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Mis días macristas

01 noviembre de 2019

Por Carolina Nobile Comunicación del Ministerio de Producción y Trabajo y la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional

Hay una pregunta que a los head hunters les encanta hacer durante las entrevistas. ¿Dónde te ves de acá a cinco años? Presupone que es posible saber con claridad lo que querés para tu carrera y lo que tenés que hacer para avanzar en esa dirección. Si a principios de 2016 me hubieran hecho esa pregunta yo no hubiera sabido qué responder; iba por el décimo mes de mi sabático, mis ahorros tocaban fondo y además sentía ganas de estar productiva al 100% otra vez, pero la incógnita acerca de mi vocación no se terminaba de definir y ya me estaba resignando a la idea de recaer en un trabajo como el que había dejado meses atrás: un trabajo para el que yo era muy buena pero al que no podía ponerle el corazón y que no significaba para mí más que un ingreso de dinero. Eso me frustraba mucho.

Cuando una conocida (hoy, gran amiga) que había empezado a trabajar en diciembre de 2015 en el flamante Ministerio de Producción de la Nación me ofreció recomendarme para liderar la comunicación del área que ella integraba, yo no sabía que me estaba ofreciendo el que sería el mejor trabajo de mi vida. Primero pensé que era chiste y cuando vi que era en serio le dije que no me interesaba. Era de madrugada, estábamos tomando algo en un bar, me preguntó qué tal mi sabático por conversar de algo, le dije que en su trabajo anterior buscaban a alguien con mi perfil y le pedí que me recomendara. Me recomendó, pero también me insistió mucho para escuchar la propuesta del Ministerio hasta que, movida por la curiosidad, acepté una reunión.

Estos años fueron alucinantes desde lo profesional y los detalles quedarán en mi CV. Pero lo que más atesoro de esta experiencia es que me permitió ver de cerca y aprender qué implica gobernar. Qué es hacer política pública y cómo funciona el Estado desde un paradigma y una lógica completamente nuevos para Argentina, con los que me sentí identificada de entrada: dejar de ser el poder y pasar a ser servicio. Poner en valor la transparencia, la institucionalidad y la honestidad. Salir de la lógica de que estamos condenados a repetir siempre los mismos errores para pensar que los problemas tienen solución, por más que esas soluciones cuesten más de lo esperado o sean impopulares. Como escribió alguien en Twitter en pleno shock posterior a las PASO cuando muchos se indignaban con los votantes de la Villa 31: las villas no se urbanizan para ganar elecciones; las elecciones se ganan para urbanizar las villas.

Uno de mis primeros proyectos en el Ministerio fue presentar el GPS de Empresas, un sitio que habíamos creado para que cualquier usuario pudiera conocer cuántas empresas existen en Argentina, cómo se distribuyen a lo largo del país, cuánto empleo generan, cuántas se crean y cuántas cierran por año, qué producen, cuánto y qué exportan. Fue una odisea: hoy parece obvio, pero nos habíamos acostumbrado tanto a que no hubiera estadísticas públicas que fue un desafío contar y explicar la importancia de que esta información estuviera disponible y accesible. Le hablábamos a un paciente en rehabilitación que tenía que aprender desde cero a usar un músculo atrofiado. Todavía me acuerdo cuando, un año más tarde, Axel Kicillof tuiteó que iba a hacer un pedido de informe para que el Gobierno retome la publicación de ciertas estadísticas que supuestamente estaban discontinuadas, y le respondimos que esas y otras estadísticas estaban accesibles online hacía un año y medio.

Al GPS le siguieron otros informes y series de datos que fuimos haciendo públicos al ritmo que nos permitía la creación y programación de sitios web del Ministerio donde reflejábamos esa información, ritmo que pese al compromiso y los esfuerzos nunca era tan rápido como nosotros queríamos. También aprendí que los datos no eran sólo relevantes por una cuestión de transparencia, acceso a la información pública y participación ciudadana: además eran fundamentales para tomar decisiones de política basadas en evidencia, es decir, mejores decisiones de política. Cuando hay datos, los caprichos, fantasías o intereses de los funcionarios tienen menos posibilidades de ganar una discusión.

Uso la política de datos abiertos como ejemplo, podría citar muchos otros. Tanto ahí como en otras áreas de Gobierno hicimos una transformación enorme pero silenciosa, que puede parecer marginal pero que no lo es, y que no solo tiene que ver con crear herramientas o programas: es un conjunto de aspectos que determinan un cambio cultural en la manera de gobernar y en la forma en la que funciona el Estado. Digitalización de trámites, por tomar otro ejemplo: es un ahorro drástico de tiempo y plata para empresas y ciudadanos, pero también reduce la posibilidad de que un funcionario pida una coima para acelerar o mover un expediente. Democratización y transparencia.

Después de perder la elección es tentador caer en la autocomplacencia y creer que nos vamos con las manos vacías, que volvemos a foja cero, que no hay logros ni conquistas o que fracasamos. Pero es un error: probamos que se puede gobernar de una manera distinta, cambiamos la manera de hacer muchas cosas, derribamos un montón de mitos y algo de todo esto nos va a trascender. La invitación y predisposición del Presidente a hacer una transición ordenada es un gesto sin antecedentes en la política argentina y sintetiza los valores de esta transformación cultural.

No voy a negar que cometimos todo tipo de errores, tanto en materia económica como por novatos en la Administración Pública. Y los reconocimos, lo que también es una innovación en la política argentina, donde todos se creen dueños de la verdad e históricamente prevalece la épica de la confrontación y demonización del adversario. Esa épica que vuelve enardecida y que espero que ahora que conocimos algo distinto nos empiece a resultar extraña y extemporánea.

Muchos llegamos con cero experiencia de gestión pública pero con vocación de servicio genuina, sin fantasías de acumulación de poder, con humildad para aprender y hacer un paradigma de gobierno distinto. Es fácil y cómodo actuar siguiendo fórmulas conocidas porque ya sabés cómo funcionan, pero con eso no transformás nada, sos una fotocopia de ideas que tuvieron otros en una época que ya no tiene nada que ver con esta en la que vivimos ahora. Lo difícil es construir algo nuevo porque te vas a equivocar mil veces en el proceso, exponiéndote y corriendo riesgos. Pero después de equivocarte aprendés. Somos muchos los que hoy entendemos mejor cómo funciona el Estado, que trabajamos juntos y ahora tenemos una historia común, valores compartidos y una visión del futuro que queremos. Por eso decimos que esto recién empieza. Nos vamos, pero nos vamos enormes, habiendo hecho una Argentina mejor en muchos ámbitos.

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