El comercio electrónico y sus beneficios para los consumidores

20 de mayo, 2019

La tasa para plazos fijos online oscilan entre 45% y 56%

Por Sebastián Galiani Profesor de la Universidad de Maryland y la Universidad Torcuato Di Tella

 

Recientemente, el dirigente social Juan Grabois afirmó: “Mercado Libre es contrabando, evasión, especulación financiera, abuso al consumidor y competencia desleal. Su ‘éxito’ es la destrucción de miles de puestos de trabajo. Macri los hizo multimillonarios a costa tuya”.

 

Considero que detrás de esta afirmación existe la idea de que la innovación es despiadada. Sin embargo, la innovación ha sido la principal fuente de desarrollo de la humanidad. Se podría reemplazar Mercado Libre por Uber o, más generalmente, por Amazon, y también encontraríamos críticas similares. La legisladora estadounidense Alexandria Ocasio Cortez, por ejemplo, celebró cuando Amazon decidió no instalar oficinas en Nueva York.

 

Sin embargo, para crecer es necesario crear las condiciones para que la incorporación de tecnología y la innovación sean la norma y no la excepción en nuestro sistema productivo. A su vez, para esto es imprescindible levantar las barreras legales y sociales que frenan el proceso innovador. La peor distorsión que puede tener una economía es aquella que en pos de sostener rentas traba la innovación.

 

Es la ausencia de un capitalismo competitivo lo que colaboró a nuestro estancamiento. Protección excesiva y barreras contra la competencia que perjudicaron a los consumidores; subsidios baratos asignados de forma discrecional que desincentivaron a los ahorristas. Una economía pensada para favorecer grupos particulares en lugar de para mejorar las condiciones de vida de la mayoría de los ciudadanos; una economía aletargada y sin dinamismo. Por ello, uno de los impulsos que necesitamos para cambiar nuestro rumbo de forma definitiva es espíritu modernizador, que favorezca la destrucción creativa, la aparición de ideas nuevas, la construcción de empresas valiosas que no nazcan al calor
del privilegio sino en la ardua carrera contra la competencia.

 

El comercio electrónico es uno de los ámbitos en los que esta economía moderna puede desarrollarse y extenderse. Con el comercio electrónico se reducen las barreras a la entrada, aumenta la competencia y se incrementan las opciones para los consumidores.

 

Dolfen y otros (2019) investigaron los beneficios directos que genera el comercio electrónico para los consumidores. Este trabajo cuantifica los efectos del comercio electrónico sobre el bienestar del consumidor en Estados Unidos, un país en el que este fenómeno viene creciendo con fuerza.

 

Para hacerlo, los autores utilizan información provista por la empresa Visa para el período 2007 – 2017. Los datos contienen un promedio anual de 380 millones de tarjetas de crédito y débito, 36.000 millones de transacciones y US$ 1,9 billones en ventas. Una base inmensa. La ventaja de utilizar datos de Visa es que en Estados Unidos esta empresa cubre una parte importante y creciente de las transacciones: 14% a principios del período y 22% hacia su finalización.

 

Los autores dividen los beneficios del comercio electrónico para los consumidores en dos: conveniencia y variedad. Los beneficios por conveniencia son aquellos que deriva el consumidor de evitar el molesto trabajo de viajar físicamente a sus comercios de siempre. Este efecto se abstrae del incremento en la variedad de locales y productos a los que puede acceder el consumidor. Obviamente, este efecto refleja sólo una parte de los beneficios que trae el comercio electrónico.

 

Los beneficios por variedad son los que que deriva el consumidor por acceder a nuevos comercios y productos. Para los autores, este es el canal más importante. Los locales a los que acceden efectivamente los consumidores varían mucho dependiendo de si la compra es online: en promedio, el 88% del gasto online se hizo en locales que no fueron visitados offline.

 

Para cuantificar los beneficios por conveniencia, los autores diseñan un modelo simple de elección binaria en el que el consumidor decide entre hacer su compra online u offline en un comercio determinado. Con esto encuentran cuánto más probable es que los consumidores compren online a medida que se alejan del comercio en cuestión. Utilizando la estimación de este modelo, estimaciones del costo de transporte e información sobre la distancia entre los negocios y sus consumidores, los autores cuantifican los beneficios por conveniencia.

