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Por una nueva minería argentina, en el marco de la "guerra tibia"

En este nuevo escenario global, la minería metalífera está llamada a jugar un papel casi tan estratégico como el que ha jugado el petróleo en la Revolución Industrial. En otras palabras, sin metales no habrá futuro para la humanidad.

Tanto Estados Unidos como Europa dependen de minerales críticos que no poseen en cantidades suficientes.
Tanto Estados Unidos como Europa dependen de minerales críticos que no poseen en cantidades suficientes.
Eduardo Barrera 15 febrero de 2023

El propósito de este artículo es argumentar en favor de una Nueva Política Minera Nacional, con sentido y alcance nacional,  ausente en nuestro país en los últimos 30 años, que parta de considerar los minerales metalíferos como un recurso estratégico no renovable y que propenda a su mayor industrialización en origen con la mayor participación posible del sector privado argentino, y con el debido respeto por el medio ambiente.

Una política industrial alejada tanto de la improvisación y falta de planificación como de la nostalgia de los '90. Una política para el Siglo XXI que entienda que el Consenso de Washington ya fue y lo que hoy predomina en el mundo es la Planificación Indicativa (llegar al año 2050 con Emisiones Netas Cero de CO2), así como el regreso de las Políticas Industriales con sentido de misión (evitar que el Calentamiento Global supere los 2°C), en el marco de una cierta "Guerra Tibia" (más sutil, ni fría ni caliente).

Una política que no vea a la minería simplemente como una opción de corto plazo para generar mas divisas, sino que aproveche las nuevas políticas industriales de los países desarrollados, tendentes a reducir la concentración y promover la diversificación de las fuentes de suministros de metales críticos, para iniciar una verdadera política de desarrollo de largo plazo. Una política que favorezca la industrialización de nuestros propios recursos estratégicos, particularmente el cobre y el litio, pero también el oro, la plata, el manganeso y las tierras raras, así como dar un salto cuantitativo en cuanto a la exploración.

En efecto, mantener el acceso y asegurar el suministro continuo de recursos estratégicos ha perfilado la política exterior de las principales economías y potencias militares a lo largo de la historia y lo seguirá haciéndo en el futuro. Ya que en gran medida, sus nuevas políticas industriales, llámese IRA (Inflation Reduction Act) de EE.UU. o Pacto Verde Europeo (que seguramente tendrán su correlato en China, donde la intervención del Estado en la definición de las políticas industriales es una constante), demandarán ingentes cantidades de minerales estratégicos para el desarrollo y almacenamiento de energías renovables.

Sin mencionar que su propia seguridad nacional y económica se basan también en tecnologías intensivas en una amplia gama de minerales críticos que soportan las matrices informáticas de aplicaciones tan avanzadas como la inteligencia artificial o la computación cuántica.

Puede afirmarse entonces que, en este nuevo escenario global, la minería metalífera está llamada a jugar un papel casi tan estratégico como el que ha jugado el petróleo en la Revolución Industrial. En otras palabras, sin metales no habrá futuro para la humanidad.

Las principales países desarrollados (Estados Unidos, China y la Unión Europea), por tanto, van a tratar de asegurarse un suministro confiable y suficiente de minerales estratégicos y para ello buscaran ampliar y diversificar las cadenas de suministros de estos minerales procurando ampliar sus zonas de influencia sobre los países que posean estos recursos, probablemente sin caer en la lógica de suma cero que caracterizaron estas disputas en el pasado.

A efectos comparativos, cabría recordar que la conversion del combustible de la marina de guerra de las potencias occidentales del carbon al petroleo a principios del Siglo pasado, permitió projectar su poder militar mas lejos y más rápido, pero a costa de una dependencia mayor de un recurso escaso que no poseían.

De allí que el control del acceso al petróleo se convirtiera en la cuestión estratégica que ha dominado la geopolítica del Siglo XX, justificando la injerencia de estas potencias en los gobiernos de los países más pobres pero ricos en petróleo, el desarrollo de un entramado de intereses privados y negocios vinculados, e incluso el despliegue militar en las zonas más calientes. La importancia estratégica del petróleo explica también porque las autocracias de los países del Golfo Pérsico han sido capaces de resistir la presión internacional para democratizarse. Y como el lobby petrolero ha conseguido "externalizar" (transferirle a la sociedad) el costo de la contaminación que está en el origen del calentamiento global. La mayor amenaza existencial a la que se enfrenta la humanidad.

Afortunadamente, la guerra comercial y tecnológica entre Estados Unidos y China por la primacía mundial, ya no tiene las características de la llamada "Guerra Fría", que tenía un marcado carácter ideológico y militar.  Ni tampoco parece encaminada a una abierta confrontación militar (Guerra Caliente), aunque puedan haber pequeñas escaramuzas (ejercicios militares, derribo de naves, conflictos regionales), que por algún error de cálculo puedan generar una escalada militar de imprevisibles consecuencias. Algunos analistas incluso sitúan a la actual guerra en Ucrania dentro de la lógica de este conflicto.

A este escenario es lo que llamo "Guerra Tibia". Un escenario que está obligando a un reacomodamiento de todos los actores en el tablero mundial y donde se intensificarán las presiones diplomáticas y financieras sobre países en vía de desarrollo como el nuestro, para consolidar e incrementar las áreas de influencia de las principales potencias.

Lo más concreto es que tanto Estados Unidos como Europa dependen de minerales críticos que no poseen en cantidades suficientes. Es China, por el contrario, quien domina las cadenas de suministro y detenta una posición dominante a nivel mundial en la fundición y refinado de muchos minerales críticos, como el caso del aluminio (66,6 % de la capacidad mundial), litio (80%), tierras raras (80%), cobalto (66%) y grafito (80%).

Esta posición dominante no se deriva de la riqueza de sus propios recursos naturales, sino de una deliberada política industrial de sobre-dimensionamiento de sus plantas de tratamiento y refino, de modo tal de ofrecer menores costos de tratamiento por economías de escala, que inviabilice las posibilidades de muchos países de avanzar en la industrialización de sus propios recursos. De allí que en los últimos años se considere a China como la refinería metalífera del mundo.

Por tanto, la consecuencia lógica de las políticas de resiliencia, ampliación y diversificación de las cadenas de suministros de minerales metalíferos de Estados Unidos (y menor medida Canadá) y Europa, sea la tendencia a favorecer las inversiones en refinerías en origen que, sin entrar en una guerra comercial abierta, tiendan a disminuir su dependencia de China para el suministro de metales críticos.

Dicho de otra manera, sus esfuerzos a futuro no van a estar orientados tanto a asegurar el acceso a los recursos naturales en bruto, como fue en el caso del petróleo, sino más bien a reducir la concentración y diversificar las fuentes de suministro de metales refinados. Lo cual los convierte en ideales socios inversores y comerciales de largo plazo.

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