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El cambio: construir el verdadero federalismo y terminar con el "unitarismo generoso"
Debates

El cambio: construir el verdadero federalismo y terminar con el "unitarismo generoso"

El "unitarismo generoso" es atractivo para el político porque siente que le cambia la vida a la gente.

Jorge Colina 23 agosto de 2023

Extremando la simplificación, se puede decir que en la PASO se presentaron dos enfoques bien diferenciados. Por un lado, estuvo Javier Millei y Patricia Bullrich que plantean la necesidad de transformaciones profundas, disruptivas y a ser implementadas a partir del primer día. Al interior, la propuesta de Milei es más radicalizada que la de Bullrich.

Por otro lado, estuvo Horacio R. Larreta y Sergio Massa que plantearon una línea de continuidad de las políticas tradicionales, implementadas con gradualidad buscando obtener el mayor grado de acuerdo posible en el arco político. Obviamente que el enfoque de Larreta se diferenciaba del de Massa en que explicitaba la necesidad de hacerlo sobre bases institucionales más sanas y mejoradas. 

Se sobrepuso el primer enfoque con el 47% de los votos (Milei 30%; Bullrich 17%), sobre el segundo enfoque que obtuvo 32% de los votos (Massa 21%; Larreta 11%). Definitivamente la gente está pidiendo un cambio disruptivo. La gente está cansada de "más de lo mismo". 

La gente quiere que baje sustancialmente la inflación. Si bien no lo explicita, subyace que lo que desea es que la inflación no sea un problema cotidiano. Esto sería una inflación no superior a un dígito anual. También quiere que haya seguridad, que mejore la educación y que haya buenos empleos. Nada de otro mundo.

¿Se podrá evitar caer en más de lo mismo?

Más de lo mismo es confundir "federalismo" con "unitarismo generoso". El unitarismo generoso es gobernar desde el Estado central queriendo dar todo: estabilidad de precios, crecimiento económico, más empleos, viviendas, plazas, calles asfaltadas, mejor educación, mejor salud, seguridad en las calles y erradicación de la pobreza. Dar todo de manera ecuánime en todo el territorio nacional. Por esto es "unitarismo" (gobierno centralizado) "generoso" (dar todo de manera ecuánime para todo el territorio nacional).

El formato de "unitarismo generoso" es atractivo para el político porque siente que le cambia la vida a la gente. Pero, lamentablemente, termina todo en voluntarismo. El Estado nacional no puede parar la inflación, pero, eso sí, quiere construir viviendas, plazas, arreglar escuelas, manejar planes sociales, todas, funciones provinciales. Luego, el ciudadano no sabe quién es el responsable por los pésimos resultados sociales (el presidente, el gobernador, el intendente o los tres). 

Definitivamente la gente está pidiendo un cambio disruptivo. La gente está cansada de "más de lo mismo". 

Federalismo es que el Estado nacional se concentre sólo en las cuestiones interprovinciales. Las provincias (con sus municipios) se concentren en la política social en su territorio. 

Entonces, el Estado nacional debe concentrarse exclusivamente en generar una macroeconomía sana (erradicar la inflación), construir infraestructura interprovincial (rutas nacionales, navegabilidad de los ríos, abundantes vuelos domésticos por todo el país y la generación y transporte entre provincias de la energía) para que todas las regiones del país puedan atraer inversiones y generar los tan ansiados buenos empleos (para lo cual tiene que modernizar las leyes laborales). Y hasta aquí, llega el rol del Estado nacional. Nada más.

Las provincias (con sus municipios) deben asumir la exclusiva responsabilidad -sin pedir "ayuditas" al Estado nacional- por los caminos provinciales, las viviendas, el urbanismo, la seguridad, la educación, la salud y paliar la pobreza. Aquí surge un tema importante. 

No todas las provincias van a tener igual calidad en la gestión de estos servicios. Habrá provincias que tendrán menos déficits de viviendas, medio ambiente más cuidado, más seguridad, mejores escuelas y hospitales públicos, menos pobres, que otras. Entonces, no habrá ecuanimidad en el desarrollo para el ciudadano. 

Lo anterior no es una falla del federalismo. Es la esencia del federalismo. En la organización federal cada provincia y municipio tendrá el destino que sus dirigencias puedan construir y el país tendrá el destino de la suma de sus provincias. 

En esta perspectiva, si el Estado nacional trajo estabilidad macroeconómica, infraestructura interprovincial en todo el territorio nacional y una legislación laboral moderna, entonces, habrá cumplido con su mandato de igualdad de oportunidades para las provincias. Pero la igualdad de oportunidades para los ciudadanos va a depender del desempeño de sus gobernadores e intendentes.

Lo que el Estado nacional puede hacer para estimular el buen desempeño de gobernadores e intendentes, no es interferir en sus funciones y querer ayudarlos, sino medirles los resultados sociales y publicárselos por los medios de comunicación masiva a fin de que la población sepa los resultados sociales que logra su gobernador y su intendente. Con información, la gente podrá ejercer presión social, con su voto, para que los gobernadores e intendentes mejoren los déficits de vivienda, de urbanismo, la gestión de las escuelas, de los hospitales públicos y la atención de los pobres. 

Es más, el presupuesto de pauta oficial debería ser utilizado para diseminar los resultados sociales provinciales en lugar de usarlo en hacer propaganda política del gobierno de turno.

En suma, el cambio disruptivo que subyace en el pedido de la gente por transformaciones profundas es que el nuevo Gobierno nacional abandone para siempre el "unitarismo generoso" e implante un sólido federalismo que significa que la Nación se concentra en funciones interprovinciales y cada provincia (con sus municipios) son únicos y exclusivos responsables por los servicios sociales que reciben sus ciudadanos. 

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