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El huevo o la gallina

Argentina, país de clase media, sin pobreza y con crecimiento, se quebró en 1975.

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Carlos Leyba 25 agosto de 2023

Saqueos infantojuveniles localizados, probablemente organizados, que desorganizan la vida; piquetes urbanos conducidos por militantes que no llegan al 2% del electorado, pero que desordenan la vida. 

En las PASO mayoritaria abstención y voto nulo pero, con 20% del electorado, los votantes de Milei se multiplican por sobredosis de interpretación. La Cerruti piró.

Los especialistas en opinión barruntan que "los jóvenes varones votaron contra la ideología de género, la ley del aborto y los ultra feministas". Pero "el tano" Loris Zanatta, honor a su nombre y consuelo progre, afirmó "el voto de Milei es contra el Papa", tras cartón dijo Javier "es un psicópata" (Clarin, 24/8) 

Alberto, tan inoportuno como inútil, celebró que Lula haya embarrado la cancha a Massa. Sergio en lo único que no  cambió es en su amor a EE.UU. Por eso al invitar a la Argentina a aliarse a los BRICS, que - aquí y ahora quiere decir "con Rusia" Lula le mojó la oreja a Occidente. Fernández feliz le agrega al país una complejidad adicional, a sabiendas que ningún candidato PASO -salvo la izquierda- aprobaba sus delirios de política internacional. 

Siempre se elogió la capacidad de hacer daño de Fernández. Lo sabe el país, lo que queda del peronismo de Perón y Cristina. 

Argentina, país de clase media, sin pobreza y con crecimiento, se quebró en 1975. Mucho antes de los K, Macri o Alberto. Se quebró cuando se aplicó la ideología del "industricidio". Necesitó de violencia: nada se había agotado. La Guerrilla y la ordalía de sangre de la Dictadura, fueron los instrumentos que liquidaron la base material de la productividad que exige el Estado de Bienestar. 

Desde entonces fuimos una fábrica de pobres (se multiplicaron por 20 en 50 años) y también el territorio de la huida del excedente económico: 400.000 millones de dólares de residentes argentinos y una deuda externa similar. La pobreza fabrica deuda y ahuyenta al capital. 

Los años de Fernández, los del aborto libre y gratuito, la cuarentena interminable, el vacunatorio VIP, la fiesta de Fabiola, contribuyeron (ni único ni principal) al naufragio del Estado y de la política. Ambos imprescindibles para, al menos, sentir que podemos vivir mejor.

Hoy perplejos ante el desorden que revelan los hechos vandálicos. Pero ningún orden es moralmente legítimo o "estable", si predomina la violencia de 60% de los niños en la pobreza. Esa es la base del desorden.

¿Qué revela "desorden"? Debilidad y desesperanza. Debilidad del Estado y desesperanza en "la política". El desorden destruye al presente y la desesperanza al futuro. 

Así está el escenario electoral. ¿Qué hay detrás? F. Braudel decía "hay que mirar los acontecimientos desde muy lejos con el deseo sistemático de explicar". 

Explicar es abrir los pliegues, desenvolver lo que vemos a primera vista. El contenido está oculto por la complejidad de lo inmediato. Veamos. 

¿Por qué se ha debilitado el Estado? La burocracia profesional weberiana fue demolida. La "ideología" y después, la sustitución de los "de carrera" por "conocidos de confianza" y para evitar el desempleo de los amigos. El Estado ha sido inutilizado como actor. 

"Hace mímica" (P. Seman). La destrucción de la estructura productiva erosiona la base del "poder del Estado". La base productiva, recibió las esquirlas de la "globalización" - la redistribución mundial del trabajo -que hoy lidera el gobierno chino en pos de la "ultra especialización": nos toca "reprimarización". La principal reacción positiva frente a este proceso es la política industrial que lidera J. Biden. Hoy nuestro Estado tiene menos herramientas y menos capacidad para manejarlas. 

¿Por qué se ha debilitado la política? Su discurso vacío causa desesperanza. La política es construcción de esperanzas. No hay política sin "visión" esperanzadora e inclusiva sobre el futuro. 

No existe "política" de la exclusión o la desesperanza. La exclusión es tarea de la "revolución", siempre por las armas o por el autoritarismo instalado ilegítimamente en el poder. Sin visión no hay política. 

Los partidos, las visiones, fueron proscriptas en 1966. La política renació en 1973 pero los partidos sufrieron la Guerrilla y la Dictadura Genocida. 

En 1983 la política renació con una convocatoria extraordinaria: R. Alfonsín, el Preámbulo, comer, educar, curar. Las primeras y únicas decentes elecciones internas del peronismo: Cafiero versus Menem. 

Desde Menem vivimos el vaciamiento de los partidos y su extinción con la Alianza. A partir de allí las coaliciones o el vaciamiento de los partidos: un instituto de la Constitución '94. 

Unión por la Patria es nada. Amontona viejos peronistas, burócratas provinciales y psicobolches verdes, cuya principal causa es la LGTB+ que poco tiene que ver con el pensamiento de Juan y Evita o con la clase obrera. 

Juntos por el Cambio es nada. ¿Qué en común entre Lilita y Mauricio? ¿Qué entre la mayor parte del radicalismo y el PRO? Los divide la misma idea del cambio: el primo Macri celebra ser BRICS y Patricia lo lamenta. Nada.

