¿Un gran salto hacia atrás?

Héctor Rubini Héctor Rubini 16-01-2017
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Por Héctor Rubini (*)

El próximo viernes asume Donald Trump como nuevo presidente de Estados Unidos. Sus propuestas libremercadistas en materia de impuestos, educación y mercado laboral entusiasman a los neoconservatives, que en nuestra región son llamados neoliberales. A su vez, los globalifóbicos locales, y no pocos del exterior, parecieran celebrar la construcción del muro en la frontera con México, la expulsión de inmigrantes ilegales y las propuestas para el “cierre selectivo” de la principal economía del mundo: abandonar el proyecto de la Asociación Transpacífica, renegociar el NAFTA e imponer aranceles de 45% a las importaciones de origen chino. Esto último parece ser lo prioritario. La visión de los republicanos es que la única ganadora de la globalización de los últimos 36 años es China, y lo logró a costa de Estados Unidos.

Ideas y bases

Su ideario parece reflejar la ira de las clases medias y empresariales de su país, descontentas con la administración de Barack Obama, pero no es claro que conduzcan a un mundo mejor y menos conflictivo. Por lo pronto, anticipa la imposibilidad de acuerdos unánimes en varias cuestiones a cargo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que EE.UU. integra como miembro permanente. También pre anuncia dificultades en cuestiones globales que exigen coordinación entre gobiernos como el cambio climático, las pandemias, los contagios de crisis financieras, la prevención del terrorismo y los ciberataques.

La “filosofía” tiene varios puntos en común con las del bilateralismo del período 1928-1930: el extranjero es un enemigo (o es probable que lo sea), las ganancias de productividad no cuentan, la protección del empleo ya existente es lo único relevante y, si hay intercambio con el exterior, que lo “administre” el Estado. No es más que el mercantilismo europeo entre los siglos XVI y XVIII, y su resurgir entre la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial. Un ideario defensivo, y probadamente ineficiente, muy atractivo para los demagogos populistas de los países “amigos” y “enemigos”. Al igual que en el bilateralismo de entreguerras, se tratará de desplazar de manera explícita a los mecanismos de mercado por pactos entre gobiernos “amigos”, tratando de “protegerse” o de perjudicar a los “enemigos”.

A los números

La visión de sus ideólogos, ahora en el Gobierno ?Wilbur Ross, Robert Lighthizer y Peter Navarro?, cuidadosamente desconoce que en la gestión de Obama la tasa de desempleo bajó de manera permanente hasta 4,7% en diciembre de 2016. Más aún, desde mayo de 2014 el empleo total urbano supera, y con tendencia ascendente al récord histórico de junio de 2008. ¿Fue entonces tan “mala” la globalización con Obama? ¿Hubo, a su vez, emigración masiva desde EE.UU. a Canadá y a México? ¿Dónde estarían varios grupos empresarios de los EE.UU. si no se hubieran “mudado” a China, para producir con menores costos y exportar al resto del mundo? Los ideólogos de la Trumpnomics siempre eluden estas preguntas inoportunas.

Los promotores del nuevo enfoque entienden que se deber corregir la caída de la participación en el comercio mundial de las exportaciones de los EE.UU. El “remedio” es desconocer tratados e instituciones internacionales y lanzarse a imponer barreras unilaterales. El objetivo es recuperar empleo importando menos y atraer dólares para financiar obras de infraestructura a cargo de empresarios amigos del nuevo gobierno. La absorción de dólares vía ingreso de capitales y menores importaciones conduce a una permanente apreciación del dólar. Si además las presiones inflacionarias fuerzan a la Fed a subir las tasas de interés también en 2018, la apreciación esperable del dólar con inflación y tasas de interés en alza, puede deteriorar la competitividad de Estados Unidos y enfriar el mercado interno. No es de descartar que tanto el empleo como el consumo experimenten una trayectoria tipo “U” invertida, con expansión en 2017 y 2018, y posterior baja en 2019 y 2010. Algo más que seguro si China y otros países aplican represalias comerciales o trabas a inversores de EE.UU. en ese país.

Ojo con el rojo

Dólar caro y menor demanda de bienes estadounidenses conducirán a un rápido deterioro de las cuentas externas de EE.UU. Más aún en presencia de amenazas militares que alentarán el resurgir del bilateralismo selectivo de los años '30 del siglo pasado. Las restricciones comerciales de Trump forzarán a una reducción de las importaciones, especialmente de la República Popular China. Esto tendrá impacto negativo en las exportaciones a ese país, inclusive en el nuestro, que ya desde el año pasado enfrenta el cierre de las compras chinas de aceite de soja. Tampoco se verá tan beneficiado Estados Unidos. Varios de sus exportadores quedarán fuera del mercado chino, y millones de consumidores locales se verán privados de acceder a bienes baratos fabricados en el país asiático. En definitiva, si Trump se lanza de inmediato a cumplir con sus amenazas, más que se confirmarán los pronósticos de un débil crecimiento mundial del FMI y del Banco Mundial. Inclusive, no es de descartar el triunfo de políticos nacionalistas y proteccionistas en las elecciones de este año en Holanda, Francia y Alemania, y probablemente en Italia. ¿Cuál será el futuro de la Unión Europea bajo la conducción de varios Trump locales? Imposible saberlo.

En definitiva, a partir del viernes próximo se inicia una nueva etapa. La misma puede significar el fin de la globalización del último cuarto de siglo, o el inicio de un proceso de reconversión parcial. Lo que sí es un hecho es que el populismo mercantilista de Trump, su acercamiento al crony capitalism”de Vladimir Putin y su enfrentamiento con la República Popular China conducirán a cambios en la economía mundial de final incierto, y con más riesgos que oportunidades o ventajas potenciales para el resto del mundo.

(*) Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la USAL

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