El Economista - 70 años
Versión digital

mie 08 Feb

BUE 29°C
Versión digital

mie 08 Feb

BUE 29°C
Escenario

Entre capitalismo y pobrismo

El "pobrismo" es la consecuencia del "industricidio". Condenar honestamente al "pobrismo" requiere ofrecer una estrategia de desarrollo. Sin ella, la política de planes es un mínimo de solidaridad con los "excluidos del derecho a trabajar" por políticas equivocadas.

Tenemos certeza estadística que esta decadencia comienza con el "industricidio".
Tenemos certeza estadística que esta decadencia comienza con el "industricidio".
Carlos Leyba Carlos Leyba 13-01-2023
Compartir

"El mundo y la sequía no ayudan": Marina Dal Poggetto ("Noticias"). 

"El mundo" es los precios y el nivel de actividad, derivados de la cruel invasión rusa. 

"Es" las tensiones regionales agitadas por fracciones parejas incapaces de consenso. Intolerancia y violencia. Brasil es el extremo. Ni único, ni primero. "Es" la "cultura de la cancelación", la imposición de las "minorías activas" que han penetrado la máscara K del peronismo. 

Retroceso cultural que empantana la vida democrática. 

Se desgrana la "fraternidad". 

La democracia, como programa, es "libertad, igualdad, fraternidad". El absolutismo de la libertad genera concentración y desigualdad. El predicado dominio de la igualdad, experiencias fracasadas, termina con la libertad. (E. Morin).

La "fraternidad" es consenso entre intereses, deseos diferentes. "La política" es construcción de un destino común (fraternidad) en libertad a la búsqueda de la igualdad a la que no debemos renunciar para vivir en democracia. 

Sin "fraternidad", el oficialismo paraliza a la Corte. La oposición paraliza al Parlamento. El Ejecutivo, reducido al ministerio de economía, evidencia ausencia de rumbo. 

Sin "fraternidad" no hay "rumbo": imposible escapar de la rodada que, si no se detiene y cambia de dirección, nos arrastra a extrema fragilidad social. 

"El mundo no ayuda". Sin "clima interior" ninguna política puede tener éxito, salvo transitorio. Menos con este clima "exterior" que exige firmeza en el timón frente a las tormentas que nos castigan. Pero no hay "timón" sin rumbo previo. 

¿Tenemos estrategia para la desglobalización o globalización selectiva? ¿Qué significa, costos y oportunidades, para la estructura productiva? 

F. de la Balze reflexionó: "Argentina: amiga de todos, aliada de ninguno". Un aporte. No existe política internacional sensata sin definición de estructura productiva con la que nos insertaremos en el mundo. Nuestro modo. No el de "otros". 

¿Hablamos de esto? 

El debate por la macro desquiciada, obnubila.

"La sequía no ayuda". Hace estragos. En Santa Fe, lagunas desaparecidas, daños ecológicos. Impacto duradero. Pérdida de ganado, merma agrícola. Sequía de dólares que depende, en gran medida, de la naturaleza y de los precios relativos internacionales. 

"Sequía y mundo", una realidad que no podemos modificar y que nos obliga a adaptarnos y si lo es inteligentemente, será el escenario de transición que nos exige el cambio del mundo. 

Ocuparnos de la fragilidad de la ventaja de la naturaleza frente al cambio climático del que, esta sequía, es sólo un ensayo didáctico. 

Una transición hacia una reacción estratégica. El "mundo que nos habremos de merecer" depende de la definición estratégica del aparato productivo (Aldo Ferrer). 

También las relaciones sociales dependen de esa definición.

Tenemos certeza estadística que esta decadencia comienza con el "industricidio". Incluso lo señalan libros de F. Sturzenegger y G. della Paolera. 

El "industricidio" se inicia con "Isabelita" ("Rodrigazo"), lo estructura la Dictadura Genocida (J. A. Martínez de Hoz, endeudamiento, atraso cambiario y apertura irrestricta), lo profundiza C. Menem (deuda, apertura, desempleo) y rige hasta hoy con el modelo de estanflación sin inversión ni empleo productivo y 60% de los menores de 14 años en la pobreza. 

Este es un "presente de larga duración" que nos dice "si te encuentras con el futuro, dile que no venga" (J. J. Castelli).

En este escenario político desolador apareció la "tercera vía" de algunos que han portado distintas "máscaras" del peronismo (S. Maresca). 

Pueden aportar a una discusión acerca del rumbo. 

Pero no lo pueden hacer ni la mediática "eliminación del Estado sujeto criminal", ni la ofensiva campaña re eleccionaria de Alberto que, según G. Cerruti, ¡ha realizado una epopeya! 

Hasta ahora, lamentablemente, sólo tenemos "títulos". Los que repite, desde el macrismo, el ex líder kirchnerista M. A. Pichetto: "Capitalismo o pobrismo". 

"Capitalismo", en su larga trayectoria, tiene "n" versiones. 

"Pobrismo", su síntesis política, es "multiplicación de los planes" para la paz social a medida que declinó el empleo pleno. 

Lo inició E. Duhalde, los K multiplicaron, Mauricio lo potenció y Alberto lo aumenta. 

En síntesis económica, el "pobrismo", es la consecuencia de la negativa, desde 1975, a una política de empleo productivo la que, necesariamente, implica una política industrial como la que hoy tienen EE.UU., Francia o Alemania preocupados por la dependencia que puso en acto la pandemia. O la que originó y sostiene, el crecimiento vertiginoso de China, Vietnam o Corea del Sur. 

La historia del capitalismo es "con el Estado". Políticas de crecimiento, progreso, desarrollo que el mercado "per se" no puede concretar. 

