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Silicon Valley Bank (SVB): respuestas para contener una (nueva) crisis bancaria

La recurrencia de episodios de crisis y salvatajes parecen poner de manifiesto que, si bien las instituciones financieras son de propiedad y gestión privadas, con frecuencia operan como si estuvieran en la órbita estatal.

Silicon Valley Bank (SVB): respuestas para contener una (nueva) crisis bancaria
Ricardo Carciofi 17 marzo de 2023

El jueves 9 de marzo, el SVB, un banco de regular tamaño en el sistema financiero estadounidense con sede en Santa Clara, California, asistió al retiro de US$ 42.000 millones en una tarde: -25% del total de sus depósitos. Fue una "corrida" bancaria, similar a las que se han repetido a lo largo de la historia, pero esta vez ocurrió en tiempos de Internet.

El apuro de los depositantes por retirar sus colocaciones no produjo aglomeraciones ni colas en la puerta del SVB: todo ocurría con golpes de teclado.

El hecho encendió las alarmas que hicieron trabajar al Gobierno norteamericano -la Reserva Federal y el Tesoro- durante todo el fin de semana. Sobre el filo del fin de la tarde del domingo 12 en Washington, se dio a conocer las medidas para contener la situación, con el de objetivo que el pánico no llegara al resto del sistema financiero.

Una semana después del episodio, el daño aparece parcialmente contenido, aunque otros bancos estadounidenses y europeos -el caso del Credit Suisse- fueron alcanzados por la ola que despertó el SVB.

Seguramente el fenómeno tendrá repercusiones adicionales y habrá que ver cuáles son los impactos finales. Este es el tema en que se concentrarán las autoridades y expertos del sistema financiero.

El propósito de esta nota es más acotado: interesa aquí destacar algunas singularidades de la crisis del SVB, cuáles han sido las respuestas de política y anotar implicaciones más generales sobre el significado de este rescate bancario.

Para ello es necesario abordar, sucesivamente, tres temas: primero, algunos datos destacables del SVB y cuáles fueron las causas de sus dificultades; segundo, las medidas de política económica y, finalmente, las consecuencias hacia el futuro a partir del precedente del SBV.

SBV: corazón financiero del mundo "tech"

Como se apuntó arriba el SVB es un banco de regular tamaño -16° en el ranking- y, por tanto, fuera del cordón de atención que demandan las instituciones de gran tamaño -definidas en la jerga financiera como "too big to fail". Si bien tal definición de tamaño es relevante en un sentido, omite otra dimensión: el aspecto regional y el lugar que ocupa con relación al funcionamiento del ecosistema "tech".

Estos dos últimos atributos son importantes en el caso del SVB: la institución venía cumpliendo las funciones de intermediario financiero de la industria tecnológica y oferente de fondos para proyectos de riesgo en ese terreno. Todo esto, además, con gran concentración regional.

El SVB tuvo un crecimiento significativo de sus depósitos alcanzando un total de US$ 180.000 millones (+70% de aumento en los dos últimos años.) Una fracción importante de estos depósitos estaban en manos de empresas que requerían estos recursos para el giro normal de negocios.

Por el lado de los activos, el SBV colocaba esos fondos en préstamos a empresas y bonos. La fracción de estos últimos había alcanzado a 60% de los activos, con la peculiaridad que la estrategia de colocaciones del SBV privilegiaba papeles de largo plazo -incluyendo bonos del Tesoro, como medio para mejorar la rentabilidad del negocio.

El problema comenzó cuando la Reserva Federal dio curso a la política alcista de las tasas de interés: los bonos de largo plazo son, por definición, los más expuestos a la caída de precio. El efecto fue entonces una pérdida del valor de los activos del banco. Durante un tiempo, las dificultades no se pusieron de manifiesto en los libros porque las valuaciones de los títulos estaban a precios de compra, según lo establecen las normas pertinentes.

Es decir, las pérdidas no se materializaban en el balance y la institución seguía operando con normalidad. Al menos así lo hizo hasta que algunos depositantes se preguntaron por la sostenibilidad de la situación. De la duda a la acción, los plazos fueron breves.

Bastó que algunos clientes del SBV decidieran retirar sus depósitos para disparar una corrida masiva, agravada asimismo por el hecho que el banco saliera a liquidar parte de sus tenencias de bonos para atender los retiros. Allí sí, las pérdidas comenzaron a exteriorizarse en las cuentas.

Las medidas de política

La respuesta del Gobierno americano, en este caso de la Reserva Federal, fue contundente: ofrecer una línea de salvataje al SVB (y otros bancos con dificultades similares). La liquidez será provista mediante créditos a un año, para lo cual las instituciones deberán dejar en garantía los bonos que tenían en cartera, valuados a la par. Esto es central: se reconoce a estos títulos un mayor valor que el precio del mercado (mark to market).

