América Latina

El desafío de mayor integración.

08-05-2012
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(Columna de opinión de Lucio Castro, director del Programa de Integración Global y Desarrollo Productivo de CIPPEC)

En un contexto donde las sirenas del proteccionismo y el nacionalismo económico resuenan con intensidad en América Latina, examinar las perspectivas del regionalismo pareciera un acto de voluntarismo inocente o un mero ejercicio teórico. Sin embargo, cuando la mayor parte de los riesgos macroeconómicos para la región vienen crecientemente desde afuera, es relevante analizar los beneficios de la integración real.

¿Si el crecimiento de América Latina aparece como más robusto y resistente que en las economías centrales, por qué no redirigir la integración hacia la región? ¿Justifican las sombrías perspectivas globales un renovado énfasis en la integración regional? Si el comercio incentiva la correlación del producto, las condiciones económicas locales en regiones integradas es probable que respondan más a shocks dentro de la región que a variaciones del crecimiento global. Además, el patrón del comercio puede tener un impacto significativo en el desarrollo: la producción de bienes y servicios competitivos internacionales fue usualmente la base del crecimiento sostenido. Es posible argumentar que la profundización de los vínculos comerciales en América Latina podría ayudar a la región a aislarse de un contexto internacional complejo.

Dado que el comercio regional muestra un grado menor de primarización, podría colaborar también a generar un sendero de crecimiento más sostenible. Desde esta óptica, es clave analizar dónde está el comercio regional de América Latina tras una década de “nuevos regionalismos”. La evidencia indica que se encuentra casi en el mismo lugar en el cual comenzó y aún muy por detrás de otras regiones. En los tres principales acuerdos comerciales ?Mercosur, Comunidad Andina (CA) y el Mercado Común Centroamericano (MCCA)? los flujos de comercio regional permanecieron estables o mostraron un leve declive. En contraste, la Asociación de Naciones del Este Asiático (ASEAN) +3 (que incluye a Japón, China y Corea del Sur) y la Unión Europea (UE) exhiben niveles más elevados y crecientes de comercio intrarregional.

En paralelo, Sudamérica en su conjunto muestra flujos de comercio intrarregional similares a los del Mercosur (y mayores que los de la Comunidad Andina y el MCCA). Los acuerdos comerciales no parecen haber afectado la dirección del comercio en forma significativa. Otra característica singular del regionalismo latinoamericano reside en el rol marginal del comercio intraindustrial. Una posible explicación puede estar dada por los relativamente bajos niveles de disimilitud en la dotación factorial. Como el sudeste asiático sugiere, un escenario opuesto puede ser un incentivo al comercio intraindustrial vertical. Esta reducida dispersión factorial, junto con las limitadas posibilidades para realizar economías de escala, podría ser uno de los factores que expliquen el reducido número de “multilatinas” y, en general, de compañías regionalmente integradas.

Otra posible explicación es que la ausencia de vínculos comerciales intraindustriales en América Latina podría ser la contracara de la creciente “primarización” de la canasta exportadora. Primero, la balanza comercial de manufacturas está equilibrada con la región, pero cada vez más desbalanceada con el resto del mundo. Segundo, el peso de las manufacturas en el comercio intrarregional, de alrededor del 40%, es mayor que en el comercio con el resto del mundo, si bien aún más bajo que el observado en otras regiones. Los flujos de comercio regional en América Latina parecen estar estancados, con niveles muy bajos de intercambio intraindustrial y con un peso reducido de las manufacturas, si bien este es mayor al encontrado en la crecientemente primarizada canasta de exportaciones hacia el resto del mundo.

¿Qué está detrás del patrón peculiar de comercio regional de América Latina? La evidencia apunta a tres posibles factores. Primero, el aumento sostenido en los precios de los productos primarios incentiva la especialización de la región en productos intensivos en recursos naturales y vínculos comerciales intensificados con Asia y, en particular, China. Como resultado, la integración y el comercio intraindustrial podrían debilitarse frente a los reducidos incentivos para una mayor liberalización. Un segundo factor se encuentra en las restricciones a la fragmentación de la producción en la región. En la ASEAN y la UE, el comercio regional está en gran parte impulsado por el intercambio de partes y componentes dentro de redes regionales de producción, en las que empresas regionales y multinacionales juegan un rol crucial.

Al mismo tiempo, este proceso de fragmentación productiva transnacional es motorizado por la presencia de grandes diferencias factoriales dentro de la región, que son limitadas en América Latina. Una última razón es que la baja interdependencia comercial de los acuerdos latinoamericanos se traduce en una reducida demanda por mayor integración, es decir, por menores barreras al comercio y la inversión regionales, de parte del sector privado, en contraste con los casos de Europa y el sudeste asiático. El tipo de interdependencia asimétrica prevaleciente en los acuerdos comerciales de la región se traduce también en una débil oferta de bienes públicos regionales.

En particular, los socios de mayor tamaño de los regionalismos latinoamericanos suelen tener vínculos regionales menos intensos que el resto de los socios de menor tamaño relativo. Así, tienen débiles incentivos a internalizar los costos ?en términos de menor autonomía de política económica? de proveer instituciones regionales. En contraste con la UE y ASEAN +3, este problema del “hegemón renuente” es marcado no sólo para la economía más grande (por ejemplo, Brasil en el Mercosur) sino también para la “segunda” economía (por ejemplo, la Argentina).

(De la edición impresa)

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