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Australia define cómo jugará en el agitado tablero geopolítico del Pacífico

Scott Morrison aspira a su reelección y el opositor Anthony Albanese espera devolver a los laboristas al poder

El Gobierno de Morrison se ha recostado decididamente sobre Washington.
El Gobierno de Morrison se ha recostado decididamente sobre Washington.
19-05-2022
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Por Embajada Abierta

El primer ministro conservador Scott Morrison (Partido Liberal), en el poder en Australia desde 2018, buscará un segundo mandato de tres años en los comicios del 21 de mayo, que evaluarán su gestión económica, social y sanitaria, y decidirán si prefieren el retorno del Partido Laborista y a su candidato, Anthony Albanese.

La agenda nacional, con la crisis económica que ha conllevado la pandemia y los remezones globales que provoca el conflicto en Ucrania, dominaron el debate electoral. Pero también destacó una discusión sobre cómo Australia debe plantarse ante el movedizo tablero geopolítico del Pacífico, en el que Estados Unidos y China multiplican movimientos para contrarrestar viejas y nuevas influencias, y el Gobierno de Morrison se ha recostado decididamente sobre Washington.

A los australianos les preocupan, además, otros temas. Uno, el impacto del calentamiento global en el país, reciente escenario de sequías sin precedentes y, enseguida, de graves inundaciones. Otro, la gestión de la inmigración ilegal, en la que Morrison reprocha a Albanese haber alentado en el pasado la llegada de barcos con indocumentados y endurecer ahora su posición de cara a los votantes. Y, por fin, el carácter personal del propio primer ministro, quien ha sido muy criticado por algunas de sus reacciones frente a crisis y escándalos sexuales en el poder.

Morrison (53), un exejecutivo de marketing que en 2018 ocupaba la oficina del Tesoro, llegó al poder ese año por decisión de su partido en reemplazo de Mark Turnbull, quien renunció envuelto en un escándalo por su romance con una colaboradora, la última de las sucesivas crisis internas de partidos oficialistas que hicieron caer gobiernos durante los últimos 15 años, sin pasar por las urnas.

En las elecciones de 2019, en coalición con el Partido Nacional, Morrison fue confirmado con una mayoría de 76 de 151 bancas, el mínimo necesario. En estos comicios (están convocados 17 millones de australianos y el voto es obligatorio, bajo multa de 15 dólares) también se renovará la mitad del Senado de 70 miembros. Los laboristas sólo pudieron ganar dos de las últimas siete elecciones y apenas tres veces pudo desplazar del poder a los conservadores desde la Segunda Guerra Mundial.

Algunos sondeos proyectan su derrota, pero Morrison ha logrado romper con la “cultura del golpe” -gobiernos interrumpidos desde 2007- y convertirse en el primer líder australiano que completa un mandato de otro conservado John Howard (1996-2007), quien ganó cuatro elecciones antes de perder ante el laborista Kevin Rudd. El laborismo es, por ahora, la principal fuerza opositora (68 bancas).

"Es una elección entre un futuro fuerte y uno incierto. Es una elección entre un gobierno que se conoce y una oposición laborista que no se conoce", razonó Morrison asumiendo sus dificultades para renovar el liderazgo y advirtiendo a los australianos sobre el riesgo de elegir a un líder “no testeado”. "La pandemia nos ha dado la oportunidad de imaginar un futuro mejor y el Partido Laborista tiene las políticas y los planes para dar forma a ese futuro", refuta Albanese.

Como en varios países que acudieron a las urnas durante los últimos dos años de pandemia, la gestión de la crisis del Covid-19 será un factor electoral determinante.

Australia y la vecina Nueva Zelanda fueron considerados en 2019 casos exitosos, pero fueron al costo de mantener sus fronteras cerradas casi dos años, con muchos ciudadanos aislados de sus familias en el exterior que ahora votarán, y aun así no se libraron al final de brotes de la variante Omicron, muertes y confinamientos.