El Estado debe crear "las oportunidades": infraestructura, incentivos, seguridades, estrategia de largo plazo, relaciones internacionales. 

El "pobrismo" es la consecuencia del "industricidio". Condenar honestamente al "pobrismo" requiere ofrecer una estrategia de desarrollo. 

Sin ella, la política de planes es un mínimo de solidaridad con los "excluidos del derecho a trabajar" como consecuencia de estrategias y políticas equivocadas. Sin "estrategia" y sin planes, es inevitable, hambre y condena al saqueo. 

Fue el estallido 2001 el que hizo inevitables a los "planes". 

Pero no son una "política". "Política" implica un objetivo, del que "planes" sería una herramienta inútil sin la complementaria que es la estrategia de desarrollo con drásticos incentivos a las inversiones que creen empleo productivo formal. 

La maraña improvisada ha hecho de "los planes y subsidios" una matriz de dependencia que desdibuja funciones públicas y perturba el desarrollo de la vida privada. No hay duda. 

Pero tampoco nadie honesto duda que, superar esta faceta de la decadencia, exige una política de industrialización y desvinculaciones selectivas, esencial para las cuentas públicas y para aumentar la productividad media. Hablemos de eso. 

Sólo denostar al "pobrismo", como catilinaria política, es pobrísimo.

"Capitalismo" parece ser la propuesta para terminar con el "pobrismo". ¿Pero cuál, cómo, dónde?

Occidente capitalista, a la salida de la SGM, construyó al Estado de Bienestar. Acuerdos políticos, empresarios, sindicales. Objetivo: el pleno empleo. Resultado: los "gloriosos 30". 

Su abandono, aunque parcial, provocó el Estado de Malestar. Argentina es "el modelo" del Estado de Malestar. Fue el modelo del Consenso de Washington.

Para J. A. Schumpeter "capitalismo es propiedad privada de los bienes de producción, en el que la innovación se financia con crédito". 

Para M. Heilbroner es un sistema en que el empresario decide quién trabaja y quién no. 

Para muchos, su esencia, es el régimen salarial: hay "capitalismo de Estado" en el socialismo real.

Nuestro capitalismo es mayormente de empresas mipymes y pymes. Pocas grandes: ellas son el núcleo duro de las sociedades capitalistas. 

Hoy, sólo 40,3% de la PEA tiene "empleo pleno" (capitalista), 28% empleo precario, 23% subempleo inestable (changas, planes) y desempleados 8,7%. 

Décadas sin financiamiento de largo plazo (invertir). El excedente financiero generado fuga y también muchos cerebros que son inversión pública. El sistema nacional de acumulación es escuálido. 

Simple: no cumplimentamos las categorías mínimas del "capitalismo". 

Pero la causa no es el "exceso de Estado" -que existe- sino la "debilidad capitalista" que es trágica. 

El exceso de Estado (el porcentaje de Estado sobre PIB se duplicó en el Siglo XXI) es consecuencia de la ausencia de capitalismo (financiamiento - inversión - empleo) y de carencia de "políticas de desarrollo".

Una verdadera alternativa a la decadencia (o a la necesidad de los planes, llamada "pobrismo") exige definir objetivos e instrumentos de política económica para "desarrollar un capitalismo Occidental". 

Políticos, economistas y comunicadores, sostienen equivocadamente que las economías desarrolladas han abandonado los objetivos y las políticas de pleno empleo, industrialización, excedente comercial, etc. 

Desconocen las mega políticas activas de esos países. No han revisado las "normas" del mundo real. 

Una sugerencia: los equipos de los partidos (oficialismo y oposición) deberían enviar delegaciones a observar, como hizo la generación Meiji, lo que hacen esos países que quieren emular. 

Recuerdo: Cristina tenía como modelo Alemania. JxC, Occidente. Alberto, China o Rusia. Milei, el planeta de los simios. 

Los equipos saben lo que esas universidades dicen. Pero no recuerdan lo que esos países hacen, que no es lo mismo que esas universidades dicen. 

El viaje a la realidad es primero para poder empezar a hablar de "capitalismo". A la realidad en el exterior y en el interior. 

"El largo plazo" no es la suma de muchos "corto plazo". Requiere el previo trazado de ruta y el sistema de avituallamiento para la travesía. La clave es "qué país queremos".

Es cierto, el desorden macro requiere tratamiento. Puede lograrse una calma. La hemos logrado otras veces. 

Pero el desorden volvió. Porque su génesis está en la estructura productiva y, lamentablemente, está en la estructura intelectual de los que han pensado y ejecutado la economía en este casi medio siglo. 

¿Cómo se explica "el Rodrigazo" sin ignorancia? ¿Cómo que hayamos levantado el ferrocarril y que, después de 40 años, no lo hayamos recreado para una geografía inmensa y despoblada? Hablan de Australia. ¿Conocen su sistema ferroviario? 

Los "progres" K, p.ej. Axel Kicillof, importaron formaciones completas, hasta durmientes, pagadas al contado... a China. 

China nos vende trabajo industrial, nosotros naturaleza. Por dónde lo mire es un intercambio desigual. Grave para nuestro país: solamente 40,3% de la PEA, incluido empleo público, tiene empleo formal. 

La mayoría trabaja con bajísima productividad: la medida de no tener estrategia. 

Concretar materialidades: qué, cómo, dónde. En el "capitalismo" gobernar es crear trabajo productivo. Los "pobristas" son los que lo han cancelado. 

En esta nota

Lee también

Seguí leyendo

Enterate primero

Economía + las noticias de Argentina y del mundo en tu correo

Indica tus temas de interés