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Invasión a Ucrania: consecuencias económicas de la guerra

Dada la magnitud de las consecuencias del conflicto, la economía de Argentina se verá influida, y no sólo a corto plazo

Invasión a Ucrania: consecuencias económicas de la guerra
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Ricardo Carciofi Ricardo Carciofi 16-03-2022
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El conflicto que transcurre hoy en territorio ucraniano habrá de tener consecuencias de vasta repercusión en la economía internacional, con efectos singulares también sobre Argentina. 

Algunos de estos impactos se pueden observar hoy, apenas transcurridas tres semanas de iniciada la operación militar, y es razonable asumir que ocurrirán perturbaciones adicionales en los meses próximos. 

A pesar de que la incertidumbre domina la escena en múltiples planos -bélico, geopolítico, financiero y económico- el análisis de la misma aconseja, antes que nada, situar los hechos actuales en el marco del desempeño que se observaba en la economía global en los meses previos. 

La pospandemia: una recuperación desigual

La pandemia significó un shock recesivo y simultáneo para la economía del mundo. Se trató de un fenómeno desconocido que, al restringir la movilidad de la población y el cierre consecuente de actividades, provocó una disminución repentina de la oferta global. Una vez que la situación sanitaria fue puesta bajo control, los países comenzaron un proceso de recuperación describiendo una trayectoria muy desigual. 

En 2022 las economías avanzadas estaban en curso de superar el nivel de actividad previo al Covid-19, e incluso de situarse en la trayectoria de crecimiento que se percibía en la fase previa a la pandemia. 

Las economías emergentes enfrentaban una recuperación más lenta, con amenazas a su solvencia debido a los mayores recursos fiscales del combate de la pandemia. Los países más pobres, por otro lado, atravesaban las perspectivas más desventajosas tanto en términos sanitarios como económicos y sociales. Todo esto a pesar de que se mantuvieron abiertos los canales del comercio y se tomaron importantes decisiones de cooperación financiera internacional, tal el caso de la ampliación de los Derechos Especiales de Giro del FMI en un monto mayor del precedente previo ocurrido en la crisis de 2008.  

La pronta recuperación se enfrentó a un problema inesperado en el mundo desarrollado: el surgimiento de tensiones inflacionarias. Después de años de muy baja inflación y de una política monetaria laxa, el aumento de precios fue, en gran medida, sorpresivo. Habría que remontarse cuatro décadas atrás para encontrar registros parecidos. 

Frente al problema, el diagnóstico que predominó en la lectura oficial -especialmente de la Reserva Federal de EE.UU.-, fue que el aumento de los precios era de tipo transitorio. 

La explicación puso acento en las perturbaciones de las cadenas globales de valor y el repentino aumento de la demanda. Numerosas voces críticas señalaron diferencias con este planteo apuntando que la reaparición de la inflación se trataba de un fenómeno más complejo, con presiones difundidas y alcistas originadas en el mercado de trabajo, que requería la inmediata adopción de una política monetaria más estricta y mayor moderación fiscal. 

Bajo este planteo no era obvia ni la transitoriedad ni la facilidad para anclar las expectativas inflacionarias. Las críticas, apuntaladas también por la aparición de tensiones en los precios de la energía, llevaron a la revisión de las políticas. Los bancos centrales cerraron 2021 e iniciaron 2022 con el convencimiento que era necesario subir las tasas de interés. 

La guerra: efectos de corto plazo

El conflicto bélico es otro shock negativo a la economía mundial (el segundo en menos de un trienio). Tiene similitud con la crisis provocada por la pandemia en el sentido que sus causas más inmediatas tienen cierta distancia del funcionamiento económico. Pero sus efectos operan por canales económicos, comerciales y financieros, además del plano geopolítico. Carece de la simultaneidad de la pandemia, pero tendrá asimismo repercusiones globales. 

En el corto plazo, el impacto más visible ha sido en los precios de la energía -petróleo y gas- y las commodities agrícolas. 

El empuje alcista de estas se deriva principalmente del precio de la energía primaria al que se suman las perturbaciones de algunos productos primarios -aceite de girasol y trigo- en los cuales Ucrania es el principal exportador. 

A su vez, los precios agrícolas y también de los metales reaccionan frente al aumento de costos de la energía porque es un insumo crítico en la producción y transporte de estos. 

