunciado, ni el elenco presentado, no sólo no son lo sugerido en la campaña, sino -realmente grave- difícilmente sean estos los mojones necesarios para señalar un camino de progreso. 

Su equipo lo integran, entre otros, los colaboradores más importantes de Massa, a saber, M. Lavagna y L. Madcur, corresponsables de la "herencia", otros "massistas", A. Lew, F. Royon y muchos más, todos presididos por G. Francos de las gestiones de A. Fernández y D. Scioli. ¿Dejaron de creer en lo que hicieron y creen en aquello que no hicieron? 

Nuevos "liberales libertarios" en tiempos de conversión. Massa está en el corazón del poder. Rubinstein no exagera. Está la familia PRO y el radicalismo "ganso". El de Milei es un jardín con flores de todas las especies. 

Entre los anuncios de programas y elencos de campaña y la batería de medidas de Caputo hay un océano de distancia. Ahora el carisma de Milei está en el aire y "todo depende de las fuerzas del cielo". Fuerzas que deberán transformar las incomodidades de la vida cotidiana, ya sufridas, en tolerancia a un largo calvario en el desierto prometido. Nadie se engañe. Veamos.

La primera conclusión es que, para que la "desinflación", según Milei, tenga éxito es condición necesaria que la masa salarial real caiga profundamente y a alta velocidad. 

El nivel de la inflación de diciembre (¿20/30%?) tiene que terminar abruptamente en febrero. Con inflación a ese ritmo, el crawling peg de 2% mensual, el tipo de cambio de la devaluación se desvanece y la confianza se desvanece. La brecha cayó. Pero si no cae la inflación el riesgo de brecha aumenta. 

Para el programa es necesario que los ingresos reales de los trabajadores y el empleo, caigan y se desplome la demanda de los sectores populares y medios, de suerte que los precios, por falta de venta -recesión macha - genere una poderosa tendencia "deflacionista". No ya estancamiento con inflación. Caída de actividad capaz de producir deflación. Nunca lo vimos. Puede ocurrir.

No será la astringencia monetaria, la tan temida iliquidez que recordó G. Calvo (FIEL), tampoco el recorte sostenido del gasto público y las estrategias para reducir la emisión endógena del sistema monetario (tasa de interés fuertemente negativa), sino el desplome de la demanda por caída en la distribución primaria, lo que operará como "el control de precios por parte del público". Caída en el nivel de vida. 

No será, esta vez, el desembarco de la importación para terminar con la inflación, o sea, el disciplinamiento de empresarios y trabajadores vía atraso cambiario, que intentaron Martínez de Hoz o Cavallo (el "déme dos" financiado con deuda externa) y que hicieron felices, por un rato, a los sectores medios. Un nuevo "deme dos": ¿una docena de huevos? "No, sólo deme dos". Ese día habremos parado la escalada de precios, pero también, profundizado la decadencia: un pantano en el que nos hundimos al grito de "industricidio". 

Con 50 años de estanflación -con algunos años de "precios estables" y PIB en recuperación, pero siempre con aumento de la pobreza- será difícil soportar esta "Doble Nelson", fiscal y cambiaria, dada nuestra inefable debilidad sistémica, sin ninguna política compensatoria más allá de la ambulancia social. 

Los sectores medios con dólares liquidarán posiciones y contribuirán, junto con la caída de la demanda de los que no tienen ese recurso, a la reducción de la brecha por el doble efecto de la baja de la tasa de inflación y caída de los dólares paralelos. 

La caída de la Masa Salarial Real es la gran herramienta de este no programa. La recesión necesaria. La sangría se practicó como terapéutica durante casi 2.000 años. Muchos de esos métodos en economía lo llevaron a Lord Keynes a recordar que "a largo plazo estaremos todos muertos". 

Javier anunció la profundización de la estanflación en la que ya estamos. Ahí no mintió. El ajuste (o desajuste porque de eso se trata) no caerá sólo sobre la "casta", sino primero entre los más pobres. Llegarán bomberos y ambulancia. Si pueden pasar. De ahí para arriba a cada cual lo suyo. "Primero hay que sufrir" (Naranjo en Flor)

De acuerdo con los subsidios por demanda. Volver a "Sube DNI" herramienta que, además, sirve para luchar contra la evasión tributaria. Llevará tiempo eliminar la intermediación innecesaria entre la obligación del Estado y la necesidad de los excluidos por fallas del sistema. Un Estado que no debe pagar jubilaciones por discapacidad a quienes no están discapacitados; y jubilaciones, por la moratoria de Cristina, a quienes nunca trabajaron porque nunca necesitaron trabajar. Hay formas para hacerlo y es una prioridad moral. 

El "primer presidente liberal libertario del planeta" anunció fin de una época, un cambio de rumbo hacia atrás, un modelo que las condiciones geopolíticas lo desengancharon de la locomotora ya hace 100 años. Un futuro imposible con casi la mitad de la población en la pobreza o en su frontera. 

En la primera semana de Milei no cambió su horizonte, que es el del futuro invertido. Pero nos instaló en un presente que -salvo algunas cuestiones que no podemos dejar de compartir- profundiza las dificultades. 

Ningún ajuste puede tener éxito si consiste en "desajustar", es decir, si la inmensa mayoría tiene que estar peor. Eso, más que cambio de rumbo, es "rumbo de colisión" y gobernar consiste en avanzar sin chocar. No es lo mismo despejar el camino en marcha que elegir un camino despejado. El camino despejado es cambiar de rumbo sin colisión.

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