GameStop y la guerra entre grandes y pequeños inversores

28 de enero, 2021

GameStop y la guerra entre grandes y pequeños inversores

Por Héctor Rubini (*)

A veces los inversores cuentan con información que permite anticipar subas sostenibles de precios de algunas acciones u otros activos. Pueden ser provocadas por compras impulsadas por inversores institucionales y algunos fondos de inversión pequeños, pero la información se disemina en los mercados, generalmente de manera muy rápida. Esto puede llevar a la expectativa de que tal suba no sea tan sostenible, y ante la perspectiva de potenciales bajas, emerge la posibilidad de ganar dinero también con cotizaciones en caída.

La estrategia habitual en esos casos es lo que se conoce como “short selling”: venta presente de una cantidad de activos que se toman prestado de un bróker, y pagándose comisiones y un costo financiero ajustado al tiempo por el que se tiene abierta esa posición hasta el momento de la futura compra del activo en cuestión.

El objetivo es volver a comprar a precio más barato a futuro. Si eso ocurre, se logran adquirir más unidades de los activos compraron inicialmente en descubierto. El “buen final” esperado es que el precio de compra sea suficientemente bajo, así se devuelven al bróker los activos que se tomaron prestados al inicio, se cubren los costos iniciales (financiero y comisiones) y se obtiene una ganancia neta.

Esta estrategia es exitosa si se acierta con el timing de las subas y bajas. Así se logra ganar dinero apostando a fuertes bajas futuras sin poner un solo peso o dólar propio al inicio de la operación. El problema surge si al cabo de sucesivos períodos la esperada baja no ocurre. En ese caso los inversores que optaron por esta estrategia pueden incurrir en pérdidas considerables: si el mercado sube y no retrocede a precios inferiores a los de la compra en descubierto, el inversor deberá poner fondos propios para comprar los activos faltantes para devolver al bróker, y también para solventar el costo financiero y las comisiones incurridas.

Un caso actual, y bastante espectacular, de esta operatoria en Estados Unidos, es el de las acciones de la red de tiendas físicas GameStop (GME), para la venta de videojuegos de manera tradicional, presencial. Su “core business” es, por tanto, más que vulnerable a un escenario de cuarentenas, la competencia de Amazon y la expansión de los videojuegos online.

Varios inversores apostaron, razonablemente, a que su cotización bajaría. En 2019 registró pérdidas por U$S 719 millones, y presumiblemente bastante más el pasado. Uno de los más notorios “short-sellers” de acciones GME fue el fondo especulativo Melvin Capital que invirtió millones de dólares en ventas apalancadas de estos papeles apostando a su futura caída. Según información de algunos organismos regulatorios de EE.UU., al tercer trimestre tenía fuertes posiciones en opciones de venta (puts) sobre acciones de 17 empresas de cotización pública.

Pero esto incentivó una suerte de acuerdo colusorio de miles de inversores pequeños vía las plataformas Reddit (fundamentalmente el colectivo online WallStreetBets) y Robinhood para arruinarle el negocio a Melvin Capital y a otros grandes “short-sellers” como Maple Capital. La estrategia de los minoristas fue la de comprar sin pausa acciones de GME, y opciones de compra (“calls”) sobre dichas acciones. También habrían lanzado igual estrategia sobre las acciones de Nokia Oyj, Blackberry, Bed Bath & Beyond, AMC Entertainment Holdings, Tootsie Roll Industries, la editorial Pearson y el laboratorio farmacéutico alemán Evotec, entre otros.

Créase o no, este ataque tipo “piraña” sobre GME viene siendo un éxito. A fin de diciembre de 2020, la acción de GME valía U$S 18,84. Al 15 de enero, U$S 35,50, y el viernes pasado a U$S 65,01. El lunes, en su primera hora de cotización llegó a U$S 119,90, cerrando a U$S 76,79 y el martes cerró a U$S 147,98. Ayer, antes de la apertura de los mercados en Nueva York, un tuit de Elon Musk, dueño de Tesla, con sólo escribir la palabra “GameStonk” generó una oleada de compras que llevó a la acción de GameStop en la preapertura del mercado a U$S 365,42, cerrando ayer a U$S 347,51, luego de haber alcanzado un pico de U$S 372,74. Esto significa un salto de 134,8% en un día, acumulando en las 17 primeras ruedas de 2021 una suba de 1.744,5%.

