Rouvier: “Con la fórmula FF se acentúa la polarización”

31 de mayo, 2019

Ricardo Rouvier

Entrevista a Ricardo Rouvier Consultor y sociólogo Por Néstor Leone 

 

“Al Gobierno le quedan dos herramientas, que no maneja del todo, ni como querría”, sostiene Ricardo Rouvier, sociólogo y responsable de Rouvier & Asociados. “Una, el intento de lograr que la población vea una mejora en la relación ingreso y consumo antes de las elecciones”, sostiene. “La otra es el antikirchnerismo”, agrega. Y allí menciona la apuesta por el miedo como motor. “Es una herramienta que el Gobierno va a usar, inexorablemente. De todos modos, con una nueva corrida del dólar, no escapa del nocaut”, señala.

 

En esta entrevista con El Economista, Rouvier analiza las variaciones posibles de escenarios entre las elecciones generales y un eventual balotaje, el mapa bonaerense luego de la confirmación de la fórmula Kicillof-Magario y las posibilidades (acotadas) de las terceras fuerzas en un contexto de polarización creciente. “Roberto Lavagna fue una opción dentro de Alternativa Federal, pero este espacio es más un conjunto de individualidades que otra cosa. Y si Sergio Massa se refugia en el proveedor de votos más importante que tiene hoy la oposición, que es Unidad Ciudadana-PJ, es difícil saber que será de ese espacio”.

 

¿Cómo impactó en el escenario el anuncio de Cristina y la candidatura a presidente de Alberto Fernández? ¿Cuánto se movieron las piezas en el tablero?

Según la encuesta que empezamos a realizar el mismo día del anuncio, hubo un movimiento evidente en la mirada de la opinión pública. Y la primera consecuencia clara es que se acentuó la polarización. Las dos principales fuerzas (el kirchnerismo y Cambiemos), durante abril, se llevaban el 65% de los votos. Con la publicación de su libro, con la presentación en La Rural, con la foto con el PJ y con la elección de Alberto se generó una acentuación de ese fenómeno. Esas dos fuerzas pasaron del 65 al 70% de intención. En detrimento de dos actores: Alternativa Federal, que venía en retroceso, y de Roberto Lavagna. A su vez, también disminuyeron los indecisos.

 

¿Favoreció al Gobierno en tanto contribuyó a profundizar ese escenario polarizado?

De alguna manera, sí. En un escenario de segunda vuelta, hay una complejidad mayor para Unidad Ciudadana. El protagonismo de Cristina y la definición de la fórmula activaron el voto anti-K.

 

Lavagna fue una opción dentro de Alternativa Federal, que hoy es más un conjunto de individualidades que otra cosa.

 

¿Es inevitable el balotaje, o gracias a esa polarización creciente se puede esperar una definición en primera vuelta en uno u otro sentido?

Son dos elecciones distintas. En las generales, la fórmula Fernández-Fernández está cerca del 41% y cumple con una de las condiciones para evitar el balotaje. La otra condición es superar los 10 puntos de diferencia, cosa que hoy no se ve que suceda. Pero todavía no comenzó la campaña electoral. Podría darse una paradoja: que la fórmula Fernández-Fernández tenga la posibilidad de acceder a ganar en primera vuelta y que tenga la posibilidad de perder en el balotaje.

 

Contrariamente a lo que se preveía, Unidad Ciudadana juega con precandidaturas confirmadas tanto en la Nación como en provincia de Buenos Aires, frente a rivales que todavía tienen bastante por definir. ¿Es un riesgo o un beneficio?

