Mercados

Se complejizan las condiciones financieras a nivel global

La preocupación por el avance de los precios es generalizada en el mundo, y ya son más los bancos centrales que endurecen su política monetaria

El contexto internacional se complejiza para el mercado financiero.
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Tras haber sufrido una caída del 9,9% durante el 2020, la actividad económica argentina recupera lo perdido en manos de la crisis económica y sanitaria de escala mundial desatada por la irrupción del Covid-19 y cerrará el año con un crecimiento cercano a 10%. Sin embargo, aún queda un desafío mayor por delante y esto es hilvanar dos años consecutivos de crecimiento, romper la “maldición de los años pares” y volver al nivel de actividad de 2017.

En el camino para lograr el auspicioso crecimiento del 4% que postula el Presupuesto 2022 son numerosos los factores de índole tanto internacional como local que podrían atentar contra la conquista de este objetivo. Hoy nos enfocamos en el mundo. 

La pandemia

La irrupción de la nueva variante Omicron es un contundente recordatorio de que la pandemia lejos está de haber terminado. Si bien fue declarada una variante preocupante por la Organización Mundial de la Salud (OMS), aún hay incertidumbre en torno a su transmisibilidad, gravedad y eficacia de las vacunas existentes contra ella. 
Por lo pronto la evidencia señala que la variante detectada en Sudáfrica se transmite a una velocidad más rápida que la variante Delta, lo que llevó a más de veinte países a introducir restricciones al ingreso de pasajeros provenientes de dicho país y aledaños. Esto, sumado a la aparición de un caso en California a principio de la semana pasada fue motivo suficiente para generar un sacudón en las bolsas alrededor del mundo que ya venían con una tendencia lateral en las últimas semanas. Como siempre sucede nosotros vamos a contramano, la llegada de la nueva variante del virus pasó completamente desapercibida por el Merval que avanzó 2,2% en la jornada del lunes.

Siendo aún muy pronto para establecer un diagnóstico respecto a la amenaza que representa la nueva cepa, con la incertidumbre que reina hoy en día, hay algunas cuestiones que se pueden sacar en limpio. 

En primer lugar, los daños que fueron dejando las nuevas variantes del virus sobre la actividad económica, por ejemplo la Delta, fueron sustancialmente menores que los causados cuando este apareció por primera vez. Así, el trade-off entre infecciones, restricciones a la movilidad y costos económicos mejoró con la vacunación, lo que podría llevar a los responsables de política a tomar medidas menos severas frente a la nueva cepa. 

En segundo lugar, y vinculado con el último punto, resulta imperioso corregir la asimetría actual de la distribución de las vacunas en el mundo. Hoy, la proporción de la población completamente vacunada se acerca al 60% en Sudamérica y en Europa, en Norteamérica llega al 55% y en Asia al 50%, en las antípodas el continente africano apenas alcanza el 7,5%. Esto es lo que necesitamos corregir si queremos evitar la aparición de nuevas variantes, casos y muertes, medidas restrictivas y su consecuente impacto sobre el nivel de actividad. 

La Fed

A pesar de que la situación sanitaria se está complicando y las restricciones a la movilidad vuelven al centro de la escena, lo mismo ocurre con la inflación, problema enterrado en los '90 para Estados Unidos y que cobró protagonismo a lo largo de este año. Es así que, con una recuperación del mercado de trabajo más lenta que la deseada (la tasa de desempleo cayó al 4,2% en noviembre frente al 4,6% de octubre, pero la economía sumó solamente 210.000 puestos de trabajo contra los 550.000 esperados) en el trade-off entre actividad (empleo) e inflación pareciera ganar la pulseada esta última.

Es tal el escenario que en la última semana el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, dejó en claro que en la reunión del Comité de Política Monetaria del 14 y 15 de diciembre se discutirá la posibilidad de pisar el acelerador sobre el tapering -disminuir el ritmo de expansión de hoja de balance- (¿terminará a fines del primer trimestre de 2022?) y retiró la palabra "transitoria" para describir a la inflación frente al Congreso. 

Las palabras de Powell fueron contundentes y marcaron un quiebre en las expectativas de un mercado que se volvió bearish en el margen y pricea dos subas de tasas para el cierre del 2022, al tiempo que los bonos del Tesoro de Estados Unidos se vuelven más atractivos y la tasa a diez años pasó de 1,64% hace dos semanas a tocar 1,34% en la jornada del viernes. 

La preocupación por el avance de los precios es generalizada alrededor del mundo, y ya son más los bancos centrales que endurecen su política monetaria. Así las condiciones financieras a nivel global se complejizan y no sería raro ver un flight to quality el año que viene (reversión del flujo de capitales de economías emergentes a desarrolladas y también de activos riesgosos como los commodities a otros más seguros como los bonos de la Reserva Federal), sobre todo si la Fed cumple con las expectativas del mercado y lleva adelante dos subas de 25 puntos básicos antes de diciembre del 2022. 

