Democracia

30 de octubre de 1983, la última de las elecciones decisivas de Argentina

Argentina debiera honrar el '83, pero el fasto pasará desapercibido en un país que dejó de celebrar las epopeyas que permiten aguantar el presente y delinear el mañana

30 de octubre de 1983, la última de las elecciones decisivas de Argentina
Oscar Muiño Oscar Muiño 27-10-2021
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El 30 de octubre cumple 38 años el comicio que clausuró la sangrienta dictadura y puso fin a medio siglo de tutela militar sobre la civilidad. Argentina debiera honrar 1983, cuando el pueblo concurrió masivamente a votar para ratificar su opción por la democracia (los partidos que habían aplaudido el golpe de 1976 tuvieron resultados insignificantes a nivel nacional). Comparten el honor las fuerzas políticas cuyos dirigentes habían sido en muchos casos amenazados, perseguidos, encarcelados, humillados y hasta atormentados por el sangriento régimen videlista. 

Ese merecido festejo no llegará. Apenas nostálgicas palabras del radicalismo en memoria de Raúl  Alfonsín. Otras fuerzas dirán palabras de ocasión por convicción, conveniencia o hipocresía. El fasto pasará desapercibido para un país que ha dejado de celebrar las epopeyas que permiten aguantar el presente y delinear el mañana.

Aquel 30 de octubre de 1983 completa el cuarteto de grandes elecciones que debiéramos recordar. Las cuatro que fijaron época en la historia criolla: 1916, 1973, 1946, 1983.

1916, arranca la Era de Yrigoyen

La primera vez que el pueblo pudo elegir presidente con libertad y sin fraude fue en 1916. Sólo los varones, en un mundo que pocos países reconocían sufragio universal. La Argentina tenía voto ?tumultuoso o “calificado”- desde las invasiones inglesas (nos atrevimos a reemplazar un virrey designado por Su Majestad). Después, peleas homéricas por el control del sufragio para garantizar el triunfo.  No había padrón honesto y todavía se recuerdan históricas victorias con la voluntad explícita de cientos ?cuando no miles-  de fallecidos.

Tras un siglo con idas y venidas, el gran presidente Roque Sáenz Peña apuesta por la confianza en el pueblo argentino. Contrariando a sus conmilitones conservadores (que lo habían llevado a la Casa Rosada en comicios tramposos) decide que se vote con padrón militar, sin fraude. Queda consagrado Hipólito Yrigoyen, que venía reclamando libertad electoral desde un cuarto de siglo, con abstención, conspiración y revoluciones. 

Argentina siguió votando. Aunque los conservadores ganaban algunas gobernaciones, la hegemonía radical era tal que el comicio de 1928 enfrentó dos fórmulas radicales: la UCR yrigoyenista contra  la UCR Antipersonalista. Arrasó Yrigoyen.

Semejante dominio radical hizo perder la fe democrática de los conservadores que liquidaron la República, instalaron una dictadura en 1930, decidieron convocar a elecciones y trampear los resultados. El fraude patriótico de la Década Infame, interrumpido por el golpe militar de 1943.

1946, la Edad de Perón

La segunda gran votación argentina es la que gana Juan Perón, cuando el radicalismo pierde el invicto, en febrero de 1946. Tan sorpresivo que el candidato radical José Tamborini expresa después de votar: “La Unión Democrática ha triunfado en las elecciones es más limpias de la historia”. El radicalismo estaba convencido que comicios libres garantizaban el triunfo. No advirtió que parte del yrigoyenismo estaba migrando, en apoyo a las políticas sociales de Perón. Fue la única victoria de un candidato apoyado por una dictadura militar en retirada.

La década 1946-55 convocó avances y retrocesos. Se incorporó el voto femenino, pero la oposición no tenía acceso al inmenso aparato estatal y paraoficial de medios de comunicación. El justicialismo ganó todas elecciones durante la década y modificó desde la Constitución hasta las leyes y los circuitos electorales para achicar la representación opositora, a la que no permitió hablar por radio durante diez años. Fue una democracia sin república. 

El golpe militar de septiembre de 1955 ?La Revolución Libertadora- ejerció la revancha. Hasta estableció una tipificación penal sancionable para quien utilizara el nombre Perón. 