Hasta marzo, este país de 20,6 millones de habitantes había registrado 5,5 millones de contagios y 6.845 muertes. Al mismo tiempo, entre sus mayores de 12 años ya tenía el 93,8% de población inmunizada con el esquema completo de vacunación y el 62,2% con la dosis de refuerzo (booster).

La crisis sanitaria, a su vez, desveló problemas en los programas de asistencia social, en particular para los ancianos, lo que se ha convertido en otro eje del debate en el que los laboristas prometen recuperar lo mejor de su tradición de políticas públicas, una de las fortalezas de sus programas.

"40.000 personas están vivas hoy gracias a la forma en que gestionamos la pandemia, 700.000 personas siguen teniendo trabajo e innumerables negocios que habrían sido destruidos”, argumentó Morrison en campaña.

En 2021, la Comisión Real sobre la Calidad y la Seguridad de los Cuidados a las Personas Mayores concluyó que al menos un tercio de los usuarios de los servicios de atención residencial y a domicilio habían recibido una atención deficiente y que uno de cada cinco había sido agredido. Morrison respondió con fondos adicionales por US$ 452 millones, pero el asunto sigue muy presente en el debate.

La pandemia también impactó fuertemente en la economía australiana, la primera de Oceanía y la 12° del mundo, que entró en su primera recesión en casi tres décadas. El rebote de actividad económica registrado durante 2021 permite a Morrison exponerlo como prueba de su capacidad y advertir que una administración laborista debilitaría la recuperación (la tasa de desempleo no supera 5%).

En sus últimas previsiones, el FMI elevó de 4% a 4,2% el crecimiento del PIB de Australia en 2022. “Un voto de confianza a nuestro plan económico”, dijo Morrison. “El problema es que lo que le pagan a las familias trabajadoras corre por detrás de los precios”, respondió el laborismo. La inflación fue de 2,33% en 2021 y las últimas proyecciones superan 5%, casi el doble.

Inundaciones y sequías

Australia, considerado entre los países donde la exuberancia de la naturaleza es una marca principal de su identidad histórica, ha quedado como pocas veces bajo la gestión de Morrison en la primera fila del azote de los extremos climáticos que golpean cada vez con más intensidad el planeta, por el calentamiento global.

Por un lado, inundaciones repentinas han afectado desde finales de 2021 zonas rurales y urbanas desde Queensland, incluida la tercera ciudad más grande de Australia, Brisbane, hasta Nueva Gales del Sur, incluida Sydney. El gobierno declaró la emergencia nacional, entre decenas de muertos y miles de evacuados. La catástrofe coincidió con el Fenómeno La Niña, que lleva más lluvia a la región.

Pero antes, en 2019 y 2020, el país sufrió seis meses de extendidas olas de calor con registros de temperaturas récord e incendios forestales en Nueva Gales del Sur y el sudeste australiano, en lo que se dio en llamar el Verano Negro, durante el que Morrison siguió de vacaciones en Hawaii, desde donde ironizó cuando fue consultado si podía hacer algo más: “Lo siento, no tengo manguera, amigo”.

La gestión de Morrison de las dos crisis ambientales, que incluyó sus reproches al estado de Queensland por sus demandas de fondos de ayuda -lloran pobreza, les dijo, antes de sumarse a un fondo conjunto de US$ 741 millones para reconstruir viviendas-, amenaza con restar muchos votos al primer ministro, un abierto cuestionador de la relación cambio climático-desastres.

El dilema de China

El aumento de la influencia de China en el Pacífico absorbió buena parte del primer debate electoral de Morrison y Albanese, en particular tras el acuerdo de seguridad de Beijing con Islas Salomón (frente a la costa noreste australiana).

Este archipiélago, de unos 600.000 habitantes, permaneció sin mayor relevancia dentro del esquema de seguridad hegemonizado desde la Segunda Guerra Mundial por Estados Unidos en la región, pero en 2019 dejó de reconocer a Taiwán y se acercó así a China, hasta cerrar un acuerdo de asistencia y seguridad en este 2022.