Si hoy Argentina tiene prohibido el acceso al mercado financiero internacional, todo señala que el año que viene difícilmente sea distinto. 

Al mismo tiempo que la huida de los commodities en busca de cobertura en un contexto de desaceleración de la actividad económica frente al freno en el anabólico monetario de los principales bancos centrales se presenta como un viento de frente para una economía cuyo ingreso de divisas está estrechamente vinculado con los dólares que provienen del sector agroexportador. 

Brasil

Si hay un banco central que se toma en serio la escalada en el nivel general de precios es el brasileño, el cual llevó la tasa de referencia -Selic- de 2% a 7,75% entre marzo y noviembre para contener una inflación que se escapa y trepa al 10,7% anual. Llevar adelante una política monetaria contractiva no es gratis en términos de actividad y la economía más grande de la región cayó técnicamente en recesión en el tercer trimestre del año tras haber registrado una contracción del 0,1% en el período julio-septiembre. 

Con el deterioro de las condiciones financieras locales e internacionales, el recrudecimiento de los términos de intercambio (con un comercio internacional aun relativamente restringido debido a los cuellos de botella resultantes de los desbalances entre oferta y demanda) y la amenaza de la nueva variante del Covid-19, los riesgos de una corrección a la baja del crecimiento del PIB para el 2022 escalan y pronto podrían mostrar una expectativa de crecimiento nulo.

El deterioro de las expectativas sobre el desempeño de la economía brasileña en 2022 es en parte autoinfligido. La preocupación en torno a las finanzas públicas es creciente a medida que el Gobierno impulsa cambios en una ley de austeridad fiscal para permitir a Jair Bolsonaro impulsar el gasto social en el año electoral, política que llevaría al déficit global más allá del 6,4% del PIB proyectado previamente. Situación que llevó a que a lo largo de este año el real perdiera cerca del 7% de su valor frente al dólar, a pesar de la suba de las tasas de interés.  

Dado el estrecho vínculo comercial entre nuestro país y el vecino, en los últimos 20 años se intensificó la sensibilidad del crecimiento argentino al desempeño de la economía brasileña, por lo que, si Brasil no crece, Argentina difícilmente lo haga (la elasticidad de las exportaciones argentinas al crecimiento del país vecino es más elevada que al desempeño del resto del mundo). 

De hecho, de acuerdo con un estudio reciente realizado por la Cepal, esto puede extenderse al Mercosur, “la elasticidad de las exportaciones de los países del Mercosur al crecimiento de sus miembros, en promedio, triplica la elasticidad de las exportaciones al crecimiento de sus socios extra regionales”.

Una breve nota sobre China

El crecimiento chino se ha ralentizado considerablemente a lo largo del año, ya que el apoyo fiscal se fue moderando con el correr de los meses y la elevada intolerancia al virus con una política de “Covid 0” frenó la movilidad y mantuvo deprimido el gasto en servicios. La trayectoria de crecimiento de China para los próximos años es incierta, por lo pronto pese a la incertidumbre en torno al desempeño del mercado inmobiliario, el Banco Popular de China, uno de los cuatro grandes bancos estatales, pronosticó el martes pasado que el crecimiento económico de la segunda economía más podría situarse en torno al 5% el próximo año. Este valor resulta relevante ya que es el umbral mínimo que debe conquistar la economía para cumplir con el objetivo de duplicar su PIB para el 2035. 

China apunta a cambiar su modelo de crecimiento de estar enfocado hacia afuera (exportaciones) al mercado doméstico, más sostenible financieramente y más equitativo. Si combinamos este cambio de motor del crecimiento con los objetivos de reducción de emisiones de carbono es probable que veamos una desaceleración del crecimiento chino en los próximos años. 

Sin embargo, las agendas de largo plazo de una economía centralmente planificada igualmente ceden ante las inclemencias de la coyuntura: cuando China comenzó a impulsar el crecimiento vía demanda interna a la salida de la crisis subprime terminó generando una burbuja de crédito que hoy la deja en aprietos; cuando quiso acelerar la transición verde hace un par de meses se enfrentó a una suba en el precio internacional del gas y de un día para el otro volvió al carbón. 

La vertiginosidad de los cambios estructurales en el mundo pospandemia tiene enormes implicancias para todas las economías que en simultáneo requieren una mirada de largo plazo y pragmatismo para manejar el corto. Argentina no es la excepción, aunque lamentablemente la agenda local carece de la mirada de largo y el pragmatismo en el corto.  

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