En comicios con proscripción justicialista dos presidentes civiles ?de cada una de las ramas que habían dividido la Unión Cívica Radical- ejercieron el Poder Ejecutivo Nacional. Ambos intentaron legalizar al justicialismo. Los dos fueron debilitados por el sindicalismo peronista y la presión golpista. Arturo Frondizi intentó la política desarrollista con un acercamiento a Estados Unidos y Arturo Illia mantuvo la tradicional neutralidad argentina, con intervencionismo económico estatal y medidas sociales que disputaran al justicialismo  el movimiento obrero. Frondizi e Illia terminaron destituidos por las Fuerzas Armadas. 

1973, retorno y muerte de Perón

En 1966 llegó la única dictadura que disolvió todos los partidos. El general presidente Juan Carlos Onganía intentó una tiranía a lo Francisco Franco, apoyada en el Ejército, los sindicatos, la jerarquía eclesial y grandes grupos económicos. Fue anacrónico hasta el arcaísmo.  Despidió profesores mientras las universidades europeas y norteamericanas entraban en rebelión, inyectó moralina en tiempos de la revolución sexual, pelo corto en días de Beatles y Rolling Stones. 

El país integro se levantó en su contra. Los sindicatos se hicieron combativos o clasistas, los estudiantes tomaban facultades, pacíficos  vecinos armaban barricadas, con muebles viejos acercados por amas de casa. Hasta la Iglesia tradicional vivió el surgimiento de curas villeros y de sacerdotes que simpatizaban con las guerrillas. Los militares advirtieron que el intríngulis sólo podía arreglarlo el gran ausente. Los “gorilas” convocaron a Perón, anularon sus causas penales, le devolvieron el grado, los haberes caídos y hasta el cadáver de Evita.

El peronismo pudo volver a presentarse en las elecciones presidenciales. Y el 11 de marzo de 1973, con el 49% de los votos, Héctor Cámpora más que duplicó el 21% de Ricardo Balbín. Pero el peronismo quería a Perón. Obligó a renunciar a Cámpora y convocó nuevos comicios. Arrasa Perón, con el voto de dos de cada tres argentinos. Otra vez sale segundo Balbín. El peronismo ganó casi todas las gobernaciones. Los militares habían decretado una enmienda constitucional para suprimir las votaciones a mitad de mandato. La votación presidencial fue, entonces, la única del período (salvo Misiones, que debió reemplazar a su gobernador muerto en un accidente).

El 1 de julio de 1974 Perón falleció. Su esposa y vicepresidente Isabel Martínez gobernó veinte meses, antes de ser derrocada por las Fuerzas Armadas.

El gran final 

La feroz dictadura de Jorge Rafael Videla (sus sucesores fueron los generales Viola, Galtieri y Bignone) devino la única del siglo que persiguió y asesinó miles de ciudadanos ?algunos guerrilleros, otros simpatizantes, otros porque se codiciaba  su patrimonio o su mujer- y terminó en un desastre económico y social, una inmensa deuda y una guerra perdida por las Malvinas.

Balbín, ya sin Perón, convocó a las fuerzas políticas (con excepción de las liberal-conservadoras que habían apoyado la dictadura) para forzar la salida política. Fue su último servicio. Balbín murió e Illia lo siguió poco después. Argentina se quedaba sin los jefes que habían sido gobierno o principal oposición desde el primer peronismo. 

Con esa renovación generacional fue convocada la cuarta gran elección, el 30 de octubre de 1983. Un bipartidismo casi perfecto: 52 % para la Unión Cívica Radical, 40 % para el Partido Justicialista. La primera derrota peronista en elecciones presidenciales. 

Estos cuatros grandes comicios marcaron época: la yrigoyenista, la peronista por dos veces y finalmente la Argentina de la alternancia sin hegemonía. El mandato de Alfonsín no era durar cinco o seis años. El mandato de Alfonsin era liquidar la intromisión militar. Se crearon condiciones para el fin de las hegemonías. Hubo alternancia radical-peronista y nuevas fuerzas gobernaron provincias y hasta la Casa Rosada. Alfonsín lo vaticinó antes del comicio: “Algunos celebraremos más que otros, pero todos vamos a festejar el retorno de la democracia para los tiempos”. Tuvo razón.

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