Morrison rechazó la acusación laborista de que el acuerdo China-Salomón representaba "el mayor fracaso" de política exterior del país. “Esto ocurre porque China quiere interferir en el Pacífico", al margen de la capacidad de Australia para impedirlo, argumentó, y señaló a su rival por ponerse “del lado de China”.

El propio primer ministro de Salomón, Manasseh Sogavare, azuzó los ánimos antes de los comicios australianos: “Estamos amenazados de invasión, y eso es serio", le dijo al Parlamento isleño. "Nos están tratando como un alumno de preescolar que camina con una Colt 45 en la mano y que debe ser supervisado".

China aprovechó para intervenir en el debate: "Algunos políticos australianos suelen buscar beneficios políticos egoístas haciendo comentarios descabellados para desprestigiar a China y clamar por una guerra”, dijo un portavoz de la Cancillería.

A finales de 2021, con una cumbre en Washington, la Administración Biden revivió el Quad, un grupo de cuatro influyentes potencias del Asia Pacífico (EE.UU., Australia, India y Japón) que había sido creado en 2007, bajo la Administración Bush (h).

La cumbre del Quad fue dedicada a asuntos como ciberseguridad (Australia es un proveedor clave de minerales y tierras raras para la industria tecnológica), pero quedó expresa también la preocupación por que China, desde una futura base militar en las Islas Salomón, cree un avanzado punto de apoyo en el Pacífico.

Ese giro decidió a Washington a prometer ayuda y reabrir la embajada que en las islas que mantenía cerrada desde 1993 (según el Lowy Institute, las islas recibieron sólo US$ 30 millones de los US$ 3.000 millones de ayuda estadounidense a países insulares del Pacífico).

En el Quad, en alusión indirecta al avance chino en la región, Morrison declaró la aspiración del grupo a asegurar un Asia Pacífico "libre de coacción, donde se respeten los derechos soberanos de todas las naciones y donde las controversias se resuelvan pacíficamente de conformidad con el derecho internacional".

El australiano no mencionó a China y su auge en esa región, que considera parte de su esfera de influencia; pero adhirió a la concepción de Biden del mundo como una competición entre democracias y regímenes autoritarios. "Nosotros somos las democracias liberales que creen en un mundo que favorece la libertad”, remató.

La apuesta de Morrison en este juego de presiones cruzadas en la región provocó un litigio con Francia. El presidente Emmanuel Macron (ahora reelegido hasta 2027) lo llamó “mentiroso” cuando Canberra se integró al pacto tripartito de defensa Aukus, con EE.UU. y Reino Unido, y desistió de comprarle buques militares convencionales por US$ 90.000 millones a París, para proyectar en cambio la adquisición de submarinos de propulsión nuclear y usarlos en el Pacífico.

Después, China suspendió indefinidamente su diálogo económico de alto nivel con Australia, por su “actitud” frente a Beijing, expresada primero en un pedido de investigación sobre el origen del Covid-19 y luego con la cancelación de acuerdos de la iniciativa La Franja y la Ruta con el estado de Victoria.

En el debate electoral, Morrison dijo que criticando la gestión de política exterior de Canberra su rival laborista estaba "poniéndose del lado de China", pero Albanese le contestó que “las cuestiones de seguridad nacional no deberían ser objeto de ese tipo de calumnias. Todos estamos de acuerdo en que China ha sido agresiva, la cuestión es cómo se responde a ello".

No será sencillo conciliar la agenda de seguridad con la económica. China es el principal socio comercial de Australia, con un intercambio tres veces superior al que sostiene con Estados Unidos. Desde 2015, Canberra y Beijing tienen un acuerdo de libre comercio que intensificó el primer puesto del gigante asiático en absolutamente todos los rubros.

Además, los ciudadanos chinos son el primer grupo de estudiantes internacionales en territorio australiano y los vínculos educativos hicieron que Australia duplicara su número en la década anterior. El turismo (quinta actividad económica del país) también forma parte de la ecuación: 1,4 millones de chinos visitaron el país en la prepandemia, un estímulo económico de US$ 12.000 millones (25% de los ingresos totales del sector).

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