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Los riesgos del ajuste permanente

15-03-2017
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Que la economía necesitaba y aún necesita ajustes no es novedad ni una cuestión abierta a la discusión (más allá de las rencillas políticas de bajo vuelo clásicas de estas pampas). Que el Gobierno ha avanzado en ese frente, tampoco. La lista de logros es larga.

El dilema es que, dada la herencia recibida y el ritmo gradualista elegido en diciembre de 2015 para atacarla, la lista persiste y, en el medio, hay que ganar las elecciones (a nadie menos que el peronismo) para mantener el poder para encarar esa agenda reformista y lograr que los agentes apuesten a la posibilidad de que Cambiemos siga más allá de 2019.

El dilema

Gobernabilidad versus Excel. Entre esas paredes rebota el Gobierno. Por ahora, sin conformar a unos ni otros: las encuestas no sonríen (Cambiemos no logró aumentar su caudal político) y las grandes inversiones no llegan, forzando a la Casa Rosada a apelar a drivers non sanctos (y antes criticados) como el consumo. ¿Debió haber sido más agresivo en 2016 o eso implicaba convocar las aspas del helicóptero? Nunca lo sabremos. Incógnitas contrafácticas que deberán discutir los historiadores. Así, el Gobierno avanza lento, pero también retrocede y pone pausa al son de las encuestas y las cuentas de almacenero. El mandato dual es ganar y sentar las bases de un crecimiento sustentable. El campo de batalla es el cómo.

¿Ajuste en pausa?

La última novedad, dada la cercanía de las elecciones (5 meses), la elevada pobreza (32,9% en el tercer trimestre de 2016, según la UCA) y la inflación persistentemente elevada (2,5% en febrero, según el Indec), sería la pausa en el proceso de ajuste fiscal que había anunciado Nicolás Dujovne en Hacienda hace?3 semanas. Por caso, las tarifas del transporte, dijo Guillermo Dietrich, tampoco se tocarán en 2017 (pese a que los subsidios financian más del 50% del costo real, según LCG). Todo es en un contexto fiscal que se puede caracterizar, sin exagerar, como dramático. Según Balanz Capital, sin blanqueo el rojo fiscal terminó 2016 en 6,9% del PIB. Y el déficit en cuenta corriente, en 3%.

Las carreras

“El ajuste tarifarios en cuotas, con retoque cada 4 o 6 meses, con un tasa de inflación elevada es muy jodido y le corre constantemente el arco al ajustador”, dice un economista con recorrido en la city. Los costos (ya sea para generar energía o transportar una persona) siguen de largo, alimentados por la inflación de costos y los ajustes corren de atrás, y nunca parecen terminar. Una “suerte” de ajuste permanente: el sector privado, tanto empresas como familias, no saben a ciencia cierta cuánto pagarán por algo tan esencial como electricidad, gas o transporte en algunos meses más. Retoques, como quedó demostrado en febrero, que alimentan la inflación y se filtran a la núcleo (dio 1,8%, según el Indec). Hay una carrera precios-salarios y tarifas que fuerza a la autoridad monetaria a mantener tasas de interés elevadas.

Atrasados

Con el cambio en el mix de financiamiento y la política monetaria per se vino el atraso cambiario, uno de los temas del verano que pinta que seguirá en el otoño con la llegada de los agrodólares. Más deuda externa, más oferta de dólares y más atraso cambiario. Un dólar bajo, se sabe (y eso incluye a los grandes economistas que hoy tiene el Gobierno), genera perjuicios varios, como ya lo está haciendo, más allá de que ayuda a contener los precios en el corto plazo y alimentar el “deme dos”.

“El tema cambiario es un intríngulis. Todos están avivados que, por el ajuste fiscal en cuotas, el país se endeuda en dólares afuera para financiar el gasto interno en pesos y eso genera un ingreso artificial que te presiona a la baja el dólar. La gente está comprando dólares como nunca y eso no me gusta. No es sano un dólar a $16 que incentiva el atesoramiento y viajar al exterior y la única región que exporta es la Pampa Húmeda. Es una tranquilidad cambiaria artificial”, dice el economista antes citado.

Eso también desincentiva la inversión. “Traer plata a $16 no es un gran incentivo”, dice el economista, y no casualmente algunos hombres de negocios están pidiendo y especulando con un dólar a $19 o $20 más temprano que tarde. Por ahora, regula el mercado, dice el BCRA.

Un economista, unos años más joven y con acceso a encuestas, ofrece una mirada distinta y dice que los inversores también miran las encuestas, y no solo los números de la macro. “El Gobierno puede pensar en la gobernabilidad y en términos electorales o asegurar el panorama inversor (fijando tarifas y tipo de cambio) y sufrir en las urnas”, dice. “Pensar a corto plazo no está tan errado”, asegura, aunque dice que hubiera sido mejor cargar el ajuste en 2016, “con más capital político”.

Como asegura Diana Mondino desde UCEMA, “con gradualismo, los resultados van a ser gradualistas”. Algunos, más críticos, como Miguel Angel Broda, reclaman “un programa y un ministro de Economía”: observan demasiados funcionarios tocando las palancas y una orientación errática.

La expectativa de varios hombres de negocios es que Cambiemos se imponga en octubre y allí, con el respaldo en las urnas, se anime a jugar un poco más fuerte y priorizar la economía, acelerando las reformas y despejando la incertidumbre inversora. ¿Será?

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