Acto seguido, el Tesoro sumó más recursos ofreciendo a todos los depositantes el acceso inmediato a sus fondos. Aquí un detalle de importancia. El sistema de seguros de depósitos que se aplica en EE.UU. tiene un máximo de US$ 250.000 por colocación. Pero en este caso la decisión fue incluir a la totalidad de los depósitos haciendo caso omiso de los límites máximos en la normativa vigente.

Pueden tejerse diversas hipótesis acerca del fundamento de esta medida extraordinaria: la capacidad de lobby de aquellos tenedores más amenazados con las posibles pérdidas, evitar la afectación del funcionamiento operativo de las empresas que tenían colocaciones en el SVB incluyendo la liquidez necesaria para el pago de la nómina salarial, consideraciones más estratégicas de no afectar a las "tech" tanto por la importancia de esta actividad en varias actividades, así como por su concentración espacial.

El aspecto para destacar aquí es que medidas de enorme calibre fueron decididas en un fin de semana. Esto es revelador de la preocupación de las autoridades para evitar efectos sistémicos que podían poner en jaque al conjunto del sistema financiero, pero pone de manifiesto a la vez las debilidades de la arquitectura regulatoria y de monitoreo del sistema financiero.

Consecuencias del rescate

Es obvio que la magnitud de las medidas tomadas tiene consecuencias a futuro. Por un lado, el consabido problema del riesgo moral (moral hazard): si frente a un problema el gobierno termina activando la red de seguridad, los actores directos percibirán un menor riesgo de las prácticas y conductas que llevan adelante. En el caso de los bancos, esta es una situación conocida lo cual explica en parte el tipo de estrategia que siguen. Cabe notar, no obstante, que en este caso el gobierno excluyó a los accionistas y la gerencia de aquellas instituciones que soliciten auxilio. Ciertamente, hay una forma de penalidad.

Por otro lado, el aspecto novedoso de este episodio es que también los "grandes depositantes" fueron rescatados. Estos incurrieron en un riesgo al efectuar colocaciones en el SBV por encima de los límites asegurados. Nuevamente, esto levanta preguntas acerca del porqué de estas conductas: conocimiento del banco, facilidad para obtener el financiamiento de proyectos de interés, exceso de confianza, etc.

De lo anterior podría leerse que, de aquí en más, EE.UU. ha modificado en los hechos la política de seguros de depósitos: todas las colocaciones quedarán comprendidas sin distinción de monto. Es una modificación sustancial motivada por una situación singular y bajo la presión de la crisis. Un cambio mayúsculo ocurrido en un fin de semana.

La otra implicación de interés es que la crisis que disparó el SBV es la segunda después de la crisis de 2008 (Lehman). Supuestamente aquel episodio motivó una importante reforma regulatoria y de supervisión del sistema financiero.

¿Qué ocurrió aquí entonces? ¿El tamaño relativamente menor del SVB le permitió navegar por fuera del alcance del radar o se trata de falencias de otro tipo? De otro lado, no puede dejarse de señalar el hecho que el descalce de riesgos que exhibía el banco era fácilmente detectable.

Asimismo, y por fuera de los límites del sistema financiero, el caso del SBV ha complicado el trazado de la política monetaria. Como es sabido, hay un fuerte debate en EE.UU. acerca de si la inflación está bajo control. Los datos no son concluyentes: ha habido un descenso de la tasa de aumento de los precios, pero son varias las opiniones que señalan que las expectativas de inflación no están suficientemente ancladas. En este contexto, la situación de los bancos aconseja cierta cautela antes de volver a aumentar la tasa de interés, lo cual actúa como una restricción a los grados de libertad que posee el banco central estadounidense en las actuales circunstancias.

Finalmente es muy probable que la crisis y la respuesta del Gobierno pongan nuevamente en el debate público el papel de los bancos, de la industria financiera en general, de las regulaciones de su accionar y de cómo se reparten costos y beneficios a la hora de operar estas intervenciones de emergencia.

Baste recordar que la crisis del 2008 derivó en un amplio movimiento de protesta e insatisfacción acerca de los costos económicos y sociales de estas políticas de rescate ("Occupy Wall Street").

La profundidad del episodio actual no se compara con el ocurrido 15 años atrás, pero no por ello habrá de estar ausente de la discusión pública. La recurrencia de episodios de crisis y salvatajes parecen poner de manifiesto que, si bien las instituciones financieras son de propiedad y gestión privadas, con frecuencia operan como si estuvieran en la órbita estatal.  

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