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Francia está atravesando su peor momento

10 diciembre de 2018

Héctor Rubini Instituto de Investigación en Ciencias Económicas de la USAL

Tres sábados de revueltas parecen haber liquidado el capital político del presidente francés Emmanuel Macron. El avance de los “chalecos amarillos” (“gilets jaunes”), emerge como reacción ante un impuesto a los combustibles que parecería ser la gota que rebasó cierto vaso. Pregunta obvia, ¿cuál? Aparentemente el del bolsillo de consumidores y pequeñas empresas que demandan mejores salarios reales y menor presión fiscal.

A nadie escapa que este clima es también fogoneado por partidos y grupos autoritarios que tratan de llevar agua para su propio molino. Inevitablemente se los asocia al partido de Marine Le Pen, pero no se trata de una protesta coordinada por un solo partido deseoso de tomar el poder. Tampoco está limitado a Francia. Los “chalecos amarillos” emergieron como un movimiento de camioneros y choferes en contra los aumentos de combustibles de este año en Francia y en Bélgica. Los incidentes registrados en Bruselas (y no sólo los de anteayer) han sido tan o más serios que los de París. También, pero de manera pacífica, se observaron protestas en Holanda, en Rotterdam y en La Haya. Además,unos 300 catalanes independentistas cortaron este sábado la autopista AP-7 cerca de Barcelona, a lo que se sumó otro grupo protestando en el centro de Barcelona.

Si bien los combustibles de Francia no están entre los más caros, la suba en un año de 23% del precio del gasoil y de 15% de las naftas han sido más que irritantes en un país con baja inflación, pero en aumento: 0,1% en 2015, 0,3% en 2016, 1,2% en 2017 y 2018 cerraría con 1,5% según el FMI. En cuanto a la carga tributaria sobre el precio de los combustibles, es un elemento también irritante, pero no exclusivo de Francia. La mayor participación de impuestos sobre el precio de la nafta, 68%, se observa en Holanda. Luego sigue Grecia con 65%, y con el 64% Francia, Suecia, Finlandia e Italia. En el caso del precio del gasoil la mayor proporción de impuestos sobre el precio al consumidor, 59%, se registra en Francia y Reino Unido, seguida de Italia con el 58% y Holanda con el 54%. En euros, el precio más caro (promedio) por litro de gasoil se paga en Suecia (? 1,54), seguido por Reino Unido e Italia (? 1,52), Bélgica (? 1,51), Finlandia (? 1,46), Francia (? 1,44), Holanda y Alemania (? 1,40). En el caso de la nafta, el precio promedio por litro más caro corresponde a Italia (? 1,60), seguido de Holanda (? 1,56), Grecia (? 1,55), Finlandia (? 1,52) y Alemania (? 1,51). Francia aparece recién en octavo lugar con un precio de ? 1,45 por litro.

Las protestas del 1° de diciembre forzaron al presidente Macron a congelar las tarifas eléctricas y de gas, y suspender por seis meses los aumentos a los combustibles anunciados para el 1° de enero. Sin embargo, no se dio marcha atrás con los incrementos de este año, y las protestas se repitieron.Las movilizaciones tuvieron más convocatoria, aunque el mayor despliegue de fuerzas de seguridad evitó los saqueos a comercios y daños a monumentos históricos de la semana anterior. Pero ahora los “chaleco amarillo” reclaman: a) reducción de la carga tributaria sobre los combustibles y una baja de precio al consumidor de estos últimos, b) reducción general de impuestos, c) aumento del salario mínimo, d) aumento de las jubilaciones, y e) reposición del impuesto a los patrimonios de las personas más ricas. A partir de la protesta de este sábado se ha exteriorizado una segunda etapa de esta protesta. La primera fue movilizada por la Francia rural y de las ciudades medianas y pequeñas que hace uso intensivo de autos y camionetas. En esta segunda se asiste a una suerte de rebelión fiscal, y que ha dado ánimo a los manifestantes a pedir la renuncia ya del presidente Macron.

Su primer ministro Edouard Philippe parecería ser de la idea de aplicar alguna forma de alivio fiscal para liquidar estas protestas, pero probablemente no sea suficiente. Tardíamente la realidad le ha demostrado que no es fácil aplicar impuestos para desalentar la contaminación atmosférica en el largo plazo. Más cuando esa iniciativa no parece haber sido adecuadamente explicada a la sociedad. El gobierno de Macron está preocupado por salvar el acuerdo de París y contribuir a bajar la temperatura promedio del planeta en 1,5 ? 2 grados centígrados en el largo plazo. Los votantes, por sus ingresos disponibles y sus restricciones y problemas de corto plazo.

Sin beneficios a la vista, inevitablemente endurecerán su posición frente a un presidente a quien varios críticos califican desde hace varios meses como “el presidente de los ricos”. Y esto ha abierto una ventana de oportunidad para el partido de Marine Le Pen para las elecciones europeas de mayo próximo. Unos comicios que podrían marcar el inicio de una fase de mayor fortalecimiento de los movimientos nacionalistas y antieuropeístas, y también del posicionamiento estratégico-militar de Rusia, que no deja de presionar a Ucrania cada vez que se lo propone. Ciertamente Francia está en problemas, y el proyecto de una Europa unida también.

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