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Viene el invierno

Ucrania: la lenta y exitosa contraofensiva militar contra la impotencia destructiva

Rusia está sola. La solidaridad china no pasa de los silencios. La de los países en vías de desarrollo resultó un fiasco.

La Rusia de Putin se encuentra a la defensiva en todo el frente de batalla
La Rusia de Putin se encuentra a la defensiva en todo el frente de batalla
Luis Domenianni Luis Domenianni 23-10-2022
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¿Cuál es la situación general respecto de la invasión rusa sobre el territorio ucraniano? Desde el plano militar, la lenta pero exitosa contra ofensiva del Ejército ucraniano. ¿La respuesta rusa? El ataque sin cuartel con drones y misiles contra las ciudades ucranianas y su población civil.

Desde la visión geopolítica, por un lado, el cierre de filas junto a Ucrania por parte de Estados Unidos, principalmente, y de la Unión Europea (UE) aunque de manera disímil entre sus miembros. 

Por el otro, el voto abrumadoramente condenatorio contra Rusia en la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde no existe el derecho a veto de ninguna de las grandes potencias. En la vereda de enfrente casi nadie. 

  • Bielorrusia, Corea del Norte, Nicaragua y Siria, todos parias de la comunidad internacional que votaron a favor de Rusia. 

Verdad es que 35 países se abstuvieron, entre ellos China y la India. Una abstención que puede ser leída de dos maneras en el caso chino. Manera uno: China apoya a Rusia. Manera dos: solo un poco.

Lo cierto es que los militares rusos y sus aliados prorusos de las provincias separatistas no controlan siquiera la totalidad de los territorios que reivindican. 

Si en las provincias -oblast en ucraniano- de Luhansk y de Donetsk, los separatistas ocupan las respectivas ciudades capitales, en la de Zaporijia, ocurre lo contrario y, en la restante, Kherson, los rusos sufren la contraofensiva del Ejército ucraniano.

Donetsk y Luhansk fueron, al igual que el oblast de Crimea, ocupadas en 2014. Crimea fue incorporada -referéndum bajo ocupación rusa, mediante- a los dominios del autoritario presidente Vladimir Putin. Mientras que las dos primeras declaraban su independencia. Una independencia no reconocida por nadie.

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Después, historia reciente, los referéndums convocados de un día para el otro bajo ocupación de tropas rusas. Salvo a algún que otro valiente ¿A quién se le puede ocurrir votar a favor de la permanencia en Ucrania en esas condiciones? Más aún, la mayor parte de la población que se siente ucraniana ya abandonó las regiones separatistas.

Dichos referéndums solo pueden ser leídos como una justificación del presidente Putin para consigo mismo. Nadie le cree. Nadie los reconoce. Solo sirven para profundizar la guerra. Y para que ahora, frente a la recuperación territorial que lleva adelante el ejército ucraniano, el hombre fuerte de Rusia puede alegar un ataque a su territorio.

No obstante, el avance ucraniano es lento, pero parece imparable. Así lo reconoce, el nuevo jefe de operaciones del Ejército ruso, el general Serguei Surovikine cuando señala que “la situación es muy difícil en Kherson”.

Es más, acepta que “las acciones que conciernen a la ciudad de Kherson propiamente dicha no permiten excluir la toma de una decisión muy difícil” y que sus soldados van a “asegurar una evacuación segura de la población”. 

Por su parte, el dirigente títere de Rusia en Kherson, Vladimir Saldo, anunció la evacuación de varias aldeas ante “la contraofensiva ucraniana”.

La síntesis es que el Ejército ruso se encuentra a la defensiva en todo el frente de batalla. Solo conserva la iniciativa en la ciudad de Bakjmut, donde intenta, pero no puede, tomarla. En tanto que desde el bando contrario se producen algunos ataques, aislados cierto, sobre dos regiones rusas propiamente dichas como Kursk y Belgorod.

Invasor a la defensiva

Para explicar el fracaso militar ruso deben ser puntualizadas varias razones que colocan la guerra -la operación militar especial como la llama el presidente Putin, los medios públicos rusos y el Ministerio de Defensa de ese país- en esta, a priori, exitosa contraofensiva ucraniana.

Sin dudas, una de esas razones, es la altísima moral de las tropas ucranianas. No hay defecciones. Imperan sentimientos como guerra justa y patriotismo. Y, sobre todo, existe conciencia sobre la posible victoria.

Por el contrario, del lado enemigo, más allá de la propaganda ilimitada, la sensación en el frente es que se trata de una guerra de conquista de territorios que no son propios. La moral es baja. El retroceso constante. 

Los intentos de reclutamiento forzoso de reservistas, además de desprolijos, muestran un éxodo de importancia por parte de personas susceptibles de ser llamadas a filas. Por las fronteras, todo el que puede huye.

