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La misión es gobernar

Si en lugar de los chicos de La Cámpora o de los amigos de los supuestos CEO, la administración pública hubiera estado en manos de la burocracia profesional, muchos de los males que aún sufrimos, como las consecuencias del atraso homérico del caño, no se habrían producido.

Para salir de la decadencia y del ocaso de nuestra sociedad, es necesario dar un salto gigantesco en la calidad de la gestión pública.
Para salir de la decadencia y del ocaso de nuestra sociedad, es necesario dar un salto gigantesco en la calidad de la gestión pública. Archivo
Carlos Leyba Carlos Leyba 11-11-2022
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Primero dos anuncios: hoy, viernes 11 de noviembre, Sergio Massa pondrá en marcha "el programa de 1.400 Precios Justos para Alimentos, Higiene y productos asociados a la canasta" y, además, informó que el 20 de junio de 2023 estará en pleno funcionamiento "el gasoducto" que nos permitirá aumentar la colocación del gas de Vaca Muerta y así poder ahorrarnos US$ 2.700 millones de importación de combustibles (sic). 

Segundo, un pronóstico: "Podemos llegar a diciembre de 2023 abajo de los 3 puntos de inflación" (sic).

Los anuncios "precios y gas" y el pronóstico de reducción inflacionaria los formuló Sergio Massa en el programa de Marcelo Bonelli (TN). 

La coronación de la gestión, en diciembre de 2023, sería inflación de 3% mensual, 45% anual, la mitad de lo que sufrimos. Para ese modesto objetivo, cuatro meses de "Precios Justos", parece poco.

Pero atención, la salida del gas representará un cambio enorme en las expectativas. 

El futuro podría despejarse. Sobre todo mirando el hoy. Calles plagadas de insatisfacción. Incapacidad del Estado para hacer. Pérdida de la confianza. Marea obscura. Ese gas tiene una enorme capacidad de disipar sombras. 

Nadie anticipo la explosión de la soja. Pero disipó las sombras más obscuras. La conmoción social. El viento de cola se llevó -por ese tiempo- todos los males. 

Massa ha puesto el énfasis en la terminación del caño. Un mérito. Los 1.400 precios justos y el pronóstico inflacionario no son para sacar pecho. El gas sí.  

Contrasta con la incapacidad de Cristina, Mauricio y Alberto, que atrasaron esa obra durante casi ocho años. 

La mínima eficacia no sólo nos habría ahorrado dilapidar reservas para importar el gas que dormía en nuestro subsuelo, sino que la penuria de dólares no habría sido la madre (y no menor) de gran parte de los desbarajustes de la economía que atormentan a la vida social. 

Con dólares es otra cosa. 

Por las buenas razones, los tiempos del viento de cola (soja más la baja tasa de interés internacional y un dólar local recontra alto que alentó el retorno de las fugas transitorias) convirtieron de la nada a Néstor en un "presidente exitoso". Y además generó la capacidad de aguante de la "no gestión" de Cristina. 

Pero fueron también "felices" los tiempos de dólares ingresando, a puro pedal, por las malas razones en los tiempos de Mauricio. Como era de prever aguantaron poco y terminaron mal.

Desde el "industricidio" se repite un clásico: deuda "dame dos", crisis, default, renegociar, FMI. 

Esto sólo para recordar los tiempos de dólares generosos del Siglo XXI. Antes hubo otros. 

Massa anuncia mejores tiempos por los dólares que  vendrán del subsuelo y subirán a la caja por la boca del caño. 

Los de la soja se esfumaron, los de las deudas externas terminaron siendo una collera de tiro que -como dice la RAE- acomoda la fuerza del tiro del buey o bien pueden ser el nombre de la cadena de presidiario. 

Arreglar la deuda externa es tarea de buey o de presidiario si se trata de vivir a pan y agua.

Estos dólares, los del caño, plantas de licuefacción o fertilizantes, o de lo que fuere, pueden ser una oportunidad o un castigo. 

El albañil paraguayo que hace medio siglo ganó el equivalente de US$ 7 millones en el Prode, no la pasó bien: puede llover sopa y si solo tenemos un tenedor la pasamos mal. 

No pensar las implicancias de la fortuna próxima es un verdadero delirio. 

La oportunidad, para ser tal, exige pensar, proyectar y planificar el cómo preservar y montar una estructura productiva que aproveche "el maná, no del cielo, sino del subsuelo". 

El castigo -sabemos los economistas- es que la oportunidad de la naturaleza, se convierta en otra vía de enfermedad holandesa que, sin darnos cuenta, la hemos sufrido muchas veces en el último medio siglo. Destruimos todas nuestras cadenas de valor. 

No pensar el largo plazo, la ausencia de un Estado que evalúe las consecuencias de lo que hacemos sea con el viento de cola, con la deuda o con el gas, es el principal obstáculo para desarrollar nuestro gigantesco potencial.  

Celebremos la llegada del caño, que se cumpla el pronóstico, y no dejemos de señalar que el atraso en la licitación e instalación del caño, es la consecuencia del desmantelamiento intelectual del Estado. 

Y dado como estamos hoy, el recuerdo sirve como aviso. El que avisa no traiciona.

Si en lugar de los chicos de La Cámpora o de los amigos de los supuestos CEO, la administración pública hubiera estado (como en todos los países que crecen, administran y no sufren los estragos de la corrupción) en manos de la burocracia de carrera, profesional, sometida a las normas, muchos de los males que hemos sufrido y aún sufrimos, como las consecuencias del atraso homérico del caño, no se habrían producido.

