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Derrumbe y erosión

Estamos peor que nunca. Escuchar a las voces de los principales espacios es perturbador. La generación Meiji supo buscar ejemplos a seguir en el resto del mundo. Copiar lo que hicieron los mejores, no lo que dijeron. Aquellos a los que le fue bien.

Si no “definimos” el problema no hay posibilidad de búsqueda de la solución.
Si no “definimos” el problema no hay posibilidad de búsqueda de la solución.
Carlos Leyba Carlos Leyba 06-10-2022
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El derrumbe de la productividad erosiona el nivel de vida. Obvio. 

La decadencia, en estado de marea alta, barre con todas las defensas. Obvio.

Preguntarse por las causas. También es obvio.

Si no se tiene en cuenta lo obvio, las consecuencias son inevitables.

Lo inevitable de este derrumbe y de esta decadencia, es que se transforman en erosión; y toda erosión corrompe. 

¿Dónde miramos? ¿Más de la mitad de los niños sobreviviendo en la pobreza? ¿El 40 % de las familias en pobreza? ¿El horror en las periferias de los conurbanos de las ciudades? ¿La violencia y el delito? ¿El narco apoderándose de generaciones y territorios? ¿Evasión tributaria, fuga del excedente, renuncia a la nacionalidad por impuestos? ¿Privilegios, rentados por tributos, del poder? ¿Nueva oligarquía de los concesionarios de fortunas súbitas logradas en 30 años con poder público ciego y áreas de influencia dentro del Estado? 

¿Miramos lo que está detrás? ¿Las causas primeras? 

Evadir la búsqueda de las causas primeras, no conversar acerca de ellas, buscar culpables sin indagar por las causas originarias, es lo que hoy define el nivel ramplón de la conversación política e impide definir “el problema”. 

Si no “definimos” el problema no hay posibilidad de búsqueda de la solución. 

La solución se inicia a partir del futuro deseado que es tal, sí y solo sí, es capaz de generar consenso, tan amplio, que sea capaz de sostener al deseo compartido de futuro en el tiempo.

Esta situación nos ahoga a todos. La llamamos inflación. Ella primero destruye la vida de los que están al margen del sistema salarial, después hunde la vida de los asalariados, los ahogados -sin querer- en la desesperación se abrazan a aquellos que los pueden salvar. 

¿De dónde venimos? ¿Cómo llegamos aquí? ¿Cómo es que en otras naciones, no pasa, no pasó? A otros los empuja el progreso. Alcanzan un nivel. Tal vez se estancan. Pero no retroceden. Nosotros sí. 

¿Lo podemos conversar? ¿De qué hablan los políticos, los economistas, los “articulistas”?

La abundancia de palabras genera vacíos. Los ejemplos y las historias mal contadas, confunden. 

¿Cómo es el mundo, cómo los países que vale la pena emular? Veamos.

¿Qué son los equilibrios macro? Por ejemplo, y al mismo tiempo, podemos listar: bajas tasas de inflación; abundancia de crédito a largo plazo a tasas de interés compatibles con la tasa de rentabilidad de las inversiones; cuentas fiscales en orden y desequilibrios financiables; cuentas externas razonablemente equilibradas y financiables con pagos de servicios de deuda que no requieren más crédito; pleno empleo o bajas tasas de desocupación de corta duración y ausencia de capacidad productiva ociosa. 

No tenemos equilibrios macro. Están todos extraviados. 

La gran pregunta es: ¿si estos son los “equilibrios macro”, son ellos la causa del crecimiento económico continuado? 

¿O bien los equilibrios son la consecuencia del progreso económico continuado?

Dejemos de lado el concepto de “causalidad”. Y preguntémonos ¿crecimiento continuado y equilibrios macro, están asociados? 

Estar asociados es, en todo caso, tener vidas paralelas. Digamos son vías paralelas sobre las que el “tren” se mueve a destino. 

Pero una vía paralela no es causa de la otra. Progreso continuo y equilibrio, en el mundo desarrollado, van en paralelo. Cuando uno se atrasa el otro descarrila. La estanflación es la marcha en reversa. 

En nuestra historia la estanflación fue una trampera de inmovilización en la que llevamos medio siglo. 

Una trampera no tiene salida sin ruptura. Atrapados nos vamos secando. 

Inexplicable Argentina, hoy asiste a un proceso de erosión acelerada de la clase media. Ya se devoró a los sectores de menor nivel de vida, de bajos ingresos, encerrados en círculo vicioso sin salida individual; y va limando la condición de vida de los sectores medios. 

Hoy, como en el imaginario de los “locos 20”, los lugares de “distracción” agolpan a los que consumen porque, como dicen muchos, sobran pesos que no se pueden guardar porque no hay cómo, ni para qué. 

Es decir no se trata de construcción sino de distracción que es el prólogo de la destrucción. 

Los hijos de la clase media “progre”, camino a ser la clase media “pobre”, se distraen y emulan a los padres que “soñaron” revivir la épica de la revolución imaginaria tomando colegios con los hijos y postulando la revolución de la feta de jamón o queso, o proclamando mi “nena tiene las uñas esculpidas y no tienen necesidad de hacer su cama”. 

Militantes de minorías activas que dan la vida por el lenguaje inclusivo, miran para otro lado mientras el derrumbe de la productividad y la decadencia, en su fase de marea alta, barre con las pocas defensas que recibieron de sus padres.

Mirar para otro lado, distraerse, mientras su generación vive con menos esperanzas que las de sus mayores. Y la de sus hijos se apresta a que sus condiciones de vida serán peores que las de sus padres. 

