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La Guerra de los 6 Días de Milei

¿Política o economía? Milei, nada más y nada menos

Milei no comparte poder porque no necesita hacerlo.
Milei no comparte poder porque no necesita hacerlo. .
11 junio de 2024

Por Viviana Isasi y Julio Burdman

Isasi / Burdman Consultores Políticos

El Gobierno libertario cumplió sus primeros 6 meses de gestión, pero en este texto lo que más nos interesa son sus últimos 6 días. La Guerra de los 6 Días de Milei. 

Como sabemos, tras semanas y semanas de euforia financiera, las curvas doblaron: bonos y acciones para abajo, dólar y riesgo país para arriba. Esta señal del mercado comenzó a verse como una bisagra política. 

Se respiró un aire enrarecido: el presidente Milei, lejos de parecer invencible como ayer, ahora estaba rodeado de problemas y enemigos. 

La Ley Bases seguía estancada en una comisión y se pedía la cabeza de Sandra Pettovello. Parte de la oposición "dialoguista" aún no tenía claro si la estrategia era comer o panquequear, pero toda la oposición se unió -tal vez, precipitadamente- para dar media sanción en Diputados a la nueva movilidad jubilatoria, que dejaría en foja cero al ajuste mileísta. 

Hasta Máximo Kirchner reconoció que es un texto para vetar. En este clima, todos le buscaban "experimentados" a Milei para sumárselos a la gestión, y el PRO aprovechó para mandar su mensaje: es hora de que entremos nosotros.

Sin embargo, también había otra explicación posible: que el problema no sería la política de largo plazo, sino la economía de corto. Según esta segunda explicación, las curvas dobladoras de los últimos 6 días no fueron por la ley que no sale ni por las turbulencias del gabinete, sino respuestas a la continuidad del cepo y otras indefiniciones cambiarias -unidas a la constante presión devaluatoria de los exportadores- y al rumor sobre la posible no renovación del swap chino, que sin dudas pondría tensión sobre las cuentas del Tesoro y el Banco Central. 

Al presidente le habían informado que el swap se estaba negociando, pero salía. 

Y no hay que subestimar, tampoco, la influencia de los economistas del establishment sobre los grandes operadores del mercado: la media de los consultores económicos está muy crítica de Milei y Caputo, y eso también juega.

Milei no comparte poder porque no necesita hacerlo

Porque en lo que hace a la política de largo plazo, todo marcharía acorde al plan. La popularidad presidencial sigue alta y la oposición sigue desorientada. Y Milei, el destructor del sistema de coaliciones entre JxC y UxP, sigue siendo el depositario del poder. Un poder que no tiene interés en compartir porque, por el momento, no ve la necesidad. Milei es el emergente de la última fase de la crisis de representación, en tanto único representante del malestar existente, y ese cetro nadie se lo disputa.

Milei en 2025: triunfo moderado sin recuperación y triunfo aplastante con recuperación

Así las cosas, para sostener el control de la política de largo plazo, Milei no necesita grandes resultados. 

Solo manteniéndose en la línea de flotación retiene el apoyo de su núcleo duro de enojados, que tiene cuatro patas como sus hijitos: jóvenes olvidados, trabajadores precarizados, religiosos antiprogresistas y provinciales anti-AMBA. 

Y con ese apoyo sale más o menos bien en las elecciones de 2025, aún sin grandes noticias en materia de recuperación económica. 

Y obviamente, si para principios del 2025 hay recuperación económica en V o U, las elecciones legislativas pasarían a ser un triunfo aplastante.

Con esos dos escenarios entre manos -triunfo moderado sin recuperación y triunfo aplastante con recuperación-, el triunfalista Milei sigue demonizando al Congreso, "la casta que no lo deja gobernar", y espera sacar la ley sin modificar su estrategia comunicacional de base. Lo que dice mucho sobre el apego que siente por su estrategia. 

Pero, además, quiere modificar una de las premisas del análisis político argentino, que dice que el Congreso y los gobernadores son lo mismo porque el primero sería controlado por los segundos. Milei quiere demonizar al Congreso, sí, pero aliarse a los gobernadores -o, al menos, algunos de ellos. Cree que, si ellos "la ven", pueden subirse con él al tren de la alta imagen pública y ser parte de la revolución. 

No casualmente, en estos días "vieron" una oportunidad los tres gobernadores de la Región Centro: Maximiliano Pullaro, Rogelio Frigerio y Martín Llaryora. Son distintos entre sí, pero tomaron al unísono la voz del campo y salieron a criticar las retenciones. El campo es un sector que tiene expectativas de mejora y pide resultados, y le demanda a Milei algo más que un espejo retrovisor con la imagen de Cristina. 

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