 

Para cuantificar los beneficios por variedad, los autores incluyen un modelo en el que un consumidor que encuentra atractivo el hecho de tener más opciones puede decidir la cantidad de negocios que visita online u offline. Cuanto más fácil sea para los consumidores sustituir entre un negocio online y otro offline, menor será el aumento en el bienestar del consumidor que genere el comercio electrónico. Los autores se valen de este modelo y de los datos disponibles de los consumidores para cuantificar los beneficios por variedad.

 

Encuentran que el comercio electrónico generó en los consumidores un aumento del bienestar equivalente al 1% de aumento en su consumo total –o, puesto de otra forma–, de 1.000 dólares por hogar para el año 2017. Adicionalmente, los autores encuentran que los consumidores de mayores ingresos y los consumidores que habitan áreas geográficas más densamente pobladas son los que mayor bienestar ganaron. Aunque algunas ganancias surgieron de ahorrar en costos de viaje, la mayoría de los beneficios se explica por el acceso a nuevos comercios.

 

Otros papers como Clay, Krishnan y Wolff (2001); Morton, Zettelmeyer y Silva Riso (2001), Brown y Goolsbee (2002) o Goldmanis y otros (2010) muestran más beneficios del comercio electrónico. Por una cuestión de espacio, no entrare en los detalles de estos trabajos, los cuales encuentran que el comercio electrónico además genera precios más bajos, más flexibles y menos dispersos, y un desplazamiento de recursos de negocios menos productivos a negocios más productivos.

 

Grabois también menciona la destrucción de empleo asociada al comercio electrónico. Este es un tema para el que es difícil encontrar evidencia rigurosa, pero tal denuncia es cuestionable. Por un lado, es posible que el comercio electrónico destruya empleo en algunos comercios físicos. Por otro lado, crea empleo de forma directa en las plataformas digitales (como MercadoLibre) y de forma indirecta en la logística intrínseca que le viene asociada, en la expansión de los negocios que logran aprovechar el fenómeno y en la producción de los bienes que se comercian por ese canal.

 

Mandel (2017) intenta dilucidar si la expansión del comercio electrónico en Estados Unidos generó o destruyó empleos en el neto. Mientras que el empleo en comercios minoristas cayó en 140.000 puestos entre diciembre de 2007 y junio de 2017, el empleo en centros logísticos y plataformas de comercio electrónico (como Amazon) creció en 400.000 puestos.

 

El comercio electrónico también tiene una interesante dimensión regional, ya que permite a negocios establecidos en zonas alejadas venderles a núcleos más densamente poblados o más ricos, revalorizando así su trabajo. En China, los pueblos rurales taobao (los que con un volumen de transacciones online de al menos 10 millones de yuanes por año y al menos 100 comercios electrónicos activos) son un ejemplo. Estos pueblos que se vieron potenciados por lecturas económicas el comercio electrónico a través de la incidencia de la plataforma Alibaba pasaron de ser 20 en 2013 a 3.202 en 2018. Otro ejemplo de esta naturaleza es el de la empresa Workana, una plataforma digital que permite a freelancers vender sus servicios a cualquier parte del mundo.

 

Un fenómeno que conecta a las zonas remotas con los mercados grandes y a las personas con las oportunidades existentes difícilmente merezca la hostilidad que le dedicó el dirigente social.

 

Cuestionar la conveniencia de subsidios sectoriales es válido. ¿Corresponde establecer beneficios fiscales para un sector sobre otro? Es una pregunta importante e interesante. Pero tiene que responderse de forma racional y con la mira puesta en pensar cómo organizamos la política pública para lograr una economía cada vez más moderna, innovadora y competitiva, en la que triunfen las empresas que producen cosas valiosas para la sociedad.

 

Bibliografía

Brown, J., & Goolsbee, A. (2002). Does the Internet Make Markets More Competitive? Evidence from the Life Insurance Industry. Journal of Political Economy.

Clay, K., Krishnan, R., & Wolff, E. (2001). Prices and Price Dispersion on the Web: Evidence from the Online Book Industry. The Journal of Industrial Economics

Dolfen, P., Einav, L., Klenow, P., Klopack, B., Levin, J., Levin, L., & Best, W. (2019). Assessing the Gains from E-Commerce. NBER Working Paper 25610.

Goldmanis, M., Hortacsu, A., Syverson, C., & Emre, O. (2010). E-commerce and the Market Structure of Retail Industries. The Economic Journal.

Mandel, M. (2017). How Ecommerce Creates Jobs and Reduces Income Inequality. Progressive Policy Institute

Morton, F. S., Zettelmeyer, F., & Risso, J. S. (2001). Internet Car Retailing. The Journal of Industrial Economics.

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