No tenemos medido el escenario con la fórmula Kicillof-Magario. Lo que sabíamos era que los dos tenían la intención de votos más alta dentro de la oposición, con una diferencia significativa a favor de Kicillof. Y que la gobernadora María Eugenia Vidal todavía estaba por encima. Ahora, hay que ver qué puede suceder cuando Vidal comparta la misma boleta con Macri, cuya caída es importante en la provincia. De hecho, la distancia entre Vidal y Macri es hoy de 10 a 12 puntos. Que son 10 o 12 puntos de posibles cortes de boleta. Vidal, que llegó a la gobernación impulsada por el corte a su favor, ¿podrá repetir? Creo que esa es la gran pregunta. En cuanto a Kicillof, es sorprendente lo que creció desde que empezó a recorrer la provincia. Logró una empatía que no habíamos previsto.

 

En principio, Kicillof es el que más “fideliza” el voto de Cristina. ¿Comparte la lectura?

Sin dudas. En ese sentido, es un buen candidato para una boleta encabezada a nivel nacional por Alberto Fernández.

 

¿Cómo imagina la pelea con Vidal? La gobernadora sigue siendo la dirigente con más potencial dentro de Cambiemos, pero tiene el desafío de dar la pelea con un sistema electoral distinto al de Nación y también al de la Ciudad: sin balotaje, con suma simple.

La elección en provincia de Buenos Aires, especialmente, va a tener un contenido emocional bastante fuerte. Vidal se da cuenta que puede perder, producto de esa misma polarización. Por eso va a jugar a fondo, a todo o nada, con la imagen de una mujer sola luchando contra las mafias, contra el delito, contra la policía corrupta. Va a ir por el voto emotivo.

 

En la provincia de Buenos Aires, precisamente, la polarización amenaza con ser mayor que a nivel nacional.

Seguramente. Si Massa, por ejemplo, fuese candidato a gobernador cambiaría todo el escenario del que estamos hablando.

 

¿Qué supone que hará Massa?

Difícil saberlo, aunque sospecho que está más cerca de la fórmula Fernández-Fernández. Y un peronismo unido tiene mayores posibilidades de triunfar. No sé si será lo mismo a la hora de gobernar, pero ese es otro tema.

 

Lavagna se pensaba como candidato de consenso, y hoy está con dificultades para encontrar aliados. ¿Qué sucederá con él?

Algunos lo pensaban como una especie de bombero para apagar el incendio económico. Por eso recurrieron a él. Pero Lavagna tiene un ego poderoso y no es, precisamente, un político tradicional. Hoy cuesta saber si será candidato. El espacio que está armando tiene pocos votos. Y una vez que le digan que tiene pocos votos, es probable que se quede en su casa. Fue una opción dentro de Alternativa Federal, pero este espacio es más un conjunto de individualidades que otra cosa. Y si Massa se refugia en el proveedor de votos más importante que tiene hoy la oposición, es difícil saber que será de ese espacio.

 

¿Qué rol tendrá Cristina en campaña?

Estará en algunos actos, en algunos lugares estratégicos como el conurbano. No la veo caminando el país. Eso lo va a hacer Alberto. Se la verá en spots, en fotos, porque es imprescindible que esté, porque es ella la que tiene los votos. Y sabe que tiene un electorado fiel.

 

Cambiemos, o el PRO en particular, tiene un expertise y una alta eficacia en campaña, experiencia que exige no subestimarla. ¿Cuánto podrá revertir, camino a las elecciones, en este contexto crítico en términos económicos y sociales?

Al Gobierno le quedan dos herramientas, que no maneja del todo, ni como querría. Una, el intento de lograr que la población vea una mejora en la relación ingreso y consumo antes de las elecciones. El indicador dólar parece estable, la inflación no tanto. La otra es el antikirchnerismo. Asustar a la población con el desorden, con el caos social, con que Argentina se convierte en Venezuela si regresa el kirchnerismo. El miedo y la emoción alrededor de ese miedo. Es una herramienta que el Gobierno va a usar, inexorablemente. De todos modos, con una nueva corrida del dólar, no escapa del nocaut.

 

El consultor Jaime Durán Barba dijo ayer que “a la hora de votar el miedo será mayor a la decepción”. ¿Se convertirá en eje de campaña?

El miedo, sí.

 

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