A la espera de días peores

25 de febrero, 2019

A la espera de días peores

 

Por Héctor Rubini Instituto de Investigación en Ciencias Económicas de la USAL

 

La ayuda humanitaria a la población venezolana se encontró con el cierre de la frontera por parte del régimen de Nicolás Maduro. Sorpresa para algunos observadores, pero no para la mayoría. El régimen sigue desconociendo a Juan Guaidó como primer mandatario y controla sin fisuras el aparato de represión interna. Luego de advertir que todo vehículo que ingrese a Venezuela sin autorización será considerado “blanco militar”, los camiones con ayuda humanitaria que ingresaban vía Colombia fueron incendiados por grupos instigados por el régimen de Maduro. A su vez, los vehículos provenientes de Brasil fueron detenidos mientras tropas venezolanas dispararon contra civiles venezolanos ingresando indebidamente a territorio brasileño.

 

La maniobra impulsada por Guaidó, junto con el Gobierno de EE.UU. y el colombiano, deja un saldo de muertos y heridos, y un saldo político en principio desfavorable. Maduro se siente más fuerte y con mayor poder, y está dispuesto a avanzar más con el uso de la violencia física contra sus opositores. No perdió el control del país e inclusive la Armada venezolana amenazó con atacar a una embarcación con 200 toneladas de alimentos y medicamentos que había zarpado de Puerto Rico, y preventivamente debió abandonar la ruta inicial rumbo a Venezuela. Un episodio que por ahora sólo motivó la reacción airada del Gobierno portorriqueño, pero en verdad fue una provocación indirecta (y bastante imprudente) hacia el Pentágono.

 

La quema de camiones con ayuda humanitaria y la decisión de Maduro de romper relaciones con Colombia ha forzado al Gobierno de ese país a ordenar el retorno de todo el personal diplomático en Venezuela. Brasil por ahora se mantiene expectante, mientas Washington parecería evaluar si optar o no por un ataque militar contundente a Venezuela. Algo que además de dejar un saldo de víctimas inocentes imposible de predecir, podría iniciar una secuencia de tensiones y conflictos regionales de evolución más que incierta. El cierre de las fronteras terrestres y marítimas le permite a Maduro detener el ingreso de esa ayuda que interpreta como camuflaje para ingreso de armas para sus opositores. Pero esto no lo “blinda” contra una maniobra militar de gran escala vía misiles y ataques aéreos. Menos si ahora tiene también en contra nada menos que a Brasil y a Colombia. Por ahora, Donald Trump seguirá con sus presiones en el plano diplomático, más enfocado en la reunión de pasado mañana en Vietnam con el presidente de Corea del Norte. Pero no va a permitir, ni por asomo, una “base territorial” de Rusia, Irán o China en Sudamérica.

 

¿Podrá esto terminar pronto, con alguna forma de negociación entre Guaidó y Maduro, sin un conflicto armado en gran escala? Nadie lo sabe. Mientras tanto, la economía se aproxima cada vez más a tocar fondo, con una hiperinflación que se tornará más difícil de seguir y medir. Desde hace meses es por lejos la más alta del continente en toda su Historia, y tornará imposible pensar en inversiones de largo plazo siquiera en el sector petrolero. El gobierno venezolano había abierto cuentas en el Gazprombank en Moscú, pero la semana pasada la entidad suspendió sus transacciones con PdVSA y le dio plazo de 45 días para que retire sus fondos, caso contrario serán congelados. La entidad rusa no quiere exponerse a ser objeto indirecto de las sanciones de EE.UU. a organismos y empresas estatales de Venezuela.

 

Previamente, el pasado 29 de enero el Departamento del Tesoro de EE.UU. dispuso el bloqueo de los activos de PdVSA en EE.UU. y la prohibición de personas físicas y jurídicas estadounidenses de realizar transacciones con dicha empresa. Las refinerías de su subsidiaria Citgo puede operar, pero los fondos para compras de petróleo venezolano serán embargadas y giradas a una cuenta especial a ser administrada por Guaidó. Esto, junto a la prohibición de exportar bienes y servicios estadounidenses a Venezuela significa un ahogo financiero difícil de revertir. A su vez la demanda asiática de petróleo venezolano se perfila hacia la baja, y en el último mes han trascendido informes que indican un fuerte aumento de stocks de petróleo de China e India, otros dos de los mayores importadores de crudo de Venezuela.

 

Esta doble dinámica de sanciones externas y caída de actividad en hiperinflación no se va a revertir al menos por varios meses. La otra cara de la moneda es el aumento de la probabilidad de impago de la deuda del gobierno venezolano. Los inversores así lo han interpretado y desde el 28 de enero la prima de riesgo soberano (EMBI de JP Morgan) aumentó más de 600 puntos básicos hasta el último viernes, cerrando en 5.236 puntos básicos. Inevitablemente, la restricción de divisas se va a tornar más aguda pari passu con el agravamiento de la crisis política.

 

Esta última seguirá agravándose, dado el juego estratégico planteado entre Maduro y sus grupos armados, frente a Guaidó y la oposición. Este último parece haber admitido el mayor rigor del cerco militar de Maduro frente al cerco de presiones externas, y por primera vez este sábado twitteó en línea con ciertas afirmaciones del presidente de Trump días atrás: “debemos tener abiertas todas las opciones para la lograr la liberación de esta patria”. La declaración que dará a conocer hoy el Grupo de Lima en Bogotá, en presencia del vicepresidente de EE.UU., Mike Pence, tal vez no defina acciones precisas, pero el Secretario de Estado, Mike Pompeo, ha anticipado también por Twitter que “ahora es el momento de actuar para apoyar las necesidades del pueblo venezolano”. Es bien claro ahora que el futuro de Venezuela se torna más dependiente de la paciencia de Washington con el régimen de Maduro. Si esa paciencia está cerca o no de agotarse, es algo que por ahora nadie lo sabe, pero los mercados tratan de anticiparse y ya empezaron a “votar” en contra no sólo de Maduro, sino de la hipótesis de un final ordenado y pacífico de la crisis de Venezuela.