Melvin Capital, en particular, ha debido admitir la derrota. Su elevada (e imprudente) exposición a ventas cortas de GME, apostando a una baja que nunca ocurrió, al menos en este mes, puso en riesgo su unidad de negocios. Este fondo, a fin de 2020, valía U$S 12.500 millones y en lo que va de enero se estima que ha acumulado pérdidas ya superiores a los U$S 3.750 millones.

El lunes, Melvin Capital recibió un programa de rescate financiero de urgencia de otros dos fondos de inversión: U$S 2.000 millones del fondo Citadel y U$S 750 millones de Point72 Asset Management. También espera otros U$S 1.000 millones para el próximo lunes. Pero tal vez no sea suficiente. Otro hedge fund, Citron Research, anunció ayer el abandono de sus posiciones cortas sobre GME ante las subas desenfrenadas que dicho fondo atribuye a una suerte de “turba enfurecida”. Su titular, Andrew Left, admitió pérdidas de 100% sobre sus posiciones cortas sobre GME, pudiendo cubrirlas sin problemas por ser una parte pequeña de su cartera de activos.

¿Miles de David han derrotado a dos Goliath? Parece que sí, y podría haber algunos más…Pero tal vez se vaya agotando el margen para más subas, aunque nadie sabe cuándo ocurriría una reversión de esta corriente compradora. Esta dinámica también alienta nuevas ventas en descubierto, ante la sospecha de que la probabilidad de una caída sea mayor. Y también compras spot por parte de inversores en descubierto que para cubrir sus pérdidas se ven forzados a adquirir las acciones a los precios más altos, antes de retirarse del mercado (es lo que se conoce como “short squeeze”), presionando los precios a valores aún más altos, al menos en el corto plazo. Mientras GME siga subiendo, otros grandes jugadores pueden caer.

Aun así, una retracción pronunciada en una o dos jornadas bien podría precipitar una oleada de ventas que hunda a GME y a otras acciones, y esto no es tan improbable. Como bien advirtió Andrew Left, una disparada como la del precio de GME no es la primera y sobre la misma conviene tener presente un ejemplo cercano. Es el de las acciones de la empresa farmacéutica Tilray, de Canadá, que años atrás registró una suba empinada y rápida hasta los U$S 200 por acción, y luego en pocos días se derrumbó a U$S 6.

¿Cómo seguirá esto? Nadie lo sabe, pero es la lógica de los movimientos de cualquier mercado libre. Lo llamativo esta vez es el éxito de la acción colusiva de pequeños inversores a los que seguramente se habrán sumado otros no tan pequeños, para desafiar y generarles pérdidas a los grandes de los mercados de capitales.

No sería de extrañar que estos últimos empiecen a pedir sanciones y regulaciones para este tipo de transacciones. Cuando hay ganancias, todos son titanes de los mercados libres, cuando se pierde, se sale a buscar el paraguas del Estado. Michael Burry, titular de Scion Asset Management, exigió por Twitter una investigación de los reguladores federales a los inversores minoristas que provocaron esta fuerte suba. ¿Invocar manipulación de mercado por parte de quienes siempre hacen lobby y se quejan contra las regulaciones contra dichas manipulaciones? Y sí…hay cara para todo y “el que no llora no mama”, como bien advertía Discépolo. La administración de Joe Biden tiene otras prioridades más urgentes, pero nadie puede asegurar que los demócratas se vayan a sentar de brazos cruzados a esperar que surja alguna espontánea “autorregulación” privada.

Igualmente, no deja de ser un contrasentido que quienes se han hecho millonarios con operaciones en descubierto y derivados, salgan a pedir restricciones para las mismas actividades a las que ellos vienen dedicándose desde muy jóvenes. Pero como en cualquier otra actividad humana, a nadie le gusta perder, y mucho menos posiciones dominantes. Como ha advertido John P. Lee, experto del fondo VanEck, se trata de una guerra abierta entre inversores tradicionales e inversores online. “Lo que ahora veo es, en definitiva, una relación antagónica entre la vieja guardia de Wall Street y traders individuales que están en ascenso”, dijo. Un choque que recién está en sus inicios, y que puede conducir a nuevas regulaciones estatales en el mercado de capitales de EE.UU.

(*) Economista de la Universidad del Salvador (USAL)