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Hay otro Macri

Macri va por todo, igual que Cristina en 2011

Hay otro Mauricio Macri. Mucho más suelto, decidido a no repetir consejos ajenos. Tal vez sea el Macri que siempre quiso ser. Y ahora se atreve a parecer.

Oscar Muiño Oscar Muiño 25-10-2022
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"A mí no me corren más, ningún progre nos puede correr". Un desafiante Mauricio Macri  presentó "Para Qué", su último libro, el lunes 24. La propuesta ideológico-política que auspicia para el cuatrienio 2023-2027. Enorme distancia con su gestión 2015-2019.

Progres de hoy y de ayer

La presidencia de Macri llevaba seis meses cuando su aliado, el radical Ernesto Sanz, tuvo que salir a defenderlo: "Es mentira que sea un gobierno para los ricos, es una construcción interesada e hipócrita. Se tomaron medidas para el empleo, la movilidad social, la apertura de la economía para crecer y que pueda haber inversiones. Este es un gobierno progresista", opinó el ex titular del radicalismo en diálogo con radio Vorterix" (Perfil, 25 de octubre de 2016).

Macri agradeció. Unos días antes había homenajeado a Hipólito Yrigoyen por el centenario de su presidencia  en la residencia de Olivos. Delante de Sanz y la plana mayor radical, Mauricio llenó de elogios a Yrigoyen por sus virtudes de liderazgo y su dialoguismo.

Pasaron seis años. Hay otro Macri. Mucho más suelto, decidido a no repetir consejos ajenos. Hoy Macri puede confesar que no le gusta Yrigoyen, a quien ve "populista" y que elige a Carlos Menem. Tal vez sea el Macri que siempre quiso ser. Y ahora se atreve a parecer.

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Extrañando a Marquitos

Durante la campaña presidencial de 2014-2015, Macri necesitaba sumar apoyos, desterrar las sospechas en un candidato empresario, dueño de una compañía de trato íntimo con el Estado, una familia que había apoyado al menemismo y se había beneficiado de tal respaldo. En esos días, parecía obligatorio -si quería ganar- erradicar el temor popular a una revancha de los '90.

Macri recitaba un credo liberal progresista, con contenido social ("Pobreza Cero") y un razonable neutralismo en materia internacional.  Concentraba su discurso en evitar las demasías del kirchnerismo que parecían comportar un riesgo para ciertas prácticas republicanas.

De ese tiempo todos recuerdan a Jaime Durán Barba. Pocos evocan a Peña. La severidad de Marcos ponía límite a las intenciones de Mauricio. En su carácter de experto comunicador, Marquitos advertía a Mauricio que confesar ciertas visiones iba en contra de sus aspiraciones presidenciales.

Ese fue Peña: entre sus logros menos reconocidos, estuvo impedir que su jefe dijera lo que pensara.

Artífice del éxito electoral, Peña fue un mal jefe de gabinete. No escuchó amigos ni aliados y ejercitó un verticalismo incompatible en una coalición necesitada de integrar voluntades a un  proyecto común. Para Macri, Peña era insustituible. El hombre del rumbo político e ideológico de la campaña primero y de la administración más tarde. El garante de los sellos reales.

A fines de 2017 la administración macrista comenzó a hacer agua. La estrella de Peña empalideció más y más hasta abandonar el firmamento. La derrota ante Alberto en 2019 convirtió el eclipse parcial en definitivo.

Por la vuelta

El deterioro del Frente de Todos, el debilitamiento del tándem Fernández-Fernández, las torpezas del gobierno, reabrieron el camino. 

Macri empezó a dar rienda suelta a sus inclinaciones. Alejado de Marquitos, se ha liberado. Puede ufanarse de decir lo que siente y promover sus opiniones sin cepo ni salvaguardias. Admirador de Alvaro Alsogaray, votante de la Ucedé,  partidario férreo del libre mercado. 

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Ahora está convencido. Lee la oportunidad -que siempre latía- de volver por la revancha. Como candidato si puede, como referente si no llega.

La presentación de su libro fue una formidable demostración de poder. Integro el PRO, con sus políticos, sus empresarios (en muchos casos convergen en políticos-empresarios cuando no en empresarios-políticos), algunos periodistas, futbolistas  y artistas y unos pocos radicales. La derechización no es sólo económica: el lunes puso en pantalla durante su acto al líder más conservador -y pronorteamericano- del continente, el expresidente colombiano Alvaro Uribe, un modelo de mano dura.

Faltazos importantes: los radicales Gerardo Morales, Facundo Manes y Martín Lousteau. Más Elisa Carrió. Los ausentes no coinciden con la propuesta de shock macrista. 

Acaso por eso Macri no descarta un alejamiento radical (o de parte de la UCR) a la que imagina sustituir con los votos libertarios de Milei. Sería un giro hacia una coalición de derecha dura. En lugar de encontrar objeciones el PRO tendría socios que quieren ir aún más lejos, cueste lo que cueste.

Macri sabe que el inclemente bisturí de la presidencia Menem pudo hincar gracias a las carnes desgarradas del alfonsinismo. La posibilidad de shock es proporcional al grado de crisis de la administración saliente.  Con el sistema político y su dirigencia en terapia, la desconfianza crece, viejas convicciones tambalean. La tradición estatista e igualitaria del electorado ya no es la que era y hay espacio para deconstruir. 

Macri percibe que el espíritu de época ha mutado; descalifica como privilegios lo que otros consideran derechos y promueve reformas inimaginables en 2015.

El deterioro de la situación socio-económica achica las chances del Frente de Todos para renovar mandato en 2023. 

Ante la posibilidad de un shock neoliberal, los mercados podrían entusiasmarse, el riesgo país disminuir, los activos financieros argentinos recuperarse. 

En otras palabras, si la situación económica no empeorara, la sensación de cambio de gobierno anticiparía decisiones y eso pudiera traer alivio...¡al gobierno actual! No hay caso, los mercados y la política exhiben -y necesitan- capacidades diferentes...

En su libro, Macri afirma que los consensos están sobrevalorados, porque suponen "la renuncia al cambio". Descartar al otro parece excesivo. Este domingo, por ejemplo, su querido Boca Juniors apenas pudo salir campeón gracias a su archirival, el River de Marcelo Gallardo. Y en su propio Boca ahora manda Román Riquelme. 

¿Será que el cambio puede legar del lado más inesperado?

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