Desde la política, el apoyo que recibía el presidente Putin hasta antes de la invasión se torna reticente. Solo la represión -eventual o fáctica- impide o reduce las manifestaciones en desacuerdo.

También desde la política, el presidente ucraniano Volodimir Zelenski se convirtió en un líder de su pueblo. Es el hombre que, con coraje, conduce la resistencia patriótica y que nuclea a la mayor parte del mundo, en particular las democracias occidentales, en el apoyo a la causa ucraniana.

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Obviamente, aparece como central la voluntad de resistencia del pueblo de Ucrania. Cierto es que mucha gente abandonó el país. La mayor parte fueron mujeres y niños. De los hombres adultos que salieron al principio, buena parte regresó. La unidad frente al invasor, de momento, no se resquebraja.

Sin dudas, la unidad y la muy alta moral del gobierno, el ejército y el pueblo reconoce en gran medida la actitud asumida por los países occidentales. Por un lado, las sanciones contra Rusia. Por el otro, el aporte de armamento de avanzada y de ayuda en distintos rubros.

El total de lo aportado por los Estados Unidos en materia de ayuda general, particularmente militar, totaliza hasta el momento US$ 18.300 millones. En gran medida, la contraofensiva ucraniana se debe a los suministros militares que Estados Unidos y los países de la OTAN, la Organización del Tratado del Atlántico Norte, entregan a Ucrania.

Misiles portátiles antiblindados Javelin, cañones de artillería Caesar o plataformas lanzacohetes múltiples Himars, suministrados a Ucrania fueron en gran medida responsables del avance ucraniano.

Al momento, las nuevas entregas incluyen “municiones inteligentes”. Desde los Obuses Excalibur, suministrados por Canadá, cuya trayectoria puede ser corregida mediante un GPS incorporado hasta el Obus RAAM norteamericano que al tocar suelo activa nueve minas antiblindados, ideales para atacar columnas de tanques.

El Cohete Ralec, francés, que explota a nueve metros de altura y daña, por ende, mucho más que si explota en el suelo. El Obus Bonus, también francés, que se separa en dos y también ataca blindados. El cohete M30A1, aire-tierra, norteamericano, que se desintegra en 180.000 “bolillas” de tungsteno y que alcanza una distancia de 80 kilómetros.

El Misil Aire-Tierra AGM-88 HARM que ataca por sí solo los radares enemigos tras detectarlos en un radio de 150 kilómetros o los misiles ATACMS, proyectil tierra-tierra con GPS con un alcance los 300 kilómetros.

En síntesis, un armamento de alta sofisticación que también explica el éxito de la contraofensiva.

Destrucción total

La incapacidad del Ejército ruso por alcanzar el objetivo explica por completo la fase de destrucción casi total que el presidente Putin lanza sobre objetivos civiles ucranianos. Es una mezcla de afán de venganza, de impotencia y de cierta resignación ante la imposibilidad de un triunfo. 

El diluvio de bombas lanzadas a través de drones que el autócrata ruso desencadenó sobre las infraestructuras representa más frustración que otra cosa. Pero, el daño no fue menor. El propio presidente Zelenski reconoció que el treinta por ciento de las centrales generadoras de electricidad del país quedaron fuera de servicio.

Para el presidente Putin se trata de demostrar que Rusia conserva capacidad de castigar, sobre todo tras la explosión que dañó el puente que une la península de Crimea con territorio ruso construido tras la anexión de ese territorio en 2014.

No está claro que ocurrió en ese puente. No se sabe si fue una acción comando ucraniana. Si, como se sospechó en algún momento, fueron los servicios secretos búlgaros. O como no es descabellado, la responsabilidad recae en algún grupo residual islámico que opera en el cercano Cáucaso.

Sin caer en la tentación conspirativa, esta última hipótesis aparece conectada con el tiroteo que causó once muertos en la base militar rusa de la ciudad de Belgorod, próxima a la frontera ucraniana, al que el propio Ministerio de Defensa ruso calificó de acción terrorista. Algunas fuentes indican que fue una revuelta de soldados rusos de confesión islámica.

Con todo, la política militar de Vladimir Putin tiende, día a día, a parecerse más a una versión actualizada de la doctrina de tierra arrasada. Algo así como “si no puedo retener las conquistas, destruyo todo cuanto esté a mi alcance”, en este caso de Ucrania.

Como doctrina no es nueva. Las bombas nucleares norteamericanas sobre Japón, la V2 alemanas sobre Gran Bretaña, las británicas sobre Dresde, Alemania, o las alemanas sobre Rotterdam, Países Bajos, por citar solo algunos ejemplos, demuestran que, en la guerra moderna, los objetivos civiles se tornan militares si las decisiones políticas así los indican.