Cabe sumar a lo anterior las sanciones económicas y financieras. El fenómeno ha llevado a la búsqueda de soluciones alternativas, especialmente para compensar la oferta de petróleo que antes aportaba Rusia, y de ahí los contactos de EE.UU. para sondear las posibilidades de Venezuela, Irán y Arabia Saudita para incrementar el suministro. En gas, el panorama es diferente dada la dependencia europea de la oferta rusa, la cual sigue constituyendo un recurso clave de su balanza comercial y de disponibilidad de divisas. 

Es difícil saber cuál habrá de ser el panorama a corto plazo: frente a un endurecimiento de las sanciones, Rusia podría dificultar la provisión de sus recursos energéticos provocando alzas adicionales de precio, al tiempo que procura encontrar otros compradores (China, por ejemplo). 

En principio, cabe esperar una reducción de las perspectivas de crecimiento mundial donde, probablemente, Europa se vea más afectada que EE.UU. El horizonte de los próximos meses dependerá del desarrollo de la situación en la zona de conflicto, pero también de las respuestas de política de los países desarrollados a la situación previa -el aumento de la inflación-, a la que se agregan las consecuencias generadas por la guerra.   

Para las economías emergentes, muchas de ellas productoras de materias primas, el conflicto significa una mejora de los términos del intercambio. De otro lado, los aumentos en las tasas de interés, complican las posibilidades de colocación y refinanciación de su deuda. Para los países menos desarrollados -varios de ellos ubicados en Africa- el panorama puede ser muy severo: el aumento de precios agrícolas y la inseguridad de provisión, podría ser motivo de escasez de alimentos capaz de amenazar las condiciones de vida de vastos grupos de población. 

Más allá de la coyuntura

Conforme el análisis procura adentrarse más allá de la coyuntura actual, los interrogantes crecen exponencialmente. Se pueden formular hipótesis que son, necesariamente, provisorias. Sin embargo, hay dos elementos que parecen ser claves. 

El primero es el grado de aislamiento económico que sufrirá Rusia mientras dure la guerra y, posteriormente, el tiempo que perdure la aplicación de sanciones económicas. 

El segundo es la actitud que adopte China, tanto en relación con Rusia como con respecto a Occidente. Dado el volumen de comercio e inversiones que conecta a China con el resto del mundo, ubicado más allá de su esfera inmediata de influencia, cabe suponer que estos lazos habrán de perdurar en el tiempo. Pero esto no asegura nada acerca de la intensidad ni de la transformación de estos.

Cabe esperar un paulatino desacople de las cadenas de valor, aumento del comercio entre bloques de mayor afinidad geopolítica y restricciones en áreas vitales de comercio -especialmente el que se relaciona con alta tecnología, telecomunicaciones, biotecnología y servicios que puedan tener contenidos estratégicos. La autosuficiencia energética y alimentaria habrán de captar, muy probablemente, un renovado interés. 

En una línea similar, el conflicto despierta interrogantes acerca de los mecanismos de coordinación de la economía global. En los últimos años el principal foro para definir la agenda y la prioridad de acción de los gobiernos ha sido el G20. La situación actual obliga a poner una nueva mirada sobre la efectividad futura del G20, especialmente si las economías desarrolladas derivan ciertos tópicos hacia lo que fue históricamente su núcleo tradicional: G7. 

Impactos sobre la economía argentina

Dada la magnitud de las consecuencias del conflicto, la economía argentina se ve influida por éste. 

En el corto plazo, experimenta una mejora de términos del intercambio donde las ganancias de los precios agrícolas se compensan parcialmente con los mayores precios del gas proveniente de importación. En el plano doméstico, los mayores precios internacionales complican y limitan las políticas de reducción de la inflación, alimentada por desequilibrios fiscales y monetarios de naturaleza endógena. 

También se han visto afectadas las exportaciones a Rusia, conformadas en su mayor parte por productos de la agroindustria que revisten importancia en las regiones productoras. 

A diferencia de otras economías emergentes, los aumentos de la tasa de interés internacional no la afectarán mayormente, dado que el país tiene actualmente un limitado acceso a los mercados de crédito. De ahí la importancia clave del cerrar el acuerdo con el FMI y tomar las medidas de política del programa para asegurar el flujo de financiamiento.  

Atendiendo a las perspectivas de mediano plazo, uno de los aspectos clave para Argentina es la resultante de la situación geopolítica. En la medida que los flujos económicos y comerciales tiendan a concentrarse en bloques según se apuntó arriba, Argentina debe tomar en cuenta que sus principales socios comerciales, además de Brasil, son China, Europa y EE.UU. 

Por tanto, la agenda estratégica del país deberá formularse con suma cautela para armonizar objetivos económicos y comerciales con cada uno de los socios, en el marco de los valores propios y esenciales de una democracia republicana.   

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