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Rusia y un descubrimiento que puede valer "oro negro" en la Antártida

Rusia habría descubierto unos 511.000 millones de barriles de petróleo en el Mar de Weddell, lo que se estima que equivale a alrededor de 10 veces la producción del Mar del Norte en los últimos 50 años, o 30 veces las reservas de Vaca Muerta.

El hallazgo fue en el Mar de Weddell, que se encuentra entre las costas de la Península Antártica, hacia el oeste, y Tierra de Coats, hacia el este.
El hallazgo fue en el Mar de Weddell, que se encuentra entre las costas de la Península Antártica, hacia el oeste, y Tierra de Coats, hacia el este.
Antonella Gris 17 mayo de 2024

Según documentos publicados recientemente por el Comité de Auditoría Ambiental de la Cámara de los Comunes Británica, Rusia habría descubierto enormes reservas de petróleo y gas localizadas en la Antártida. 

Dichas reservas contendrían aproximadamente 511.000 millones de barriles de petróleo, lo que se estima que equivale a alrededor de 10 veces la producción del Mar del Norte en los últimos 50 años, o 30 veces las reservas de Vaca Muerta. 

El hallazgo se ubica en lo que se conoce como Mar de Weddell, que se encuentra entre las costas de la Península Antártica, hacia el oeste, y Tierra de Coats, hacia el este. Este fragmento de la Antártida se encuentra históricamente bajo el solapamiento de las reclamaciones de Argentina, Chile y Reino Unido. 

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No obstante, a pesar de que Rusia no es actualmente un país reclamante en el continente blanco, y pese a que el Mar de Weddell es una zona marítima cubierta por hielo durante la mayor parte del año, el buque Alexander Karpinsky, que llevaba haciendo estudios de mapeos del territorio en búsqueda de reservas, encontró sin dudas el mayor tesoro. 

Al margen del descubrimiento, lo cierto es que la Antártida se encuentra regulada por el marco legal del Tratado Antártico suscrito en 1959. 

El mismo incluye cláusulas que hacen del territorio una zona protegida como, por ejemplo, la utilización pacífica de la Antártida y el carácter cooperativo de las investigaciones. 

En este sentido, desde su creación, la antigua Unión Soviética, hoy Rusia, se convirtió en un miembro consultivo del Tratado, por lo que adhiere a las limitaciones del mismo y al carácter científico de sus investigaciones que, como estipula el documento, la información obtenida en los proyectos son de carácter público entre los miembros.

Pero, a pesar de los compromisos internacionales, en este mundo anárquico existen ciertos actores, como Estados Unidos y el Reino Unido, que distribuyen sus alertas por todo occidente sobre el avance gradual de Rusia y China en la región Antártica y también América Latina en los últimos años. 

Sin embargo, a pesar de estas advertencias, que en el fondo sólo reclaman la reducción de la esfera de su interés y cierta crisis del orden liberal, lo cierto es que, basándose en los documentos legales y oficiales, la Antártida está protegida de cualquier amenaza al menos hasta 2048, fecha donde se presenta la posibilidad de una renegociación del Tratado. 

Aunque, sin dudas, la competencia estratégica de las potencias en un continente que ahora no solo posee la mayor cantidad de reservas de agua dulce del mundo, sino que también una de las más grandes de petróleo, es una realidad totalmente evidente. 

En este sentido, Rusia se posiciona como una potencia petrolera a nivel global y utiliza este poderío para expandir su influencia. 

Rusia como petropotencia

Es innegable que la Federación Rusa posee una de las principales reservas de crudo y de gas en el mundo y así se posiciona como uno de los primeros productores en la escena energética internacional. 

Pero, ¿quiénes son sus principales clientes? Como plantea Tim Marshall en su libro "Prisioneros de la Geografía", Rusia utiliza esta ventaja para ejercer su poder, es decir, cuanto mejor relación posea con un país, más accesible será la energía que provea para aquel. 

En esta línea, históricamente, países como la República Checa, Bulgaria, los Países Bálticos, los Nordicos y en general toda la Unión Europea, han tenido una dependencia energética rusa que promedia entre el 80% y el 100%.

Pero, a pesar de ello, hay que tener en cuenta la otra cara de la moneda, que en este caso se traduce en que Rusia es económicamente también muy dependiente de los ingresos energéticos, lo cual es un riesgo para su seguridad presupuestaria y para la competitividad de otros sectores. 

No obstante, a partir del conflicto que estallo con Ucrania en 2022, la Unión Europea se ha fijado como objetivo reducir las importaciones energéticas provenientes de Rusia. 

En su lugar, Estados Unidos comenzó a suplir estas importaciones. Sin embargo, los tecnicismos para la exportación, que obligan al país norteamericano a transformar el gas en gas licuado (GNL), genera un incremento en su precio, dejando de ser tan competitivo con el ruso. 

Igualmente, el "éxito" de la política de sanción económica europea se observa traducida en números: Estados Unidos suministró en 2023 el 48% de las importaciones energéticas europeas y Rusia, en un segundo lugar, sólo el 13% de las mismas. 

Pero, a pesar del contexto actual internacional, lo cierto es que Rusia es de los pocos países del mundo que posee un sector energético integrado y con capacidad total de autoabastecimiento, no solo en recursos, sino también en logística. 

Además, las empresas rusas, como lo es Gazprom, suelen tener mucha relevancia en el sector, lo que influye considerablemente en el precio mundial de los bienes energéticos, aunque en estos últimos años han tomado la cabecera empresas como Petrochina y Exxon Mobile (esta última, consecuencia de la expansión de EE.UU en el sector).

En general, se observa una cultura de dependencias acerca del sector energético que varía y muta según afinidades políticas en el tiempo. Es así como la UE traslada su dependencia energética de Rusia para pasar a ser dependiente de EE.UU. mientras que Rusia es movilizada a desconcentrar la dependencia en nuevos clientes, como China. 

Uno de los más claros ejemplos sobre la relación energética sino-rusa es el proyecto Power of Siberia, un gasoducto que significaría la redirección de Rusia hacia el este.

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