Hoy por hoy, arrasar al contrario no es extraño, tampoco exterminarlo o esclavizarlo, como demuestran los múltiples genocidios de los últimos cien años. Imposible excluir las bombas rusas contra las centrales eléctricas ucranianas de estas categorías inhumanas.

La proximidad del invierno boreal, habitualmente crudo en Ucrania, refleja ante los bombardeos una intención de crímenes de guerra que se suman a las atrocidades cometidas por las tropas rusas durante la invasión. No puede leerse de otra manera el haber dejado más de 1.100 localidades privadas de electricidad.

No se trata solo del daño contra instalaciones de infraestructura. Se trata además de muertos civiles. Personas que se dirigían a sus ocupaciones o que estaban en sus casas. Como es el caso reciente de la capital Kiev en la que algunas personas murieron como consecuencia de un impacto sobre un edificio de viviendas.

Sí, se trata de impotencia. “No gano, pero destruyo” parece querer decir el presidente Putin frente a la contraofensiva ucraniana. De momento, es verdad. Los nuevos suministros de armas para Ucrania contemplan una respuesta frente a esta táctica demencial. A la contraofensiva ucraniana se suma una batalla por el dominio del cielo.

Plano internacional

La amenaza del uso de la fuerza nuclear por parte de Rusia parece esfumarse con el paso de los días. Más aún si se tiene en cuenta la posible derrota y eventual evacuación rusa del oblast de Kherson. La amenaza del presidente Putin fue solo velada. No obstante, según el presidente norteamericano Joe Biden, no puede dejar de ser tenida en cuenta.

En la actualidad, los bombardeos rusos, lejos de ser nucleares, son convencionales y para ello se emplean drones de fabricación iraní, aunque el Ministerio de Defensa ruso asegura que dichos drones son de fabricación nacional. 

Sin embargo, según fuentes iraníes el gobierno de los ayatolas está dispuesto a proveer misiles tierra-tierra del tipo Fateh y Zolfaghar, provisión que incluye el despliegue de un número determinado de instructores iraníes. 

De su lado, la Unión Europea bajo presidencia checa promete sanciones contra Irán por el suministro de dichos artefactos. Mientras tanto, el Parlamento europeo otorgó el Premio Sakharov que recompensa anualmente a aquellas personas o entidades que defiendan los derechos humanos y las libertades fundamentales al “valeroso pueblo ucraniano”.

A su vez, la OTAN moviliza sus recursos y procede a un “testeo” de sus capacidades de disuasión nuclear. Se trata de la operación “Steadfast Noon” en los cielos de Bélgica, el Reino Unido y el Mar del Norte. Consiste en una movilización de recursos como transporte de bombas, vuelos de aviones de combate, misiones de inteligencia y de vigilancia.

En rigor es una operación anual de rutina, solo que bajo un contexto distinto como es el hecho de la invasión rusa a Ucrania y las amenazas nucleares del presidente Putin. Con todo, la organización afirma que los ejercicios se llevan a cabo sin armas reales.

Dicha afirmación es consecuencia de un episodio similar vivido en 1983 y denominado “Able Archer” cuando se llevó a cabo de manera hiperrealista y motivó al estado mayor ruso a imaginar un ataque nuclear inminente. Consecuencia: dos bases aéreas y la fuerza nuclear rusas fueron puestas en estado de alerta.

Los reacomodos políticos y geopolíticos van de la mano de la situación. El dictador bielorruso Alexandre Lukachenko anunció la creación de una agrupación militar conjunta con Rusia como “fuerza defensiva” para repeler los “ataques terroristas” que preparan Ucrania, Polonia y Lituania. Una excusa poco seria.

Para los observadores, el Ejército bielorruso que cuenta con solo 48.000 soldados, no parece ser una fuente de preocupación en sí mismo. Además, su armamento no es moderno y su preparación deficiente. Sin embargo, sirve para, llegado el caso, convertir a Bielorrusia en una base operativa para el Ejército ruso. O para evitar un avance ucraniano.

Como lo demostró la votación en la Asamblea General de las Naciones Unidas, Rusia está sola. La solidaridad china no pasa de los silencios. La de los países en vías de desarrollo resultó un fiasco dado que fueron muchos más quienes condenaron que quienes se abstuvieron en esa votación.

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Fuente: LAURENT VAN DER STOCKT/GETTY IMAGES

Y más allá de alguna disidencia húngara y de algún escepticismo francés, el frente occidental permanece unido en las sanciones contra Rusia y en el suministro de armamento y ayuda para Ucrania.

Con todo, el invierno boreal está a la vuelta de la esquina. Un invierno que dificultará las operaciones militares de uno y otro bando, pero que además pondrá a prueba la resistencia de los europeos sin suficiente calefacción por escasez de gas y con altos precios para la energía. Y un sacrificio más para el pueblo ucraniano.

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