200 años de la Universidad de Buenos Aires: fortalezas y desafíos de la universidad pública

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11-08-2021
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Por Norberto Liwski (*)

La Universidad de Buenos Aires fue creada e inaugurada el 12 de agosto de 1821, con ello se cumplía un antiguo anhelo de la comunidad porteña que había impulsado la fundación de una casa de altos estudios durante los últimos tramos de la etapa colonial.

Con un perfil académico consolidado hacia la formación moderna y profesionalista, en la UBA se encontraban las primeras mujeres universitarias, entre ellas, la Dra. Cecilia Grierson primera graduada de la Facultad de Ciencias Médicas.

La incidencia del desarrollo de la UBA en la formación de nuevos liderazgos políticos y la relación del campo académico con las responsabilidades de Estado, quedó reflejada en la Ley Avellaneda, siendo su autor Rector de la UBA y Senador Nacional. Dicha ley influyó en la creación y funcionamiento de las nuevas universidades por más de 60 años.

La Reforma Universitaria de 1918 encuentra a la UBA en pleno crecimiento de matrícula estudiantil, sin embargo, la enseñanza superior estaba reservada a una pequeña élite. Originada la Reforma Universitaria en la Universidad Nacional de Córdoba, la UBA no fue indiferente a los avances democráticos de transformación de la vida electoral y política. El crecimiento de la matrícula, aunque sostenido, siguió siendo lento, puesto que los estudios universitarios siguieron siendo arancelados.

Esta situación se revierte, bajo el gobierno del Presidente Juan Domingo Perón el 22 de noviembre de 1949 a través del Decreto Presidencial N° 29337/49 el cual suspende el arancelamiento considerando, de este modo, a la educación universitaria no como un privilegio, sino como un derecho social. En este contexto se dio un exponencial aumento de la matrícula universitaria que pasó de 40.284 alumnos en 1945 a 138.871 en 1955.

En cada golpe a la vida democrática de Argentina, la Universidad sufrió ataques institucionales a la autonomía que fuera ganada a fuerza de sacrificios y luchas. La "Noche de los Bastones Largos" ocurrida el 29 de julio de 1966 en la UBA marcó el comienzo de la nueva dictadura militar, y tres años después con la sangre derramada del estudiante de Medicina de la Universidad Nacional del Nordeste, Juan José Cabral el 15 de mayo de 1969 en lo que se denominó el Correntinazo, se inicia un movimiento obrero -estudiantil en gran parte del país que marcó el principio del fin para la dictadura de Juan Carlos Onganía.

En sus 200 años de historia, en la UBA pasaron por sus claustros cinco premios Nobel con sus respectivas competencias, Dr. Carlos Saavedra Lamas; Bernardo Houssay, Luis Federico Leloir, César Milstein y Adolfo Pérez Esquivel. Hoy las aulas - inclusive virtuales- de la UBA cuentan con Adolfo Pérez Esquivel quien obtuvo el Nobel de la Paz de 1980 por su defensa de los Derechos Humanos violentados durante la última dictadura cívico militar, y continúa formando ciudadanos y ciudadanas con convicción junto al ejemplo cotidiano de una vida activa y militante en la promoción de los Derechos Humanos.

La UBA como todas las instituciones que integran el Sistema de Educación Superior, cumple el mandato que a través de la Conferencia Regional de Educación Superior de América Latina y el Caribe ?CRES- que en los años 1996, 2008 y 2018 en el que rectores y rectoras, decanos y decanas, directores y directoras, docentes, estudiantes y representantes de numerosas organizaciones gubernamentales y no gubernamentales se reunieron para analizar y debatir sobre la situación del sistema educativo en la región y delinear un plan de acción para las próximas décadas, reafirmando el sentido de la Educación Superior como un Derecho Humano y bien público social que los Estados tienen el deber fundamental de garantizar.

El Bicentenario de Universidad de Buenos Aires nos tiene que llevar a la reflexión de que debemos asumir los desafíos que se presentan en el Sistema de Educación Superior argentino, de aprobar una nueva Ley de Educación Superior; garantizar las asignaciones presupuestarias en clave de la equidad e inclusión; promover la aplicación irrestricta de las convenciones y negociaciones colectivas para trabajadores y trabajadoras de todos los sectores y funciones de la Educación Superior, consolidar la federalización y articulación del sistema junto a la democratización del conocimiento; fortalecer la investigación que consolide la soberanía técnico-científica y la integración del conocimiento con las Universidades u otros Centros de Estudios de Latinoamérica. Además, Resulta necesario para quienes somos parte de instituciones educativas de nivel superior llevar adelante acciones de servicio a la sociedad, trabajando con enfoques interdisciplinarios y transdisciplinario para la erradicación de la pobreza, la intolerancia, la discriminación, las violencias especialmente sexistas, el analfabetismo, el hambre, el deterioro del ambiente y las enfermedades que en este contexto de pandemia se demostró que el mundo entero es vulnerable.

Trabajando estos desafíos de manera colectiva, podremos lograr un país en el que el desarrollo nacional sustentable, soberano y con justicia social sean posibles.

(*) Médico pediatra, director del Programa de Actualización de Posgrado "Adolescencia y Ciudadanía Juvenil: Derechos y Contradicciones" en la Facultad de Derecho (UBA) y docente de la Universidad Pedagógica Nacional

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