Y a causa de las palabras del ministro, a las que luego me referiré, no es baja la probabilidad que volvamos a sufrir. 

Es importante reiterarlo, porque pocas veces se menciona que para salir de la decadencia y del ocaso de nuestra sociedad -rica en oportunidades y miserable en realizaciones-  una de las prioridades es el necesario salto gigantesco en la calidad de la gestión pública. Lo que llamamos "la administración". 

No son los ministros, secretarios, ni subsecretarios -la capa política y transitoria de la Administración- los que hacen la "calidad del Estado". No. 

Es la firmeza, el rigor, la productividad de las líneas permanentes -formación, entrenamiento, experiencia- aquello que en definitiva define "el estado del Estado". 

Veamos dos ejemplos dramáticos que han trascendido y están sujetos a confirmación. 

Primero, el atraso en las tareas del Censo 2022. Diez años, sin burocracia profesional para prepararlo y ejecutar las tareas de una información imprescindible. Prácticamente, en los últimos 20 años, el Indec fue desmantelado. El desastre de la falsificación de las estadísticas de precios y cuentas nacionales, ha sido obra de funcionarios kirchneristas y también de otros que son hoy de Juntos por el Cambio. Aquella hecatombe moral del Indec está en la génesis de este atraso de una información imprescindible. Resultado de "muchos queridos amigos" y poca profesionalidad. Grave. 

Pero notablemente más escandaloso es la existencia de un informe oficial que ha trascendido, pero no se ha publicado, que  revela que el 18% de los beneficiarios de los planes del Potenciar Trabajo no deberían haber recibido una moneda: presentan declaraciones juradas de Bienes Personales. ¡Son gente con patrimonio! 

Un insulto, una canallada, que revela el bajísimo nivel de quienes, en general, administran los recursos públicos: los "queridos amigos".

Por atrasos o faltas del Indec no sabemos todavía cómo ni cuántos somos; y peor, el ministerio del "bien social" no sabe a quién le da la plata. 

Cuidado, si llegan el gas y el oro negro de Vaca Muerta, y la demanda de energía continúa, estaremos a la puerta de días de júbilo y con riesgo de una frustración y años de penuria. 

Recuerde que a pesar del viento de cola y por lo que no supimos, quisimos o pudimos hacer con él, tenemos hoy más de la mitad de los niños en la pobreza. Es decir, a pesar del boom de la soja, lejos de mitigar la pobreza, la pobreza creció. Gracias Néstor. No se ganan derechos sustentables sin acumulación. 

Es escandaloso escuchar la normalización que hemos hecho de los "merenderos" y "comedores", lugares donde la pobreza alimentaria es morigerada por un rato. 

La pobreza empieza en la cama y sigue en el amanecer. ¿Qué es lo que no entendemos?

El ministro, buena planta, como diría Monseñor Justo Laguna "habla de corrido", ¿pero qué dice? ¿Qué piensa de ese cuerno de la abundancia que está por llegar con fecha fija y antes de las elecciones?

Lo dijo, repitió la monserga de los últimos años.  Lo llamó, lenguaje à la page, "geopolítica". Y zarpó con "los vectores de competitividad" (¿?). 

Y de ahí en más señaló "la energía, las proteínas, la minería, la economía del conocimiento". El clásico lenguaje a la moda. 

Ninguna duda que sea por la guerra, por el clima, por el cambio tecnológico, las inversiones en esos sectores, los que mencionó Massa, son las recomendadas por todas las newsletters del mercado. 

Muchas de las multinacionales de esos sectores ven volar sus acciones y sus ganancias. 

Pero si bien la Argentina tiene energía convencional y no convencional, proteínas animales y vegetales, una cordillera y minería de punta como lo puede ser el cuarzo transformado en silicio o las tierras raras, y a los jóvenes que trabajan en la "economía del conocimiento" les va muy bien, lo que evidentemente no le han dicho a Massa, o si se lo dijeron no lo cree, es que la economía salarial urbana está destruida. 

Y eso significa que no hay trabajo productivo en las áreas urbanas donde la inmensa mayoría de la población sobrevive entre changas y subsidios, donde no hay otra cosa que productividad de subsistencia y donde es imposible redistribuir el ingreso porque no existe un sistema asalariado capitalista. 

Porque la distribución primaria es el salario y empieza por el empleo en actividades de productividad creciente. No en bicicletas de reparto. 

Lo que no le han dicho a Massa que el mundo occidental, el mundo desarrollado, el lugar hacia dónde queremos converger, pegó la vuelta y hoy en EE.UU., en Alemania o en Francia, el leit motiv de los estadistas es el retorno de la política industrial. 

Para no volver a perder el tren hay que reconstruir una usina pública de pensamiento del desarrollo, el diseño del país deseado, integrado en toda su extensión, hecho por técnicos, multidisciplinario, inspirado en la aspiración de, como mínimo, volver a ser lo que fuimos. 

Esa sería la mejor manera de seguir, emular, a los autores de nuestras grandes cosas, la conquista productiva del territorio, poblar al país, surcarlo de vías de comunicación, alimentar y cuidar para poder educar, producir más valor para no terminar exportando naturaleza para importar trabajo. 

Eso es gobernar. Lo contrario es ser gobernado. Y la misión es gobernar.  

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