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Geopolítica

Estamos en un mundo de grandes poderes y asimetrías: la NSS-22

La NSS-22 permite ajustar la conducta de los países de la región a los efectos de acomodar los intereses, sabiendo donde establecer compromisos y que líneas no cruzar

La NSS-22 ya no es transformacional, como lo fuera la de George W. Bush, sino más bien defensiva, pretendiendo proteger el estatus quo existente
La NSS-22 ya no es transformacional, como lo fuera la de George W. Bush, sino más bien defensiva, pretendiendo proteger el estatus quo existente
Juan Battaleme Juan Battaleme 18-10-2022
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Los grandes poderes, al igual que aquellos países que son considerados potencias medias, preparan una “hoja de ruta” alineando procedimentalmente los objetivos de la administración con la burocracia gubernamental.  Un documento de esta clase es la Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU. ya que integra y obliga a coordinar, a menos en el plano estratégico, nacional a todas las agencias que protegen y hacen avanzar el interés norteamericano globalmente. 

La NSS-22 fija una posición, establece prioridades, y permite conocer donde se encuentran las “líneas rojas” de la actual administración, cuáles son los espacios cooperativos y que desafíos serán tenidos en cuenta por parte del liderazgo norteamericano cuando lidie con los distintos países globalmente. El dato de mayor relevancia es que se enfoca en la rivalidad sino-norteamericana. Significativamente, la NSS-22 ya no es transformacional, como lo fuera la de George W. Bush, sino más bien defensiva, pretendiendo proteger el estatus quo existente. 

Es una estrategia que defiende un orden internacional que es considerado amenazado y que se supone mejor que aquello que podría reemplazarlo. Es una defensa a la globalización liberal frente a una globalización autocrática que aparece atractiva por la centralidad que tiene la transformación tecnológica. 

Si bien en el texto se elimina la idea de “orden liberal”, por la divisiva discusión que supone en el campo de las relaciones internacionales y las inconsistencias que se le critican al mismo, la defiende a través de las características y rasgos que las democracias liberales tienen.

Sin hablar de bipolaridad o Guerra Fría, da cuenta de la necesidad de limitar los vasos comunicantes existentes entre las redes que ambos países integran, fortaleciendo a aquellas que tienen a EE.UU. en el centro. Como tal es una estrategia que resalta el viejo dicho de “dime con quien andas y te diré quién eres”. 

Reconoce que la interdependencia entre regímenes de distinto tipo se verá militarizada. Su militarización -si bien no es un proceso inevitable-, estaá generando espacios de incompatibilidad difíciles de ser resueltos por los países medios y más débiles del planeta, y si bien todos preferíamos evitar la lógica binaria, desde Beijing y Washington comienzan a preguntar de manera más frecuente: ¿de qué lado se encuentra su país? 

Ya que la tendencia a transformar en un tema de seguridad todos los ámbitos obliga a desarrollar consideraciones aun cuando no queramos. 

El foco de la NSS-2022 es China. La razón es sencilla: este país representa actualmente la dinámica competitiva como por su capacidad para seguir creciendo. Si miramos el plano de la defensa, aun cuando EE.UU. representa el 40% del gasto militar del planeta, que hoy representa unos US$ 775.000 millones y que China hace lo propio en US$ 332.000 millones, la administración Biden-Harris, al igual que demócratas y republicanos, reconocen que el espacio de crecimiento para el gasto militar no es mucho mayor, mientras que el régimen de Xi Jinping tiene potencialidad de seguir creciendo y es claramente un desafiador a las pautas estatuidas después de la Guerra Fría. 

Cabe destacar que el lanzamiento del documento norteamericano coincide con el XX Congreso del Partido Popular de China (PCCh), donde también se hablará de la posición y rol de China en los asuntos mundiales, además de esperarse la reelección del actual líder del PCCh, evento que logró captar la atención del mundo. 

Rusia aparece como un problema inmediato, como un síntoma de lo trágico que es la competencia entre autocracias y democracias. Pero no demanda el grueso de los esfuerzos norteamericanos. Para leer como se debe lidiar con Rusia hay que mirar el concepto estratégico de la OTAN, presentado a finales de junio de 2022. 

Punto aparte se merece la interrelación entre el mundo de la geopolítica de los grandes poderes y las amenazas transnacionales. El cambio climático, la inestabilidad política y económica, el crimen organizado y el accionar del terrorismo, afecta los cálculos de operación de los grandes poderes. 

Este documento reconoce que vivimos en una época de proxis (donde la pelea de uno se vuelve funcional a un tercero, en su propia pelea con alguna de las partes, como suele señalarse de la situación de Ucrania) y de surrogados (donde alguien pelea un conflicto en nombre de otro). 

La otra dimensión a tener en cuenta es la de la transformación digital, ya que ahí es donde se mira la carrera por la próxima disrupción. Durante varios años vivimos en un mundo que se articulaba en base a la compatibilidad tecnológica. Ese mundo comienza a desaparecer. La guerra por los procesadores, las sanciones cruzadas que afectan a sistemas operativos, plataformas y hardware muestran que el campo tecnológico es una frontera que donde la cooperación va a estar directamente relacionado con la red de contactos en la que cada país este posicionado. 

Vivimos en una época de proxis (donde la pelea de uno se vuelve funcional a un tercero, en su propia pelea con alguna de las partes, como suele señalarse de la situación de Ucrania) y de surrogados (donde alguien pelea un conflicto en nombre de otro)

Ciertas áreas, como aquellas que se relacionan con la seguridad nacional van a estar cada vez más limitadas. Esto no es un problema menor cuando se opte, por ejemplo, por proveedores de 5G. 

Hacia el Hemisferio Occidental no se vislumbra nada original: los problemas persistentes de la región, donde la calidad y la capacidad de nuestras democracias para ofrecer políticas públicas que permitan el desarrollo sostenido, fallan persistentemente generando constantes inestabilidades y espacios para que actores transnacionales infecten de violencia la vida de nuestras sociedades. 

China aparece como un problema por el tipo y las consecuencias que tienen sus inversiones en todo el ámbito hemisférico, en especial aquellas de carácter dual, como aeropuertos, puertos o las extractivistas, como la minería. 

Sin embargo, las iniciativas norteamericanas tienen “gusto” a cuestionar, pero ofrecen poca alternativa. La iniciativa conocida como “EE.UU. Para la Prosperidad Económica” es más bien una declaración de intención que un plan de acción concreto. 

En el campo de la seguridad es donde la relación con los países de la región se ha consolidado de manera efectiva. 

De ahí que puedan cuestionar a Nicaragua, Venezuela y Cuba y su accionar de desestabilización en nuestra región. 

Su sociedad con los países latinoamericanos se extiende virtualmente a casi todos los países de la región, si bien varía la intensidad de la relación. Muy pocos piensan que sea un beneficio cambiar de esfera de influencia, ya que los beneficios no parecieran sobrepasar los riesgos que ello implica. 

Este documento permite ajustar y orientar la conducta de los países de la región a los efectos de acomodar los intereses vitales y deseables de los mismos, sabiendo donde se pueden establecer compromisos duraderos y estables, ocasionales y que líneas no cruzar o al menos estar consciente de las consecuencias que de cruzarlas tienen para quienes decidan hacerlo, y para sus sociedades. 

En un mundo asimétrico y ambiguo la claridad que genera la estrategia del otro ayuda a entender la necesidad de una propia.   

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