En este desorden y desesperanza, emergieron un "personaje" y la evidencia que las coaliciones carecen de signos vitales. La sociedad demanda liderazgo, pero liderazgo requiere "visión". 

Milei predica una ideología sin "visión", vacía de futuro, su país es lo que el mercado diseñe. ¡Déjenlo ser! ¡viva la libertad carajo! Adiós fraternidad. Adiós igualdad. No son ideales. Seguramente más concentración y conflictos.

¿Quién es Milei? Apoyó al ministro Kicillof, fue neoclásico, adversario de la convertibilidad y de la dolarización. Fue ayer, no más, que experimentó su conversión austríaca. ¿Raíces profundas? ¿Dónde?

La trayectoria de Patricia es zigzag entre extremos, de montonera a liberal. ¿Podría tener "visión"? No lo expresa, salvo la palabra "orden". ¿Cuál? Pero la humildad es virtud. Ha elegido a C. Melconian, economista con ideas y herramientas, que cultiva la frecuencia actoral de Milei. Representa al empresariado que -con ideas diferentes sobre el desarrollo- hace medio siglo representó J. Gelbard. 

Concepciones más contrarias que diferentes. Pero, al igual que Gelbard, habla con sindicatos y partidos. Y si bien no hay una "visión", hay vocación por un programa multidimensional. Un método. No es todo, pero tampoco es nada. 

Massa es movimiento, es líquido. Adopta la forma de lo que lo contiene. Ha pasado, con éxito personal no colectivo, por todas las formas disponibles. Nadie puede afirmar que hay en esa cabeza. Porque sólo hay "oportunidad". Lo único que lo ancla es  el amor a los Estados Unidos. Y ahora la cordial relación con Milei y viceversa.

Lo que nos pasa, jornadas tremendas, la emergencia Milei y la renuncia a participar, se viene acumulando desde el fracaso del Estado y la política. 

Demolieron el de Bienestar y construyeron el de Malestar, pobreza y fuga del capital. No hay una cosa sin la otra. 

La demolición del Estado de Bienestar iniciada en 1975 y sin solución de continuidad hasta la fecha, implicó la destrucción del sistema básico de distribución, el régimen salarial, que instaló el capitalismo a rostro humano. 

De ese régimen derivaron los avances en la igualación de posibilidades, sentirnos parte de la misma familia, fraternidad, gozar de la libertad, ser Nación con Coeficiente de Gini igual al de Francia, C. Pagni dixit. "Distribución primaria", pleno empleo y financiamiento, básicamente genuino, de bienes públicos. Beneficios de la acumulación reproductiva que incrementa la productividad. En ese sistema de distribución se basó el éxito de los 30 gloriosos en Occidente: la solvencia del sistema. Aquí hace 50 años que se desvanece, desciende la productividad y se desfonda el sistema de bienestar. 

No es sólo la pobreza y la desigualdad, es que sólo 13% de los egresados del secundario son solventes en lengua y matemáticas. Votan desde los 16. Hagamos cuentas. 

Cuando son muchos los que nada tienen que perder, es contagiosa la prédica de gritar furiosamente ¡ "sálvese quien pueda"! Los pueblos que han salido de las cenizas saben que "nadie se salva solo" y que ningún proyecto ético puede dejar de ser consecuencia de un "proyecto colectivo inclusivo".  

Ese proyecto no lo puede formular el mercado, porque "el mercado" se autoconstruye. Pero no se puede realizar sin la presencia del mercado que es la multitud de transacciones que tejen la realidad económica. Para Milei, cuidado, bienes de mercado son todos y podría incluir órganos humanos y niños. Para él la ética es el mercado. 

Para que el mercado haga su tarea necesitamos disponer de moneda fiduciaria y no la hay sin Estado. La dolarización es adoptar, unilateralmente, la política monetaria de Estados Unidos y dejar de tener prestamista de última instancia. Milei se quiere endeudar para lograrlo. 

Hay un atajo. Veamos. Argentinos disponen de US$ 400.000 millones en sus bolsillos. Los empresarios de "Nuestra Voz, dolarizadora" tal vez sean titulares o lideren a titulares, de mucho más que los US$ 30.000 millones que dice necesitar Milei para su sueño monetario sin prestamista de última instancia. 

Entonces una pregunta obligada a los empresarios de "Nuestra Voz": ¿qué habría pasado si los US$ 400.000 millones no se hubieran ido? No les pregunto por qué se fueron. Porque sabemos que se fueron al mismo ritmo que se multiplicó el número de pobres. 

Las dos cosas empezaron en 1975, y nunca pararon. Entonces los departamentos se compraban a 12 años en cuotas mensuales en pesos; y los campos se vendían en pesos a 3 o 5 años. Pleno empleo, crecimiento y exportaciones industriales. 

Se pensaba el largo plazo, como bien público, y la zanahoria estaba para atraer inversiones (no para consumir). No logramos la convergencia con los desarrollados, pero nuestro PIB ph, durante 30 años y hasta 1975, creció al ritmo de Estados Unidos.    

Si los dólares no hubieran partido: ¿habría habido sugerencia de dolarizar? 

Si los empresarios de "Nuestra Voz" lo votan a Milei por qué no promueven la donación del 10% de esas tenencias y ¡ya está! ¿El huevo o la gallina? 

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