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Teoría Monetaria Moderna: eliminar el déficit, mismo error a ambos lados de la grieta

En vez de preocuparnos por eliminar el déficit, deberíamos mantenerlo, o aumentarlo si fuera necesario, sin que repercuta en los precios

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Imagine que usted es el dueño de un cine. Vende 100 entradas para la función pero cuando la gente entra a la sala encuentra que sólo “recauda” 90. Hay 10 personas que, por la razón que fuera, decidieron no ver la película y, por tanto, ese cine tuvo recaudó 10 entradas menos de la que había "gastado" para comprar pesos.

Imagine también que esa situación se vuelve rutinaria y que para eliminar el "déficit" usted decidiera empezar a vender 90 entradas en vez de 100. ¿Qué ocurriría? La respuesta es obvia: probablemente sólo recaudaría unas 80 o 81 entradas, dado que no sabrá quienes son los que se arrepentirán y no verán la película, y el déficit seguirá existiendo.

Según la Teoría Monetaria Moderna, la situación del gobierno federal con respecto al déficit fiscal es análoga a la del dueño del cine. Cuando aquel intenta eliminar aquella diferencia entre gastos e ingresos le suele ocurrir algo similar a lo que le pasaba al dueño del cine. La razón es simple: tanto este respecto a las entradas como el gobierno federal (que incluye el Tesoro y el Banco Central) respecto al peso son emisores (y no usuarios) y, por lo tanto, primero gastan y luego recaudan.

Los usuarios del peso (como por ejemplo las familias o las empresas) primero reciben un ingreso y luego gastan y, por lo tanto, si quieren eliminar su déficit sólo necesitan bajar sus gastos o aumentar sus ingresos. El gobierno en cambio tiene el mismo problema del cine: parte de su déficit es endógeno, o sea que se encuentra fuera de su control. Dado que la sociedad no sólo usa la moneda que emiten para pagar impuestos, sino que también lo usan para realizar transacciones y para ahorrar, los gobiernos suelen tener un déficit fiscal. (Nótese que cuando Argentina acuerda con el FMI gastar lo mismo que recauda está prometiendo algo que ningún país del mundo cumple).

¿Cómo definir el nivel correcto de déficit?

Cualquier economista le dirá que si el gobierno baja los impuestos aumentará el nivel de actividad, reduciendo el desempleo. Si aceptamos que lo más conveniente es tener ocupados todos los recursos disponibles, pareciera entonces que el nivel de déficit al cual debiera apuntar el gobierno es aquel que eliminaría todo el desempleo.

El problema es que esa mayor demanda generaría presión sobre algunos precios, en particular el dólar, y eso reduciría aquel déficit en términos reales eliminando en parte el efecto sobre el empleo mencionado. Sin embargo, lo que acabo de describir no es, según la TMM, un proceso inflacionario sino simplemente un cambio de precios relativos. 

Sólo podríamos hablar de inflación, que se define como el aumento continuo del nivel de precios, si el gobierno convalidara la nueva situación aumentando los precios que paga cuando gasta. Si el gobierno no pagara precios más altos y aumentará el déficit, eventualmente llegaríamos a una situación con pleno empleo y precios más altos pero sin inflación.

Si, ya se, es políticamente imposible que el gobierno no suba los precios que paga (salarios, jubilaciones, pensiones, etcétera) en aquella situación y tampoco es lo que estoy proponiendo, pero veamos qué ocurre cuando el gobierno intenta eliminar el déficit.

Recordemos que cuando el gobierno aumenta impuestos o baja el gasto está reduciendo la demanda agregada y, por lo tanto, bajando el nivel de actividad. Esto redundará en una caída de la recaudación que generará, por las malas, el déficit que el gobierno intentaba eliminar. ¿Se acuerdan cuando el cine decidía vender menos entradas?

Podría ocurrir que esa caída de demanda se viera compensada por un aumento de otro déficit: el del sector privado. Sí, todo lo que no es el gobierno federal (que para simplificar llamo sector privado) también puede tener un déficit, cada vez que se gasta sus ahorros o se endeuda. Incluso podría ocurrir que ese déficit fuera tan alto que generara la necesidad de un superávit fiscal para enfriar la demanda y reducir la presión sobre los precios. 

Es por ejemplo lo que ocurrió en Estados Unidos en la época de Bill Clinton donde el sector privado, según suele relatar Warren Mosler (creador de la TMM), gastaba 8% del PIB por encima de su ingreso. Lo hacía en parte para apostar a las punto.com en una exuberancia irracional que impulsaba la actividad económica y, como consecuencia, aumentaba fuertemente la recaudación impositiva. 

Ello derivó en un superávit fiscal que fue el efecto (y no la causa) de la bonanza económica. El problema es que el déficit privado tiene un límite que es función de su ingreso y eventualmente la capacidad del sector privado de gastar más de lo que “recaudaba” llegó. 

Fue ahí donde el gobierno debería haber aumentado su déficit para compensar y mantener la demanda agregada. Notese que esa mayor demanda compensaría la caída generada por el sector privado y, por lo tanto, no estaría metiendo presión sobre los precios. Como el gobierno no reaccionó de aquella forma la recesión no tardó en llegar. El resultado fue que se redujo la recaudación generando, por las malas, el déficit que necesitaba la economía para operar.

Si el Gobierno argentino intenta reducir el déficit seguirá el mismo camino descrito a menos que haya un déficit privado que compense, cosa que es muy poco probable por la desconfianza generalizada. Tal vez pueda haber algo de déficit privado por un tiempo, fruto de la desesperación de no tener que cerrar una empresa y eventualmente la actividad económica se reducirá, Argentina prolongará su estancamiento y no se cumplirán las metas fijadas con el FMI.

Suele decir Mauricio Macri que la función del Gobierno es preparar la cancha para que el sector privado juegue el partido. Reducir el déficit ante la presencia de desempleo es equivalente a llevarse la pelota. Es exactamente lo que le pasó a Cambiemos. Todos los logros productivos en la micro se vieron menospreciados por los errores en la macro. La cancha mejoró mucho, pero el sector privado se quedó sin el balón.

En vez de preocuparnos por eliminar el déficit que, como en el caso del cine con las entradas, no genera ningún problema financiero para el emisor, deberíamos buscar la manera de mantenerlo, o incluso aumentarlo si fuera necesario, sin que repercuta en los precios. 

La única manera, a mi criterio, es vía reformas de productividad como las que se implementaron en los '90 y que generen una presión deflacionaria. Me refiero a la apertura internacional de la economía, la baja del gasto público, las privatizaciones, las desregulaciones, etcétera.

Suelen decir Domingo Cavallo y Carlos Rodríguez, que no comulgan precisamente con el MMT, que aquellas fueron las claves que permitieron desindexar la economía y frenar el aumento de precios. Coincido 100%. La clave es realizarlas sin fijar el tipo de cambio y, de esa manera, poder hacer los ajustes (y desajustes) fiscales que se requieran para mantener el nivel de actividad económica de pleno empleo.

Mientras no avancemos en ese sentido seguiremos viendo un péndulo electoral, donde ambos lados de la grieta seguirán perdiendo sus reelecciones y pasando el testimonio al otro bando mientras el país se hunde en un interminable ciclo de ilusión y desencanto.

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