¿Hemos sido alguna vez una economía de progreso continuo y con una macro en un cierto desequilibrio administrable con los recursos que el progreso brinda?

¿Cuándo se desbarrancó? ¿Hay una fecha? ¿Hay un concepto?

Los números dicen algo. 

Analicemos, en términos del PIB por habitante, los “grandes períodos de la historia argentina”. 

Entre 1866 y 1930 -crisis y ocaso del Imperio Británico-, el PIB per capita (ph) aumentó 86,3%. 

Dentro de ese período, la década de mayor crecimiento fue la de 1884/94 con 49,4% de crecimiento del PIB ph. 

Entre 1930 y 1974 -la etapa del desarrollo industrial y el Estado de Bienestar, el crecimiento del PBI ph fue 94,5% (superior al período 1866/1930) y la década de mayor crecimiento, dentro de ese período fue la de 1974/64 cuando el PIB ph creció 33,5%. 

Si analizamos el crecimiento del PIB ph por décadas, el récord, con 49,4%, lo tiene 1884/94 seguido de la iniciada en 1964 y terminada en 1974. 

En esta última década, medida en dólares, la performance de crecimiento por habitante de nuestro país fue de 40,6%; la de Canadá 42,1%; Australia 29,2%; EE.UU. 29,6% y China 31,7%. 

Claramente no estábamos tan mal comparado con los países que habitualmente nos comparamos para el flagelo. 

En nuestra historia sólo hubo una década mejor: la del General J. A. Roca. 

¿Y entonces? Sufrimos una leyenda negra. Primero sostenida por balas y asesinatos de la guerrilla montonera, en nombre de que que “la industrialización y el Estado de Bienestar” eran insuficientes. Había que reemplazarla, mediante las armas, por el “socialismo nacional”. 

Hoy los que se reconocen herederos de aquél delirio apuestan (son parte del kirchnerismo) a la reciente plataforma de Mario Firmenich que está libre. El ideólogo del asesinato de J. I. Rucci a manos de los Montoneros. 

Ese fue el comienzo del “industricidio”, la multiplicación de la pobreza y la progresiva extinción de la clase media. 

El “Rodrigazo” fue la explosión demencial arrinconada, en manos de una secta, que aceleró el industricidio y forjó el Estado de Malestar que concretó la Dictadura Genocida. Lo perfeccionó el menemismo, con el concurso de los ideólogos de los montoneros en el poder y continuó por inercia hasta nuestros días.

Desde 1974 a 2018, en 44 años, el PIB ph creció 26%, es decir, un cuarto de lo que creció la economía de la industrialización y el Estado de Bienestar en ese mismo lapso. 

En 2004 el PIB ph era igual al de 1974. En 2014 luego de una fuerte recuperación -después de 40 años- se logró superar 30% el nivel de 1974. 

Entre 2014 y 2024 el PIB ph caerá 3%. En 2024 el PIB ph sólo será 25% superior a lo disponible hace 50 años. 

Durante medio siglo, desde 1974 hasta hoy, se ha insistido en tratar de avanzar sin éxito por una sola vía: estabilizar, lograr equilibrios, para luego crecer. No se creció y no se estabilizó. 

Crecieron los desequilibrios. Crecieron la inflación y abundaron los déficit gemelos. 

El ocaso de la Argentina de la clase media y la edificación de una pobreza sólida, que es el símbolo del derrumbe y la decadencia.

Muchos economistas, políticos, articulistas, repiten una letanía adormecedora que promete el viaje de una sola vía. Equilibrios macro. 

Lo demás, dicen, vendrá por añadidura. Extraña causalidad. Incomprobable.

En EE.UU. y en Europa les han enseñado, con elegancia y argumentos matematizados, una jerga inaccesible por ajena a la realidad. 

Han bajado al llano con esas tablas de la ley que prometen el paraíso de los mercados: estaremos todos muertos. 

No visitaron la realidad de la política económica de aquellos países, las vigorosas -aunque disimuladas- políticas industriales de promoción y defensa; sistemas de zanahorias abundantes para el inversor y el creador de empleo. Y garrotes soberanos para quien intente invadir el territorio de las actividades propias poco competitivas. Abrazo generoso para la geopolítica que protegió a los países a los que había que aliar: Alemania Occidental, Japón, Corea del Sur y luego China. 

Estamos lejos del abrazo. Una pena. 

Pero más grave es que bajando las barreras (apertura con atraso cambiario) y quemando las zanahorias (leyes de promoción, CONADE, banca de fomento), los policy makers, en estos 50 años, nos trajeron hasta aquí. 

Se justificaban “el período de 1930/74 fue el comienzo de la decadencia”. Pero fue el que más creció. 

La mala memoria es la madre del peor futuro. 

Estamos peor que nunca. Escuchar a las voces de los principales espacios es perturbador.

La generación Meiji supo buscar ejemplos a seguir en el resto del mundo. 

Copiar lo que hicieron los mejores, no lo que dijeron. Aquellos a los que le fue bien. 

Crecer, equidad social, pleno empleo y disminuir la concentración a la que, el bien más preciado, la libertad tiende naturalmente.

Construir las vías paralelas para poner en marcha el futuro deseado. 

¿En qué se diferencia el futuro deseado de los candidatos? ¿Hay candidatos de dos vías o abundan los de una sola? 

Escapemos del derrumbe y la erosión. No es fácil. Pero veamos lo que realmente hacen los otros. Y los números. 

Mentir con la historia es parte del derrumbe y de la erosión. 

El pez se pudre por la cabeza.

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